"(...) el TTIP pretende no ya favorecer sino blindar los intereses de las empresas transnacionales y las élites que las controlan.
¿Cómo? Muy sencillo mediante la aceptación, por ambas partes, de una
cláusula por la que se establece el principio de que los posibles
litigios entre las empresas transnacionales y los estados se resuelven
en tribunales internacionales de arbitraje… ¡ privados !
Curiosamente esta cláusula, presente ya en muchos tratados de libre
comercio vigentes, sitúa a las empresas transnacionales no ya en pie de
igualdad con los estados, circunstancia ya de por sí peregrina, sino por
encima, y hasta los pone de rodillas ante ellas, puesto que no solo les
concede la posibilidad de demandar ante los tribunales de arbitraje a
los estados, sino que les niega a los estados esa misma posibilidad ante
las compañías transnacionales.
Así, si una empresa transnacional
demanda a un estado por los perjuicios económicos que una medida
legislativa nacional pueda ocasionarles, el estado deberá aceptar la
regla de juego, exponiéndose a que los tribunales ¡ privados ! de
arbitraje internacional dicten sentencias sumamente lesivas, en términos
económicos, para sus intereses nacionales y sociales.
Por contra, las
empresas transnacionales nunca se verán expuestas a esos riesgos, puesto
que las cláusulas que prevén la resolución de conflictos no contemplan
que los estados, a su vez, puedan demandar a las empresas
transnacionales por los perjuicios que estas puedan ocasionar.
Es, pues, muy mal negocio para los estados, en general, y para la UE,
en particular, firmar un tratado que contenga una cláusula que ponga a
los estados y su ciudadanía a los pies de las empresas trasnacionales.
En el caso del TTIP trascendió, finalmente, pese a todos los esfuerzos
por mantener en secreto las negociaciones EEUU y UE, que la cláusula de
marras, tan favorable para las transnacionales y tan perjudicial para
los estados, era una de las exigencias, por no decir la exigencia por
antonomasia, de los lobbys empresariales que presionaban en Washington,
pero también en Bruselas y Estrasburgo a los burócratas de la UE. (...)" (Francisco Morote Costa, Attac España, 16/01/2015)
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