"(...) No obstante, aunque no haya en Europa un peligro de guerra como lo
hubo en otros tiempos, durante la última década la economía de Alemania
ha ejercido unas presiones cada vez más insoportables para sus vecinos,
por ejemplo mediante un persistente superávit por cuenta corriente desde
su recuperación económica a finales de los años 2000.
Lo que parece
haber ocurrido, en otras palabras, es que la cuestión alemana ha vuelto a
resurgir bajo formato geo-económico.
Lo que esto podría significar en términos concretos es un futuro
conflictivo en el interior de Europa. En particular, el peligro
actualmente en Europa es el de una versión geoeconómica de los
conflictos que tuvieron lugar en su seno después de la unificación
alemana de 1871.
Esta vez los conflictos se centran en la eurozona, que
está dividida entre países acreedores, encabezados por Alemania, y
países deudores. De hecho, podríamos estar asistiendo a un retorno a la
dinámica competitiva de la formación de coaliciones entre las grandes
potencias de la Europa anterior a 1945. (...)
Los países de Europa central, cuyas economías han sido integradas con
la de Alemania desde la reunificación, están empezando a formar una
especie del equivalente geoeconómico a una esfera de influencia: el
resurgimiento de una Mitteleuropa dominada por Alemania.
Al mismo
tiempo, sin embargo, otros Estados miembros de la UE —en particular los
de la llamada periferia— se han visto sometidos a una presión cada vez
mayor para formar lo que George Soros ha llamado un “frente común”
contra Alemania.
Esa presión parece estar conduciendo a una versión geoeconómica del
viejo miedo alemán al envolvimiento. Mientras que lo que Alemania temía
entonces era una coalición militar, lo que ahora teme es el verse
rodeada por una coalición de lo que percibe como economías débiles. (...)
Ese miedo a una coalición antialemana creció tras la reunión del Consejo
Europeo de junio de 2012, cuando la canciller Angela Merkel cedió a la
presión de Francia, Italia y España y acordó habilitar el Mecanismo
Europeo de Estabilidad (ESM), o fondo de rescate permanente de la
eurozona, para recapitalizar directamente bancos de países en crisis. (...)
En buena parte de Europa, eso se vio como un logro que finalmente
rompía la retroalimentación cíclica entre bancos malos y deuda soberana.
Pero en Alemania fue visto como una derrota —Der Spiegel lo llamó “la
noche en que Merkel perdió”—.
Los alemanes temen ahora que el BCE haya
cambiado de un modelo alemán de línea dura a un modelo latino
inflacionario, e incluso que Francia, Italia y España —los tres que
unieron sus fuerzas en junio de 2012— sean el nuevo “núcleo” de la
eurozona.
Sin embargo, aunque esa iniciativa anti-alemana logró mantener unido
al euro, todavía no ha creado crecimiento ni conseguido reducir los muy
elevados niveles de desempleo en la periferia. En particular, en Grecia,
Francia y España existe ahora el peligro de que accedan al poder
partidos extremistas.
Para evitarlo, muchos —incluido el antiguo
ministro de Defensa alemán Karl-Theodor zu Guttenberg— están alentando
al primer ministro italiano, Matteo Renzi, y al primer ministro francés,
Manuel Valls, a liderar una coalición antiausteridad que fuerce un
cambio de política que pueda crear crecimiento.
Bajo Mariano Rajoy,
España se ha mostrado reacia a la idea de unirse a tal coalición, sobre
todo por miedo a que pueda causar una reacción aún más negativa por
parte de Alemania.
De manera que los dilemas geopolíticos con los que ha estado luchando
Europa durante siglos parecen haber regresado en forma geoeconómica,
centrada en un conflicto de intereses entre países deudores y acreedores
encerrados en un área de moneda única. Lo que no está claro es cuánto
conflicto se necesitará en el interior de Europa —y en particular entre
países deudores y acreedores— para que se resuelva esa dinámica.
La
cuestión es si los partidos centristas estarán dispuestos y serán
capaces de obligar a Alemania a acordar un cambio de política antes de
que un partido extremista llegue al poder en un Estado de la UE. Lo que
nos deja claro la historia alemana, sin embargo, es que la solución no
puede estar en una Europa dirigida desde Berlín." (
Hans Kundnani , El País,
31 DIC 2014)
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