"(...) Con todo, el principal problema de Europa en 2015 no emanará de la
disidencia populista dentro de los Estados, sino de las crecientes
tensiones entre sus Gobiernos. En pocas palabras, no es probable que
asistamos a una relajación de las tensiones populistas en Europa porque
las políticas actuales, partidarias de la austeridad en detrimento de
los estímulos económicos, no van a cambiar.
¿Por qué? Porque esas
políticas las dirige Alemania y la canciller Angela Merkel no tiene
ninguna buena razón para cambiar de rumbo. Este año, el liderazgo alemán
en Europa no se enfrentará a rivales importantes. El hecho de que el
presidente francés, François Hollande, registre índices de descontento
nunca vistos reduce su influencia en los debates europeos.
Para ganar
las elecciones de mayo, el primer ministro británico, David Cameron,
continuará conduciendo a Reino Unido hacia un referéndum sobre la
permanencia en la UE. Una Alemania fuerte, una Francia débil y un Reino
Unido ausente garantizarán el mantenimiento del statu quo.
En el año entrante, la principal prioridad de Merkel será alcanzar el
llamado “cero negro”, el equilibrio en el presupuesto federal, al que, a
pesar de la ralentización del crecimiento y el miedo a que la zona euro
esté cayendo en la deflación, se subordinarán todos los demás objetivos
económicos.
La disciplina fiscal interna atizará entre los votantes
alemanes el anhelo de austeridad fiscal en el extranjero, así que
probablemente no haya estímulos de relevancia para el conjunto de la UE.
Puede que con el tiempo el amargo jarabe germano sirva para algo, pero
en 2015 no contribuirá ni al crecimiento ni a la estabilidad política en
Europa. Posiblemente, el Banco Central Europeo tienda a principios de
año hacia la expansión cuantitativa, pero la oposición alemana limitará
su eficacia. (...)" (
Ian Bremmer , El País,
6 ENE 2015)
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