"(...) En Rusia hoy, casi todos a lo ancho del espectro político consideran
que Occidente, y Estados Unidos en particular, ha conspirado con algunos
otros –principalmente Arabia Saudita e Israel– para
castigara Rusia por sus acciones y supuestas fechorías al emprender lo que los rusos consideran como legítima defensa de sus intereses nacionales.
El
debate se centra primordialmente en Ucrania, pero incluye también, en
menor grado, a Siria e Irán. La teoría de la conspiración es
probablemente un tanto exagerada, ya que Estados Unidos comenzó a
desarrollar su petróleo de esquistos (un importante factor del sobre
abasto mundial de hoy) alrededor de 1973, en respuesta al aumento en el
precio que promovió la OPEP. (...)
No obstante, en Rusia nadie oye gran discusión de estos asuntos de
política exterior. Esto se debe, probablemente, a que no hay demasiado
disenso al interior del país respecto de las posiciones oficiales rusas
de política exterior, ni siquiera de personas o grupos muy críticos al
presidente Putin en otros asuntos.
En cambio, lo que uno oye discutir es
cuál es la mejor manera de manejar el agudo déficit presupuestario que
enfrenta el Estado ruso.
Hay tres posiciones básicas. Una es reducir significativamente los
gastos del Estado. Podríamos decir que ésta es la opción neoliberal. Es
promovida por el ministro de Finanzas. La segunda es utilizar las
reservas aún disponibles para el Estado ruso, con lo que se minimizaría
la necesidad de reducir los gastos en lo inmediato.
Podríamos decir que
ésta es la opción socialdemócrata. Es promovida por el ministro de
Desarrollo Económico. La tercera es utilizar uno de los dos paquetes de
reservas, pero no ambos.
Podríamos decir que ésta es la opción
intermedia. Esto garantizaría estabilidad para 18 meses, probablemente, y
se basa en la esperanza de que, de algún modo, el precio del petróleo y
el gas comience a subir de nuevo para entonces y/o que las sanciones
sean anuladas o que en gran medida se les pueda dar la vuelta. (...)
Sin embargo, existe un peligro acechando, ocasionado por este debate
casi público. Y el peligro es que los hombres de negocios rusos, los
bancos, y el público en general (particularmente las personas más
acaudaladas), entren en pánico, pensando que prevalecerá una opción que
temen y entonces, en consecuencia, realicen vastos retiros de recursos
que conduzcan a una prisa por ir a los bancos, y a una inflación
importante. Si ocurre un pánico de este tipo, entonces ninguna de las
opciones podrá funcionar para habilitar al Estado a que sobreviva al
estrangulamiento financiero. (...)
El modo en que Putin contiene este pánico por el pánico es emprender
lo que él considera una política exterior fuerte, clara y medida con
sumo cuidado. La decisión de reemplazar el Flujo del Sur o South Stream
(el sistema de ductos de gas y petróleo que va del mar Negro en Rusia a
Bulgaria, y que Bulgaria ya no permitirá debido a las sanciones) con un
Turkish Stream (diferente sistema de ductos que va del mar Negro en
Rusia a Turquía) es un primer paso de esa política exterior.
Ambos
ductos dañarían a Ucrania, al no enviar el petróleo y el gas de Rusia
vía Ucrania, por lo que se eliminarían las cuotas de tránsito por dicho
país. (...)
Un segundo paso ha sido la decisión de entrar en acuerdos con China y
otros países para involucrarse en transacciones monetarias en sus
propias divisas, con lo que evitarían las fluctuaciones del dólar. Uno
de los proyectos resultantes sería un ducto que cruzara Siberia hacia el
noreste de Asia, financiado en gran medida por China. Esta es una forma
de darle la vuelta a las sanciones.
Un tercer paso ha sido el anuncio, apenas ocurrido, de que se le
transferirá a Irán el sistema de defensa aérea con misiles conocido como
S-300. Algo largamente prometido, Rusia había cancelado el arreglo en
2010 como resultado de las presiones provenientes de Occidente. Rusia va
ahora a cumplir su promesa inicial. Esto sirve para reforzar el
respaldo de Rusia a la inclusión de Irán en los procesos de toma de
decisiones de Asia occidental.
Esto le pone presión a Estados Unidos, y
al mismo tiempo ayuda contener el intento de Arabia Saudita de seguir
siendo el Estado árabe sunni clave. Ya ahora, con la asunción del rey
Salman, la prensa está plagada de discusiones en torno a la fragilidad
de la posición saudí.
Finalmente, en Ucrania, los rusos emprenden una política cuidadosa.
Pese a no tener bajo control total a los autonomistas de
Donetsk-Luhansk, Rusia, no obstante, se está asegurando de que los
autonomistas no puedan ser eliminados militarmente. El precio ruso de
una paz verdadera es un compromiso de la OTAN de que Ucrania no sea un
miembro potencial. (...)" (Immanuel Wallerstein , La Jornada, en Rebelión, 10/02/2015)
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