22.3.15

La reforma laboral de Rajoy nos ha convertido en un país de low cost

"(...) A los tres años de su aprobación parece oportuno hacer un balance. (...9

Se suponía que se crea más empleo, cuanto más fácil y barato es despedir. El resultado, sin embargo, ha sido el contrario: el número de despidos, individuales y colectivos, subió en 2012 y 2013, alcanzando récords históricos.

 Todavía hay 538.900 ocupados menos, entre la última EPA y la del cuarto trimestre de 2011, una cifra de destrucción de empleo similar a los 557.000 cotizantes menos a la Seguridad Social de hoy respecto del final de 2011. 

Si añadimos que ha habido un fuerte incremento de ocupados a tiempo parcial y un gran descenso en los de tiempo completo (casi un millón menos), es fácil concluir que lo ocurrido tras la reforma se parece a un reparto del empleo existente más que a una creación genuina de empleo neto, que todavía no se ha producido respecto a la situación anterior a esta reforma. (...)

De hecho, como refleja el último Barómetro de EL PAÍS, solo el 6% del empleo creado puede ser atribuido a la reforma, según los directivos empresariales encuestados.

Reducir la temporalidad, fomentando la estabilidad era el segundo objetivo. Tampoco se ha conseguido. La tasa de temporalidad continúa oscilando en torno al 24%, aunque se ha incrementado la rotación con muchos más contratos de menor duración cada uno, pero obligados a trabajar más horas de las cobradas (ha subido un 4% la media de horas trabajadas por ocupado) y con salarios donde el mínimo ya no es una excepción. (...)

La reforma laboral no ha conseguido, pues, los objetivos declarados. Pero se ha convertido, sin embargo, en pieza clave de una estrategia anticrisis que ha primado el apuntalar al sistema financiero, para luego reconstruir los márgenes empresariales y, solo, en tercer lugar, preocuparse por la renta de las familias.

 Esta reforma ha permitido abaratar costes laborales en las empresas (más despidos, más baratos y fuertes bajada salariales), ha fortalecido la capacidad negociadora de los empresarios (desplazando el equilibrio en la negociación colectiva) y ha precarizado las condiciones laborales, hasta crear una nueva categoría de “trabajador pobre” (los salarios nominales han caído, por primera vez).

 Se entiende, pues, que los haya muy contentos con esta reforma. Pero también que otros muchos no lo estén, incluyendo los más de ocho millones de adultos en paro, sin cobertura, o con trabajos muy precarios, a veces, por pocas horas semanales.

Esta ha resultado la reforma de un Gobierno conservador, que apuesta por convertirnos en un país low cost, (...)"              ( /   , El País, 13 MAR 2015)

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