"Pese a tener una renta superior a la media de Barcelona (110 sobre 100), ni el distrito del Eixample
se libra de la brecha social y la pobreza que golpea a cada vez más
ciudadanos.
El distrito asistió ayer, en la parroquia de Sant Josep
Oriol de la calle de Urgell, a la apertura de uno de los dos centros en
los que Cáritas y el Ayuntamiento centralizan el reparto de alimentos
que antes distribuía cada parroquia por su cuenta.
Un “antes” que los voluntarios describen recordando “cuando la pobreza
afectaba a ancianos solos, del barrio de toda la vida” o “a los
inmigrantes” que recibieron el primer impacto de la crisis; pero que
ahora ha mutado de rostro y toma forma también en “señores con corbata,
de los que nunca lo dirías”.
Lo contaba ayer un autodenominado
“voluntario anónimo” junto a otra voluntaria, Meritxell Casas, dos de
las 120 personas que se encargan del reparto de comida. Una franja
horaria para cada parroquia y con usuarios que acuden un día al mes
derivados por los servicios sociales. “Así se evita la picaresca que se
producía antes, había quien repetía cola”, explicaba Casas. (...)
El alcalde también dio a conocer una cifra que constata que en
Barcelona hay gente que pasa hambre: y es que el Ayuntamiento habrá
destinado a finales de año 19 millones de euros a programas que tienen
que ver con la alimentación, un 33% más que en 2013. Desde las becas
comedor o las meriendas nutritivas de los centros abiertos, a los
comedores sociales o “ayudas económicas de inclusión”.
Entre quienes aguardaban ayer al reparto a las cuatro de la tarde
estaban Lucía Núñez, de 44 años, que recoge alimentos desde hace seis
meses. O Nelson Yepes, 81 años y cinco personas en casa: él, su hija y
tres nietos. A ambos les toca el primer martes de cada mes. Y no olvidan
su cartilla, la que fija cuántos puntos tienen: entre los 16 que le
corresponden a una persona sola y los 64 de máximo, en función de los
miembros de la familia.
Dentro, el centro de reparto está organizado
como si fuera un supermercado y cada alimento tiene una puntuación:
aceite de girasol, un punto; de oliva, dos; leche, uno; atún, garbanzos o
raviolis, también uno, etc. La voluntaria Meritxell Casas valoraba un
sistema que “al coger cada persona sus alimentos, dignifica más que la
entrega de una bolsa que no ha podido elegir”.
El presidente de la Asociación de Vecinos de l'Esquerra de
l'Eixample, Lluís Rabell, consideró que la apertura del centro demuestra
que en Barcelona la pobreza no entiende de barrios: “La pobreza del
Eixample es más invisible que la del norte o la del este de la ciudad,
pero también existe”. (...)
Rabell insistió en la defensa de la implantación de una Renta Garantida
de Ciudadanía que proporcionaría unos ingresos mínimos "para acceder a
los derechos sin perder autonomía". (
Clara Blanchar
, El País, Barcelona
3 DIC 2014)
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