"(...) El ya escaso empleo industrial sigue languideciendo, sin que las
autoridades públicas hagan nada por salvarlo, plegándose a los intereses
de las grandes multinacionales que usan el territorio nacional como
campo de pruebas, recibiendo en muchos casos, generosas ayudas en forma
de subvenciones directas, cesión gratuita de terrenos, cuyos réditos
nunca devuelven cuando deciden que van a probar una nueva fuerza laboral
más dócil.
Este concepto de flexibilidad, que ahora se añade el vocablo
seguridad, se desentiende completamente de la variante humana del
trabajador. Es decir, uno debe obedecer sin rechistar los designios de
los Consejos de administración, que en muchos casos operan a miles de
kilómetros, y por supuesto agradecer encima la posibilidad de haber
trabajado durante quince o veinte años al servicio de una fábrica, eso
sí con salarios en muchos casos miserables.
El premio a partir de ahora
será una mochila liberal que podré trasladar conmigo a la próxima
estación, que por supuesto no será el empleo, sino el desempleo cuasi
vitalicio para muchos de los despedidos de Coca Cola y otras grandes
multinacionales.
El factor trabajo es ya una mera mercancía que va y viene sin tener
en cuenta los condicionantes humanos, familiares o sentimentales de cada
trabajador o trabajadora. El capitalismo es pura supervivencia que no
entiende ni concibe que tengas sentimientos, derechos o dignidad.
Tu
única función es levantarte y los que tienen empleo cumplir la jornada
laboral que disponga el que te contrata, en España se hacen más de 3
millones de horas extras sin retribuir, cobrar un salario que en gran
medida apenas supera el salario mínimo, y volver al hogar hipotecado.
Las sucesivas leyes laborales, y las que restringen los derechos civiles
y de manifestación y opinión, están logrando que las protestas, huelgas
u otras formas de expresión sean perseguidas, incluso con cárcel, lo
que tranquiliza siempre a los mercados financieros.
En esta orgía para el capital, uno observa que sólo el 37% de los ocupados tiene un contrato indefinido y a tiempo completo,
lo que va encajando poco a poco la visión de un nuevo lumpen, aquel que
ayer era clase media y hoy se acerca al abismo de la exclusión, incluso
trabajando.
El mundo ya es solo precariedad gritan los adalides de la
mercantilización de la fuerza laboral, aquellos que cuentan contratos de
horas y días, como gran éxito de la desregulación laboral. Ya se contrata sin crecimiento.
En esta película, mezcla de Orwell y Ken Loach, surge una gran masa silenciosa, los prejubilados y aquellos mayores de 45 años que nunca más trabajarán, porque
las empresas no quieren gente con experiencia que cobre más de
600€-700€. Gente maleada por experiencias sindicales, con ERES a sus
espaldas y curiosamente, con tanto que aportar.
Esa visión miope del
mercado laboral es aplaudida por el regulador y el legislador que
permite los despidos sin causa de toda esta masa silenciosa que tiene
cargas familiares, que tiene ascendentes en casa y que apenas podrá
sobrevivir en esta jungla tan liberal y tan desregulada.
Estos hombres y
mujeres que ahora empiezan a ver y sentir en sus propias carnes lo que
se decía siempre: el mercado laboral español es el más protegido y regulado de la Europa Occidental. También escucharon que los salarios en España eran demasiado elevados y que eran la causa del desempleo.
Todos estos ciudadanos, sin esperanza en muchos casos, son los
grandes olvidados, la masa de trabajadores/as con grandes dosis de
experiencia y sabiduría que no se pueden ir a Londres o a Berlín a
fregar platos, pero que, sin duda, van a ser los que lideren la
revolución o revuelta que se está gestando en España. Esta
revuelta nada tiene que ver con el auge de Podemos, sino que tiene que
ver con la exclusión social, la pérdida de dignidad y el abandono social
de sus habitantes. (...)" (Alejandro Inurrieta, Vox Populi, 23/11/2014)
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