María y su hijo Nacho en su piso de Carabanchel (Madrid). / CARLOS ROSILLO
"Luis Miguel Sanz era directivo de una empresa de maquinaria de frío
industrial. Su hijo le veía salir de casa en corbata. Un día Sanz se
quedó en paro, dejó de poder pagar su hipoteca, pasó a estar siempre
preocupado.
Emprendió una huelga de hambre para reclamar la dación en
pago y pedir que le perdonaran la deuda pendiente, 100.000 euros. Por
aquellas fechas a su hijo mayor, de 10 años, le cambiaba el carácter. De
alegre y responsable se volvía taciturno y rebelde. Sanz decidió
denunciar en los medios al banco y eso empeoró el estado del menor. El
colegio, en Guadalajara, alertaba de que había bajado mucho su nivel de
estudios.
El niño perdió la autoestima, empezó a preguntar si se iban a
quedar en la calle, a llorar sin motivo. Tardarían aún en descubrir que
además estaba sufriendo bullying (acoso) por parte de sus
compañeros. Le rodeaban y, mientras le pegaban, le preguntaban: “¿Ahora
eres pobre? ¿Te veremos buscando en la basura?”.
Muchos menores están dando señales de que la preocupación que se respira
en sus casas les ha afectado. El pediatra Jesús García, del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús,
explica cómo lo exteriorizan: “Sufren ansiedad, crisis de angustia,
excitación, trastornos emocionales, o de pronto dejan de aceptar los
límites, se vuelven más rebeldes...
Los adolescentes pueden llegar a
menospreciar la vida propia o ajena, tener más inclinación por
adicciones o desarrollar sexualidades precoces”, dice. “Perder el
soporte de unos padres destrozados provoca inseguridad y temor”. (...)
No hay datos de cuántos menores están deprimidos por los problemas
económicos de sus padres. La Sociedad de Psiquiatría Infantil aporta
estimaciones de menores deprimidos en general: 1,1% hasta los 6 años,
entre 1,8% y 2,3% desde los 6 a los 14 y entre 4% y 5% en adolescentes.
Algunas entidades dedicadas al tratamiento de menores con problemas
afirman que tienen más demanda, como la Federación catalana de Entidades de Atención y de Educación a la Infancia y Adolescencia (Fedaia). En julio denunciaron el aumento de problemas de salud en los menores cuyas familias sufren problemas económicos. (...)
“No tenemos casi programas de ayuda a los menores”, dice la psicóloga
Lila Parrondo. “Los chavales que peor lo están pasando lo tienen
complicado. La mayor parte de la atención que reciben es por parte de
colegas que no cobran”. (...)
María, 51 años, tiene dos mellizos de 14. Vive en Carabanchel
(Madrid). Trabajaba de secretaria de dirección, pero se quedó sin empleo
en febrero de 2012. “Tengo el carácter agriado”. Uno de sus dos
mellizos, Nacho, le preocupa mucho. Ella querría que estudiara más. Él
se siente culpable porque no puede concentrarse.
“Este año me he
cambiado de colegio para ver si cambia mi actitud porque no hacía nada”,
dice el menor. “Mi madre se preocupa, pero no doy resultados. Cuando la
veo triste por el paro, me pongo triste yo también. No puedo ayudarle”.
La quinesióloga María Docavo le atiende gratuitamente, aunque le ve con
asiduidad variable.
“Su madre tiene mucho estrés y él sentimiento de
culpa”, dice. “La reacción instintiva es ponerse en situación de ataque,
huida o parálisis. En los niños se ve claro, pero los adultos no
entienden y los culpan. Eso no ayuda”.
La Plataforma de Afectados por la Hipoteca, ante la ausencia de datos
públicos cualitativos, ha puesto en marcha una encuesta a familias
perjudicadas. Hace dos semanas publicaron un avance de ese sondeo en
Cataluña con 1.200 familias. Según sus datos, el 10% de los niños y el
7% de las niñas están “casi siempre” tristes.
El menor que sufrió bullying pasó siete meses en el
psicólogo (público), pero nada cambió. Un día le dijo a sus padres que
creía que era mejor no vivir. Lo derivaron al psiquiatra. Lleva un año y
medio medicado.
“De momento nos dice el psiquiatra que no le puede
quitar la medicación”. Su padre consiguió la dación en pago y el perdón
de la deuda. Actualmente viven en un chalé que han ocupado y el temor a
que les echen de casa sigue presente." (
Carmen Pérez-Lanzac
, El País, Madrid
5 ENE 2015)

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