"(...) el aumento de las rentas en los países emergentes ha generado enormes
mejoras en el bienestar humano, al sacar a cientos de millones de
personas de la pobreza agobiante y darles una oportunidad de tener una
vida mejor.
Y ahora, las malas noticias. Entre esas dos cumbres gemelas (la élite
mundial cada vez más rica y la creciente clase media china) se
encuentra lo que podríamos llamar el valle de la desesperación. Para la
gente alrededor del percentil 20 de la distribución de la renta mundial,
los ingresos han crecido, si acaso, a un ritmo lento.
¿Y quién es esa
gente? Básicamente, las clases trabajadoras de los países avanzados. Y
aunque los datos de Milanovic solo lleguen hasta 2008, podemos estar
seguros de que, desde entonces, a ese grupo le ha ido incluso peor,
hundido por los efectos del elevado desempleo, el estancamiento de los
salarios y las políticas de austeridad. (...)
La competencia de las exportaciones de las economías emergentes sin
duda ha sido un factor para el descenso de los salarios en los países
más ricos, aunque no ha sido la fuerza dominante.
Más importante es que
el incremento de los ingresos en la cima se obtuvo en gran medida a base
de exprimir a los que estaban por debajo reduciendo los salarios,
recortando las prestaciones, aplastando a los sindicatos y desviando una
parte cada vez mayor de los recursos nacionales a los trapicheos
financieros.
Y, quizá aún más importante, los ricos ejercen una influencia
enormemente desproporcionada sobre la política. Las prioridades de las
élites —la preocupación obsesiva por los déficits presupuestarios, con
la consiguiente supuesta necesidad de cercenar los programas públicos—
han contribuido en gran medida a ahondar el valle de la desesperación. (...)
Todo esto hace pensar en algunas analogías históricas desagradables.
Recordemos que esta es la segunda vez que hemos experimentado una crisis
financiera global seguida por una prolongada recesión en todo el mundo.
Entonces, como ahora, cualquier respuesta eficaz a la crisis fue
bloqueada por las élites que exigían presupuestos equilibrados y divisas
estables. Y el resultado final fue dejar el poder en manos de personas,
por así decirlo, no muy agradables.
No estoy insinuando que estemos al borde de repetir al pie de la
letra la década de 1930, pero sí que afirmaría que los líderes políticos
y de opinión tienen que afrontar el hecho de que nuestro actual sistema
mundial no está funcionando bien para todos.
Es fantástico para la
élite y ha sido muy positivo para los países emergentes, pero el valle
de la desesperación es algo muy real. Y van a pasar cosas malas si no
hacemos algo al respecto." (
Paul Krugman , El País,
3 ENE 2015)
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