"(...) Decía
Luis Garicano, el economista que presentó esta medida en el acto de
Ciudadanos, que se trata de derribar el muro que hace que los
empresarios no conviertan los contratos temporales en indefinidos.
Bonito símil; lástima que no sea cierto. El muro seguirá existiendo con
el contrato único aunque lo quieran hacer invisible con ese subterfugio.
Hay soluciones, pero no son estas. Expliquemos este enredo.
En
España, de hecho, las empresas hacen contratos temporales para todo
trabajo sea o no sea temporal, aunque eso es ilegal. Y esos contratos
temporales los rescinden cuando quieren aunque no existan razones para
ello. Lo cual también es ilegal: la normativa de despido establece que
no se puede despedir a un trabajador temporal cuando uno quiera y sin
que la causa que originó la naturaleza temporal del contrato haya
finalizado (art. 8 RD 2720/1998).
Luego no es que haya un muro que
impida que los empresarios conviertan en indefinidos los contratos
temporales. Es que, primero, nunca debieron hacerles un contrato
temporal porque si el trabajo no lo es, se trata de un fraude. Segundo,
como el trabajo no es temporal, el hecho de que no se les regularice la
situación y se les haga un contrato indefinido es un segundo fraude. Y,
tercero, la extinción arbitraria del contrato es también un tercer
fraude.
Estamos,
pues, ante una situación de fraude de ley generalizado en el uso de la
contratación temporal. Un fraude tan extendido, que se beneficia de tal
permisividad, que dispone de tan pocos instrumentos legales para
corregirlo, y que ha durado tanto tiempo (más de un cuarto de siglo),
que ya casi nadie recuerda que simplemente se trata de una conducta
ilegal. Y que, por lo tanto, el problema (el “muro”) se resolvería si se
restituyera la utilización legalmente adecuada de los contratos
temporales.
Es
el elefante en la habitación: todo el mundo sabe que está pero nadie
quiere hablar de él, de que simplemente se trata de un fraude.
En vez de
solucionar el problema atajando ese fraude, el contrato único
incrementaría de facto la dualidad, al convertir en legal y hacer más
fácil y más barato tratar a todos los contratos como ahora se hace
ilegalmente con los temporales; es decir, contrate usted como quiera,
porque ya no existe distinción según las características del trabajo
entre temporal y no temporal, y despida barato y cuando le parezca,
porque el coste del despido en el contrato único, aunque creciente, es
en los primeros años el mismo que actualmente tienen los contratos
temporales, lo que permitirá despedir exactamente como ahora se hace con
los temporales.
En lugar de este subterfugio interesado, ¿no sería más
lógico –e incluso más sencillo- adoptar medidas de verdad eficaces para
que los contratos temporales se utilicen como señala la ley? Si fuera
así, se reducirían drásticamente la tasa de temporalidad y la dualidad,
porque no habría más empleo temporal que el verdaderamente exigido por
las actividades temporales.
Esto
es lo que pasa en todos los países de nuestro entorno. No existe ese
grado de fraude general en la contratación temporal y en ninguno del
mundo existe un contrato único. Cosa rara siendo tan bueno. Y sus tasas
de temporalidad no son, ni de lejos, tan elevadas como las españolas,
incluso teniendo en cuenta que sus legislaciones e indemnizaciones por
despido en los contratos indefinidos son más severas que las nuestras.
La
pregunta es por qué no intentamos parecernos a los demás países
europeos haciendo que la ley sea eficaz y se cumpla, en lugar de
inventarnos subterfugios con los que legalicemos el incumplimiento y
consolidemos la dualidad laboral de forma encubierta. Estudios empíricos
(Toharia y Cebrián) muestran que las empresas utilizan el fraude de ley
en la realización de los contratos temporales, y en la rescisión de los
mismos, más intensamente cuanto más baja es la cualificación de los
trabajadores que van a contratar, y son por lo tanto más prescindibles.
Este comportamiento, que permite a tantas malas empresas aprovecharse
fraudulentamente de la inestabilidad laboral y de la rotación del
empleo, no cambiará con el contrato único, porque precisamente el
contrato está diseñado para permitir que se continúe haciendo igual que
ahora, pero ya siendo legal." (Antonio González, Borja Suárez y Alberto del Pozo Sen , Economistas frente a la crisis, 26/02/2015)
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