"Una
pregunta crucial para la economía española es por qué sufrimos un nivel
de paro mucho más elevado que el resto de las economías de nuestro
entorno. (...)
En
mi opinión, es más realista pensar que nuestro alto nivel de paro se
debe en mayor medida a la debilidad de nuestro mercado interno.
Soy de
los que piensa que la componente keynesiana (que dice que el paro lo
produce una insuficiencia de demanda de bienes y servicios) es más
determinante de una tasa tara de paro elevada que la explicación liberal
(que considera que las rigideces en el mercado de trabajo originan
salarios demasiado elevados que son los que provocan el desempleo de
modo que este es, por tanto, voluntario, pues desaparecería
automáticamente si los trabajadores aceptasen salarios más bajos).
Incluso creo que el paro tiene que ver, como señaló hace muchos años
Michael Kalecki, con razones políticas: le conviene a grandes
empresarios porque gracias al desempleo tienen más poder de negociación
frente a los trabajadores. E incluso con otros rasgos estructurales de
la economía capitalista que aquí no puedo desarrollar.
En cualquier caso, junto a estas causas tan rápidamente apuntadas,
quisiera comentar aquí otra explicación del paro tan elevado que tenemos
y que nadie quiere escuchar en España porque está relacionada con
nuestra pertenencia al euro. (...)
En
los últimos años, desde que entramos en la Unión Europea y más
concretamente en la unión monetaria, España viene registrando un
empeoramiento constante de nuestra balanza de pagos, con déficits y
deuda exteriores muy elevados e incluso con voluminosas salidas de
capitales. Nuestro país solo ha tenido superávit por cuenta corriente en
2012 y 2013, y en su mayor medida por la caída de las importaciones,
mientras que ha registrado déficits en torno al 10% del PIB en los años
anteriores a la crisis. (...)
Podría
decirse que las condiciones en que entramos en la UE y en el euro y la
configuración política e institucional de ambos nos provocan una especie
de crisis de balanza de pagos continuada. Y ante esta situación,
cualquier economía tiene dos posibles respuestas para mejorar su saldo
exterior.
Una, es el ajuste en el tipo de cambio de su moneda mediante
la devaluación y la otra es la reducción de los costes salariales.
Todo el mundo sabe que al formar parte de una moneda única, España no
tiene posibilidad de recurrir a la primera vía y que ha debido de hacer
una constante devaluación salarial con la excusa de que nuestra
economía debe ser más competitiva para poder hacer frente a su crisis de
balanza de pagos.
Pues bien, el investigador del banco francés Natixis Patrick Artus ha
demostrado que si el ajuste ante problemas de balanza de pagos se
realiza mediante devaluación salarial (como viene ocurriendo en España)
el paro aumenta en mayor medida y durante más tiempo que si el ajuste se
realiza por la vía de ajustes en el tipo de cambio (Le rôle du taux de change dans les sorties de crise des balances des paiements).
Este economista ha comparado las experiencias de países que adoptaron
ajustes mediante el tipo de cambio (España e Italia en 1992-93, México
en 1994, Corea y Tailandia en 1997, Brasil en 1998 y Argentina en 2001)
con otras de ajuste vía salarial (España, Italia, Portugal, Grecia,
Irlanda en los últimos años y Alemania tras 1990) y sus conclusiones son
evidentes.
En
principio, ambas vías de ajuste tienen dos efectos iniciales que podría
pensarse que deberían suponer un impacto semejante sobre el desempleo.
Uno positivo, el aumento de la competitividad por la vía de los costes
que mejora el comercio exterior. Y otro negativo, la disminución de la
renta real al aumentar el precio de las importaciones o bajar las rentas
salariales.
Sin embargo, los datos demuestran que cuando se produce el primer
tipo de ajuste (mediante tipo de cambio) se produce un alza subsiguiente
en el nivel de paro que es relativamente baja y transitoria, pues
vuelve a reducirse en uno o dos años. Es decir, que el primer efecto
positivo predomina sobre el segundo negativo.
Sin embargo, cuando el
ajuste es mediante recortes salariales, el alza del paro es más mucho
elevada y se mantiene al menos durante cinco o seis años. El efecto
negativo se sobrepone al positivo.
Las razones que, según Artus, producen este diferente efecto se pueden entender fácilmente.
En primer lugar, que la devaluación salarial afecta mucho a la
demanda interna y eso reduce el nivel de actividad y las ventas de las
empresas.
En segundo lugar, que el ajuste mediante el tipo de cambio afecta a
todos los sujetos económicos mientras que el ajuste salarial se centra
solo en los asalariados.
Además, señala que si hay rigidez en los precios de venta de las
empresas (como ocurre en España) y no bajan cuando se reducen los
salarios, resulta que el ajuste salarial a la baja no se traduce en más
competitividad sino solo en mayor rentabilidad. Mientras que un ajuste
mediante el tipo de cambio abarata inmediatamente nuestras exportaciones
y las hace más competitivas.
En resumen, resulta que nuestra pertenencia al euro tiene dos
consecuencias tan negativas como inevitables en las condiciones en que
la moneda única está diseñada.
Por un lado, la existencia de profundas asimetrías que no se quieren
abordar ni resolver y que producen déficits y deuda exterior en las
economías periféricas como imagen refleja de los superávits de las
economías más potentes (tal y como muestra la gráfica de abajo).
Por otro, la imposibilidad de recurrir a otro tipo de ajuste que no
sea la devaluación salarial para hacer frente a la degradación de las
relaciones de intercambio de los países deficitarios, como España.
Un
ajuste, sin embargo, que a la postre no ajusta puesto que deprime la
demanda interna, disminuye las ventas, aumenta el paro y debilita
profunda y estructuralmente a la economía. Aunque eso sí. El gran poder
de mercado que tienen las grandes empresas españolas les permite no
trasladar la devaluación salarial a los precios y aumentar su
rentabilidad.
La conclusión es clara. Si seguimos perteneciendo a un euro que no
afronta ni resuelve la asimetría entre las distintas economías, y más
concretamente entre España y Alemania que en términos de comercio
exterior se comportan como una imagen de espejo, estaremos condenados a
utilizar un mecanismo de ajuste que provoca paro y con él todos los
efectos desastrosos que lleva consigo.
La entrada mal negociada en la UE
y el error de entrar en un euro diseñado para fortalecer a una economía
superavitaria como Alemania que por definición ha de generar déficit en
las demás nos enferma la balanza de pagos. Pero el remedio, el ajuste
salarial, es peor aún que la enfermedad." (Juan Torres López, Publicado en Público.es el 7 de marzo de 2015, en Ganas de escribir, 09/03/2015)

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