"(...) En esencia, la situación actual podría resumirse con el diálogo siguiente:
Alemania a Grecia: Bonito sistema bancario. Sería una lástima si le ocurriese algo.
Grecia a Alemania: ¿Ah, sí? Pues a nosotros no nos gustaría nada que vuestra flamante y bonita Unión Europea acabase hecha añicos.
O, si prefieren la versión más formal, Alemania exige a Grecia que siga esforzándose
por devolver todo lo que debe imponiendo unas medidas de austeridad
extremadamente duras.
La amenaza implícita, si Grecia se niega, es que
el banco central suprimirá la ayuda que presta a los bancos griegos, que
es lo que parecía la medida tomada el miércoles, aunque no lo era. Y
eso causaría estragos en una economía griega ya muy maltrecha. (...)
Sin embargo, cerrarle el grifo a Grecia supondría un riesgo enorme,
no solo para la economía de Europa, sino para todo el proyecto europeo,
60 años de esfuerzos por consolidar la paz y la democracia mediante la
prosperidad compartida.
Es probable que la quiebra de la banca griega
provocase la salida de Grecia del euro y la vuelta a su propia moneda; y
si tan siquiera un solo país dejase el euro, los inversores ya sabrían
que el grandioso diseño de la moneda europea es reversible y estarían
prevenidos. (...)
¿Cómo ha llegado Europa a esto? ¿Y cómo va a terminar este juego?
Como muchísimas crisis, la nueva crisis griega tiene su origen, en
última instancia, en la complacencia política.
Es la clase de cosas que
pasan cuando los políticos les dicen a los votantes lo que quieren oír,
hacen promesas que no pueden cumplir y luego no son capaces de
enfrentarse a la realidad y tomar esas decisiones difíciles que han
estado fingiendo que se pueden evitar. Me refiero, por supuesto, a
Angela Merkel, la canciller alemana, y a sus aliados. (...)
Es cierto que Grecia se metió ella solita en un lío al endeudarse de
forma irresponsable (aunque este endeudamiento irresponsable no habría
sido posible sin unos préstamos irresponsables).
Y Grecia ha pagado un
precio terrible por esa irresponsabilidad. Pero, si miramos hacia el
futuro, ¿cuánto puede seguir aguantando Grecia? Está claro que no puede
devolver todo lo que debe; esto resulta evidente para cualquiera que
haga las cuentas.
Por desgracia, los políticos alemanes nunca les han explicado esas
cuentas a sus votantes. En vez de eso, han optado por el camino cómodo:
dar lecciones de moral sobre la irresponsabilidad de los deudores,
afirmar que las deudas deben pagarse y se pagarán hasta el último
céntimo, dar pábulo a los estereotipos sobre los holgazanes europeos del
sur.
Y ahora que el electorado griego por fin ha dicho que ya no puede
aguantar más, los funcionarios alemanes se limitan a repetir las mismas
frases de siempre. (...)
¿Y qué pasa si los alemanes hacen oídos sordos? En ese caso, podemos
esperar que el banco central adopte una postura firme y declare que su
verdadera función consiste en hacer todo lo posible por salvaguardar la
economía de Europa y las instituciones democráticas (no actuar como el
cobrador de deudas de Alemania). Como he dicho, nos acercamos
rápidamente a la hora de la verdad." (
Paul Krugman , El País,
7 FEB 2015)
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