2.1.15

Es necesario un “frente común” contra Alemania... latino

"(...) No obstante, aunque no haya en Europa un peligro de guerra como lo hubo en otros tiempos, durante la última década la economía de Alemania ha ejercido unas presiones cada vez más insoportables para sus vecinos, por ejemplo mediante un persistente superávit por cuenta corriente desde su recuperación económica a finales de los años 2000. 

Lo que parece haber ocurrido, en otras palabras, es que la cuestión alemana ha vuelto a resurgir bajo formato geo-económico.

Lo que esto podría significar en términos concretos es un futuro conflictivo en el interior de Europa. En particular, el peligro actualmente en Europa es el de una versión geoeconómica de los conflictos que tuvieron lugar en su seno después de la unificación alemana de 1871. 

Esta vez los conflictos se centran en la eurozona, que está dividida entre países acreedores, encabezados por Alemania, y países deudores. De hecho, podríamos estar asistiendo a un retorno a la dinámica competitiva de la formación de coaliciones entre las grandes potencias de la Europa anterior a 1945. (...)

Los países de Europa central, cuyas economías han sido integradas con la de Alemania desde la reunificación, están empezando a formar una especie del equivalente geoeconómico a una esfera de influencia: el resurgimiento de una Mitteleuropa dominada por Alemania. 

Al mismo tiempo, sin embargo, otros Estados miembros de la UE —en particular los de la llamada periferia— se han visto sometidos a una presión cada vez mayor para formar lo que George Soros ha llamado un “frente común” contra Alemania. 

Esa presión parece estar conduciendo a una versión geoeconómica del viejo miedo alemán al envolvimiento. Mientras que lo que Alemania temía entonces era una coalición militar, lo que ahora teme es el verse rodeada por una coalición de lo que percibe como economías débiles.  (...)

Ese miedo a una coalición antialemana creció tras la reunión del Consejo Europeo de junio de 2012, cuando la canciller Angela Merkel cedió a la presión de Francia, Italia y España y acordó habilitar el Mecanismo Europeo de Estabilidad (ESM), o fondo de rescate permanente de la eurozona, para recapitalizar directamente bancos de países en crisis.  (...)

En buena parte de Europa, eso se vio como un logro que finalmente rompía la retroalimentación cíclica entre bancos malos y deuda soberana. Pero en Alemania fue visto como una derrota —Der Spiegel lo llamó “la noche en que Merkel perdió”—. 

Los alemanes temen ahora que el BCE haya cambiado de un modelo alemán de línea dura a un modelo latino inflacionario, e incluso que Francia, Italia y España —los tres que unieron sus fuerzas en junio de 2012— sean el nuevo “núcleo” de la eurozona.

Sin embargo, aunque esa iniciativa anti-alemana logró mantener unido al euro, todavía no ha creado crecimiento ni conseguido reducir los muy elevados niveles de desempleo en la periferia. En particular, en Grecia, Francia y España existe ahora el peligro de que accedan al poder partidos extremistas. 

Para evitarlo, muchos —incluido el antiguo ministro de Defensa alemán Karl-Theodor zu Guttenberg— están alentando al primer ministro italiano, Matteo Renzi, y al primer ministro francés, Manuel Valls, a liderar una coalición antiausteridad que fuerce un cambio de política que pueda crear crecimiento. 

Bajo Mariano Rajoy, España se ha mostrado reacia a la idea de unirse a tal coalición, sobre todo por miedo a que pueda causar una reacción aún más negativa por parte de Alemania.

De manera que los dilemas geopolíticos con los que ha estado luchando Europa durante siglos parecen haber regresado en forma geoeconómica, centrada en un conflicto de intereses entre países deudores y acreedores encerrados en un área de moneda única. Lo que no está claro es cuánto conflicto se necesitará en el interior de Europa —y en particular entre países deudores y acreedores— para que se resuelva esa dinámica. 

La cuestión es si los partidos centristas estarán dispuestos y serán capaces de obligar a Alemania a acordar un cambio de política antes de que un partido extremista llegue al poder en un Estado de la UE. Lo que nos deja claro la historia alemana, sin embargo, es que la solución no puede estar en una Europa dirigida desde Berlín."          ( El País,   31 DIC 2014)

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