Ana María y su hijo Olivien pueden ser desahuciados el próximo 21 de abril
"Olivian tiene 10 años y una cardiopatía congénita. En
octubre, tras varias operaciones siendo bebé, le trasplantaron un
corazón. Desde entonces se recupera en casa con su familia, formada por
sus padres y otros tres hermanos de 8, 7 y 2 años.
Bajo ese techo se
respira preocupación por los signos de rechazo que el cuerpo del niño
manifiesta, pero también por un futuro que se difumina a partir del 21
de abril: la fecha para la que está previsto el desahucio de la casa de
alquiler en la que viven desde noviembre de 2013 en el barrio madrileño
de Tetuán.
Ana, la madre, ya no sabe dónde ir. Su
cabeza es un constante "¿cómo hago, a quién pido ayuda, por dónde
tiro?". Pero las opciones de salida, dice, se van enterrando una a una.
En servicios sociales les informan de que las posibilidades de una
vivienda alternativa adaptada a su nivel de renta están paralizadas.
"Estamos en lista de espera en el IVIMA desde junio de 2009. Nuestra
solicitud está admitida, pero la trabajadora social nos dice que el
proceso está paralizado, sin más explicaciones", asegura Ana, que ha
buscado sin éxito respuestas en los despachos.
La última esperanza estaba puesta en el fondo de 400 viviendas
de la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo, creado por convenio con
distritos y organizaciones sociales y destinado a las familias con
problemas habitacionales. "Cada trabajador social de distrito propone un
caso y la nuestra nos propuso a nosotros.
Parecía que todo iba bien,
que era casi seguro. Ahora nadie sabe nada", explica. Hace dos semanas,
el área de Familia y Servicios Sociales del Ayuntamiento de Madrid aseguraba a eldiario.es
que todas las viviendas están ocupadas por familias que han sido
desahuciadas o que estaban en riesgo de serlo. Otra puerta cerrada.
No hay medidas para los desahuciados por alquiler
La solución inicial, una ayuda del Ayuntamiento que se transfería
directamente a la cuenta del particular propietario de la vivienda, fue
rechazada por este. Según Ana, su casero también se negó a negociar el
alquiler. "Quería todo o nada, así que nos envió una carta de amenaza
para que pagáramos los meses que debíamos. Menos de 10 días después, nos
demandó", describe.
Hasta junio asumieron las
mensualidades de 500 euros, con otros 300 euros de añadido en comunidad y
suministros. Gastos imposibles para un bolsillo semivacío: en la casa
entran 532 euros de ayuda familiar y otros 255 más de dependencia para
Olivian, que se esfuma, entre otras necesidades, en la compra de todos
los medicamentos que toma. La mayor parte de su familia vive en Rumanía.
"Aquí no tenemos a nadie si nos echan de casa".
Cada
vez son más las personas que no pueden pagar un alquiler. El 51,3% de
los desahucios que contabilizó el Consejo General del Poder Judicial en
los nueve primeros meses de 2014 son consecuencia del impago de la cuota
impuesta por un arrendador, frente al 43,4% relacionado con ejecuciones
hipotecarias. (...)
En el colegio, situado en un barrio deprimido como La
Ventilla, Ana vence la vergüenza y pide ayuda a los padres y las madres
de los compañeros de sus hijos. "La mayoría están en situaciones
complicadas y no pueden ayudarnos porque también necesitan ayuda, pero
hablar me desahoga, es una terapia para mí", admite. El equipo directivo
ha estado muy pendiente de la evolución clínica de Olivian. Eso dice
Ana, con tono agradecido. "El apoyo emocional que nos da el cole es
fantástico".
Fue el propio equipo directivo del
centro el que animó a la familia a ponerse en contacto con las asambleas
de vivienda del barrio, una opción que contemplan por sus
circunstancias como la última. "Me da miedo que Olivian viva el estrés y
la tensión de un desahucio. Me asusta por nosotros, por el resto de mis
hijos, y sobre todo por él".
El corazón de Olivian
no es en realidad el corazón de Olivian, y su organismo lo detecta. Por
eso ha comenzado a fabricar anticuerpos que lo inflaman y comprometen su
correcto funcionamiento. Desde el lunes el niño pasa por un nuevo
ingreso, esta vez para practicarle una biopsia que dé a los médicos más
información sobre su evolución.
Ana baja el tono
cuando habla de la incertidumbre que rodea su futuro: "Estamos
machacados desde que le operaron. En el tiempo de ingreso alternaba días
en la UCI con otros en planta. Hubo complicaciones. Aquí no tenemos a
nadie que nos ayude y los niños...". Las palabras se atropellan, se
pisan unas a otras. "Son muchas cosas", dice finalmente. Y respira al
otro lado el teléfono.
Hace cinco años su vida era
otra. "Vivíamos en la sierra y los dos trabajábamos. No eran grandes
trabajos, pero nos buscábamos la vida. Yo daba clases particulares.
Íbamos saliendo", recuerda. El diagnóstico de Olivian puso patas arriba
esa relativa estabilidad. No solo por la preocupación intrínseca al
grave problema de salud. También por una obligada mudanza al centro de
Madrid para estar cerca de los centros médicos que seguían el caso de su
hijo.
Mantener a los niños al margen de lo que pasa
es cada vez más difícil para Ana y Nicolás. La mayor de las hermanas se
convence a sí misma de que "lo más importante es la salud de Olivian".
Tiene ocho años. El pequeño, de solo dos, "por suerte no se entera
mucho". Ana también sufre por ellos.
"Los veo nerviosos, revoltosos y a
ratos asustados. A Olivian le ponemos por la noche la mascarilla de
oxígeno, y eso enrarece".
En una desesperada, la
pareja se planteó redactar una carta dirigida al consejero de Vivienda
de la Comunidad de Madrid, pero no llegaron a escribir una palabra.
"Total, ¿quién me haría caso?". (Sofía Pérez Mendoza
, eldiario.es, 02/03/2015)

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