"En la planta 7ª del Hospital Clínic i Provincial de Barcelona, uno de
los centros sanitarios públicos de mayor prestigio del Estado, no es
necesaria la tarjeta sanitaria para ser atendido.
Tampoco es preciso
ponerse a la cola de las largas listas de espera para operarse. Disponer
de los mejores profesionales, una habitación individual con baño
privado y sofá-cama para el acompañante, sábanas de calidad y hasta
control de la temperatura ambiente sólo requiere de una cosa: dinero.
Desde el año 2000, allí se ubica Barnaclínic (BC), un centro de
titularidad pública que ofrece sanidad privada a quien pueda
costeársela. Por sus instalaciones han pasado pacientes ilustres como el
rey Juan Carlos, Esther Koplowitz y Tita Cervera.
Es, según la élite
médica del Clínic que dirige el hospital, un “modelo de referencia”
hacia el que se debe avanzar. Para los trabajadores consultados,
asociaciones de usuarios e incluso la patronal de la sanidad privada, se
trata de un “chiringuito” que se aprovecha de recursos públicos para
hacer negocio. (...)
Los directivos del Clínic, encabezados por el director, Josep María
Piqué, aseguran que todos los médicos que atienden en BC, más de 500, lo
hacen fuera de su horario laboral, cobrando un extra por ello.
Éste es,
según las diversas fuentes consultadas, el motivo por el que existe
esta clínica: la estructura que permite a los médicos de mayor
prestigio obtener más de dos millones de euros extra cada año con su
trabajo en la clínica. A esto hay que sumar el sueldo de la
directora de Barnaclínic, Catiana Cabrer, el único cargo directivo del
centro con salario, que ascendió a 123.139 euros en 2013.
Las líneas ya son más difusas en el resto de profesionales. “BC
funciona como una sala más, y tiene acceso al servicio informático del
Clínic, por ejemplo, para pedir un camillero.
Nos hacían las peticiones
como si fuera una sala normal, no había distinción”, explica Andrés
García, camillero que formaba parte del sindicato CGT del hospital
cuando, aprovechando el ingreso del rey Juan Carlos para someterse a la
extirpación de un nódulo en un pulmón, presentaron una denuncia a
Inspección de Trabajo por cesión ilegal de trabajadores.
“Prestan
servicios profesionales a una empresa privada mientras que en su propia
empresa (Hospital Clínic) existen listas de espera y un colapso en los
servicios”, indicaba el sindicato. La denuncia se acabó
archivando, con el argumento de que tal cesión ilegal no existía, puesto
que los “jefes” de uno y otro lado eran los mismos, explica García, que
revela que la inspectora encargada del caso le llegó a confesar haber
sufrido presiones “de arriba” para que el asunto, que había saltado a
los medios, se resolviese con celeridad.
Facultativos del Clínic relatan decenas de situaciones en las que
trabajadores públicos son requeridos para actividades privadas. “Ha
ocurrido que, durante guardias, médicos sin vinculación con BC han tenido que subir a ver a pacientes de BC. Una de las UCI nuevas del hospital tiene un box reservado para clientes de BC”, revela el médico antes citado. (...)
“Llevo seis años trabajando allí y siempre he hecho las pruebas para BC
dentro de mi horario”, confiesa un empleado del Instituto de Diagnóstico
para la Imagen del Clínic, el área encargada de realizar placas, TACs,
escáneres y resonancias, que también pide mantenerse en el anonimato.
Según asevera, en la lista de trabajo con la que se encuentra en su
jornada laboral conviven pacientes públicos con privados. “En los turnos
de tarde hay dos camilleros, que en el momento en que atienden a
pacientes de BC dejan de hacer los servicios públicos, y los pacientes
de la Seguridad Social se deben esperar”, añade. Incluso en el caso de
los médicos que atienden a pacientes de BC fuera de su horario laboral,
las líneas también se traspasan.
“A los pacientes de Barnaclínic se les
asigna un médico, así que si durante el día lo necesita tiene que
atenderlo”, explica otro facultativo, que tampoco quiere que aparezca su
nombre. “Si un cliente de BC sufre un paro cardíaco, el que sube a
atenderlo es el equipo de guardia del Clínic”, confirma su compañero. La
confusión entre ambos centros es tan evidente que el conseller
de Salut, Boi Ruiz, reconoció en una respuesta parlamentaria que
profesionales del Clínic prestan servicios a Barnaclínic durante su
jornada laboral. (...)
¿Interfiere todo este uso de personal y recursos en la actividad
pública, en un momento en que las listas de espera se alargan y algunos
servicios se encuentran colapsados? El relato que hacen los trabajadores
apunta a que sí. Principalmente, explican, por la presión que se ejerce
por parte de los médicos que atienden en BC para dar preferencia a los
servicios asistenciales de los pacientes privados.
“Delante de mí han tachado a pacientes de la lista de la pública para colar a clientes de BC”,
asegura el empleado del Instituto de Diagnóstico para la Imagen.
“Cuando he preguntado si es que no iba a venir me han dicho que es que
han pasado a uno de BC. Según mis jefes, BC tiene prioridad absoluta,
‘te guste o no’, tal cual”, añade.
“Existía prioridad en los servicios de BC por la presión que ejercían
los médicos, porque el paciente había pagado un dineral y estaba
esperando”, coincide Andrés García, que ya no trabaja en el centro. Las
limitaciones de algunos recursos conllevan que priorizar la atención a los pacientes privados implique desplazar a los públicos.
“En pruebas como la resonancia se requiere un tiempo determinado, y
para poner a un paciente de BC hay que quitar a otro. De lo contrario,
es materialmente imposible”, afirma el médico del Instituto para la
Imagen.
Eludir la lista de espera para una operación es sencillo si se tiene
dinero. Según han denunciado a la CUS diversos pacientes, en ocasiones
son los mismos médicos los que animan a acudir a Barnaclínic. “Nos lo
han denunciado varias veces, que el mismo médico del Clínic les ha
ofrecido a pacientes, ‘si quieres ir por la privada te costará tanto y
te lo podemos hacer la semana que viene’.
Nos llaman continuamente
preguntando si esto es normal”, explica Sabater. “No es ético que dentro del propio despacho un médico o especialista dé información de la privada”,
critica. La organización de usuarios ha tratado de llevar a la
Conselleria de Salud algunos de estos casos, pero los pacientes no
quieren significarse. “Se niegan a dar la cara porque el Clínic es su
hospital de referencia, y la gente todavía mantiene esta idea de ‘a ver
cómo me tratarán después’”, explica Sabater.
A tenor de estas denuncias, y de lo expuesto anteriormente, un hecho
parece claro: en este hospital público de referencia se promueve una
doble sanidad. La primera, con tarjetas sanitarias y listas de espera
–pilares básicos de la universalidad y la equidad en la Sanidad
pública–. La segunda, con un trato preferencial para quien pueda
pagarlo. (...)" (Brais Benítez , La Marea, 12/04/2015)
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