"(...) hay que acudir a una variable que olvidamos a menudo y que nuestros
dirigentes tienden a ocultar. A saber, que España es desde mayo de 2010
un país intervenido de facto por la UE, con un rescate que ronda la
cifra de 700 mil millones de euros y la modificación impuesta de nuestra
Constitución en ese mismo verano.
Y la corrupción, anomalías,
irregularidades, robos y estafas que las auditorías de Berlín y la
Troika detectaron en España escandalizaron profundamente al calvinismo
centroeuropeo y escandinavo. Además del grave perjuicio causado a los
fondos de pensiones especialmente noruegos en nuestras cajas.
No por
casualidad, Bruselas tenía además en su poder, por los oficios de la
inteligencia alemana, la relación de políticos y empresarios españoles
que aparecían en la lista de defraudadores que Falciani sustrae al HSBC
en 2008.
Ante todo ello, el diktat de Berlín al Gobierno de Rajoy fue bien
claro al comienzo de su legislatura: iniciar la catarsis española motu
propio en los grandes partidos causantes de la gran corrupción por un
motivo de estricta justicia y por otro de cambiar las reglas del juego
en pro de una mayor transparencia en el mercado español para las
empresas extranjeras.
Pero los diez negritos de nuestro establishment se negaron durante
tres años a ello, cometiendo así un grave error: olvidar que habían
perdido su habitual impunidad por la intervención, enrocándose en una
negación escapista de la necesidad de una profunda catarsis. No se daban
cuenta de que el gobernador de la isla Negra ya no eran ellos y que la
invitación a la mansión incluía un precio personal bien alto.
La presión centroeuropea pasó, como en la novela que nos ocupa, de
las palabras a los hechos: tras fuertes presiones, el Rey se ve obligado
a abdicar el dos de junio de este año por la corrupción imperante. Fue
el primer negrito de nuestro drama.
Y si se terminaba de forma tan
expeditiva con la impunidad que regía, entonces todo sería posible:
desde la dimisión de Spottorno hasta la defenestración de Rodrigo Rato o
el sindicalista minero Fernández Villa. Y lo que llegará en este fin de
la impunidad.
El Gobierno -y también el PSOE- ha intentado una jugada extrema:
presentarse a última hora como coautor de esta catarsis impuesta. Nada
más lejos de la realidad. El juez invisible prosigue su labor
fiscalizadora en un ajuste de cuentas histórico en esta ratonera.
Y no
parará hasta que las cúpulas -si no los partidos mismos- sean relevadas.
Y creo que pronto oiremos un fúnebre estribillo dirigido a nuestro
presidente de Gobierno, la última víctima de la obra de suspense (...)
Aprovechemos la presión del norte de Europa para terminar con
impunidades y acelerar los cambios necesarios ante los enormes desafíos
del 2015. Sabiendo que la catarsis es el antídoto único ante la
revolución." (El Mundo | Ignacio García de Leániz Caprile, en Tribuna de Prensa, 29/12/2014)
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