2.2.15

“Me gustaría tener una casa grande y que mi familia no tuviera que pedir comida ni ropa”

“Me gustaría tener una casa grande y que mi familia no tuviera que pedir comida ni ropa”, dice Encarni, de 12 años recién cumplidos, a IPS en la pequeña vivienda que comparte con cinco familiares en un barrio precario de la sureña ciudad española de Málaga. (...)

Casi todos los días a media tarde Encarni acompaña a su madre y a su tía a buscar alimentos a Er Banco Güeno, un comedor social autogestionado por los vecinos del barrio de La Palma-Palmilla, que ocupa desde hace dos años el local de una antigua sede bancaria y brinda las tres comidas a personas necesitadas. 

“Trabajé en la construcción hasta el comienzo de la crisis en 2008 cuando me despidieron”, cuenta a IPS el padrastro de la niña, Antonio Delgado, quien desde entonces no ha vuelto a encontrar empleo y ha hecho de todo “desde recoger chatarra a vender en mercadillos”.

De rostro enjuto y dentadura maltrecha, Antonio hace pequeños arreglos que apenas le reportan unos euros diarios, valiéndose de una máquina soldadora y otra para inflar ruedas, apostadas en el pasillo de la casa, un piso al que se accede desde la calle y en cuya entrada cuelgan varias jaulas con pájaros.
Encarni detalla que su madre, Inmaculada Rodríguez, laboró durante un par de meses cuidando una persona mayor, pero la despidieron. (...)

“Me gusta mucho ir al colegio. Sobre todo hacer gimnasia”, cuenta la niña con su voz dulce, aunque le entristece sentirse a veces apartada por sus compañeros, porque “vieron cómo entraba en el comedor social a pedir comida”. “Pero yo no les hago caso”, agrega con una media sonrisa. 

Hace unos días su tía y sus tres primos se trasladaron a otra vivienda cercana, pero hasta entonces en la casa de Encarni convivían 11 personas, según enumeran cuando comparten su realidad cotidiana con IPS.

Ella dormía en la cama de arriba de una litera con su prima Estefanía, un año mayor que ella, y en la de abajo su tía Ana María y su hijo Juan José, de nueve años. Al lado, en una cuna pasaba las noches su otro primo, Ismael, de dos años y medio.

La madre de Encarni, su padrastro y otros cuatro familiares se repartían el resto de las estancias de la casa que cuenta solo con un baño pequeño al que se llega sorteando un tendedero, donde la ropa recién lavada se seca al aire de un ventilador cerca de la cocina.
Estefanía e Ismael sufren de epilepsia, cuenta su madre, Ana María, que está desempleada y muestra a IPS la caja donde guarda varios medicamentos que deben tomar a diario.

“¿Tu casa es grande?, pregunta Encarni a IPS, mientras acaricia el lomo de su perro, un cariñoso cachorro de pelo negro al que llaman Gordo. Y después interroga: “¿de dónde sacan el dinero los ricos?”. (...)

“Todo lo que está aquí nos lo dieron porque mis padres no tienen suficiente dinero”, explica señalando la ropa doblada en estantes, los paquetes de arroz y lentejas en una repisa alta de la habitación y hasta la mochila que le regaló una vecina para el colegio, donde almuerza diariamente gratis por la falta de renta familiar. (...)"           (El Plural, 26/01/2015)

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