11.2.15

¿Qué es una auditoría de la deuda? ¿Qué es una quita? ¿Qué ventajas tendría la salida del euro?

"(...) Sabemos que la deuda es una losa que lastra nuestra recuperación económica y obliga a los ciudadanos a trabajar a cambio de salarios reales miserables, más miserables aún una vez descontados los impuestos a los que hay que hacer frente pasa satisfacer las demandas de la “troika”.

Frente a ello se manejan varias alternativas. 

La primera de ellas es la realización de una “auditoría sobre la legitimidad de la deuda”. 

Recordemos que una auditoría de esa naturaleza es ante todo un “proceso político”, un proceso de “toma de conciencia popular”, una especie de revisión histórica de lo que se ha hecho mal, en el que la labor del economista es más de soporte técnico que protagonista. 

Además, se pretende que el efecto de la auditoría no sea testimonial: se trata de identificar qué deudas es ilegítimo pagar y… efectivamente… no pagarlas. Salvo que estemos hablando de “auditoría de deuda” en un sentido banal, como mero ejercicio de erudición o como aquelarre festivo, la auditoría es un proceso que necesariamente desemboca en una fase de “conflicto con los acreedores”.

También es frecuente recurrir al concepto “reestructuración de la deuda”.

 La reestructuración es en principio un proceso negociado, una alternativa al conflicto con los acreedores, en la que la deuda se paga… pero en condiciones que garanticen la viabilidad de la economía deudora (por ejemplo modificando los plazos, carencias o tipos de interés). 

Obviamente se puede negociar una quita, y no sería la primera vez que los acreedores lo aceptan. Pero lo único que se hace es convalidar las deudas heredadas del pasado: darlas por buenas independientemente de su origen.(...)

Esta noción de restructuración, dominante en el mundo financiero, choca diametralmente con el concepto de “auditoría de legitimidad”. Cosa distinta sería reestructurar “unilateralmente” la deuda, sin negociación con los acreedores: en ese caso estaríamos en una situación análoga a la del impago.

Al no disponer de una moneda propia, cualquier intento de hacer efectivos los resultados de una verdadera “auditoría de deuda”, cualquier intento de actuación unilateral del deudor (impago total o parcial, reestructuración…) podría traer como consecuencia no ya una reacción de los mercados (eso por descontado), sino simple y llanamente el corte de suministro de dinero por parte del banco emisor.

 Recordemos que la banca española debe actualmente 150.994 millones de euros al BCE: si en respuesta a la legítima auto – reestructuración de la deuda el BCE opta por no refinanciar esos saldos, nuestra economía se vería colapsada en cuestión de días. Simple y llanamente por falta de circulante con el que operar. 

La conclusión es que necesitamos una moneda y si el BCE, en represalia política, no está dispuesto a facilitárnosla no tendremos más opción que procurárnosla nosotros mismos como históricamente han hecho todos los países soberanos.

Conviene advertir que es muy diferente “salir programadamente” del euro que ser “expulsado abruptamente” del club.

Con una salida programada del euro, en la que se diseñasen mecanismos de respuesta a eventuales turbulencias transitorias (controles de capitales, etc.), recuperaríamos la autonomía monetaria lo cual nos permitiría practicar políticas económicas expansivas y selectivas: hoy el acceso al crédito es tremendamente fácil si lo que se pretende es especular en alguno de los innumerables mercados abiertos a nivel mundial, y casi imposible para instalar una fábrica y crear empleo.(...)

Adicionalmente podríamos devaluar la nueva moneda frente a nuestros competidores, que falta nos hace porque una de las consecuencias del carácter rentista y especulador del empresariado español es la pérdida sistemática de competitividad exterior por falta de inversión – financiación de actividades I+D+i; y en el corto plazo ese desequilibrio sólo puede corregirse (desgraciadamente) mediante una devaluación. (...)

 Curiosamente un abandono programado del euro permitiría que todos los acreedores cobrasen: pero en nuestra moneda, o en dólares… como ha sucedido tradicionalmente. Y de hecho el impacto positivo sobre el PIB haría disminuir la ratio deuda/PIB y relajaría las previsibles tensiones financieras iniciales. 

Recuperando el crecimiento económico desaparecería el pernicioso “efecto snowball”, por cual del cual nuestra deuda externa crece inercialmente. Es, desde luego, una opción menos conflictiva que el impago total o parcial de la deuda declarada unilateralmente “ilegítima”.  (...)

En resumen, la cuestión de fondo es ésta: ¿qué grado de conflicto estamos dispuestos a asumir para salir ya de la crisis? Desde luego una salida programada del euro resulta menos conflictivo que el impago o la reestructuración unilateral de la deuda."        (Jose Francisco Bellod Redondo, Economía crítca y crítica de la Economía, 23/01/2015)

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