"(...) Por ejemplo, el mundo de la economía debería debatir hoy aspectos que
son difíciles de encontrar en las revistas teóricas, tales como:
1) por
qué el sentimiento de la crisis va pasando sin que haya habido ningún
intento serio por rectificar los errores doctrinarios que llevaron a la
economía de tantos países a la parálisis;
2) cómo fue que la complejidad
del sistema superó con creces la capacidad de los participantes,
expertos económicos y guardianes; incluso después de la recesión resulta
endiabladamente difícil comprender lo que ha sucedido. Algunos
consiguieron unir los puntos adecuados, de la forma correcta y en el
momento oportuno, pero fueron una minúscula minoría dentro de la
profesión;
3) ninguno de los economistas que fallaron en su pronóstico y
en sus recomendaciones de política económica —esto es, fracasaron— ha
sido despedido por incompetente, ni ningún departamento de Economía ha
sido clausurado por sus errores ni como medida de reducción del gasto
público o privado, como ha sucedido en tantos otros sectores productivos
o intelectuales.
El profesor de la universidad norteamericana de Notre Dame, Philip
Mirowski, señala un responsable intelectual de ese fracaso:
"Sin duda,
la Segunda Guerra Mundial habría tenido lugar sin Martin Heidegger, Carl
Schmitt y otros intelectuales nazis, pero no está tan claro que la
crisis hubiera ocurrido sin la escuela de economía neoclásica de
Chicago. Chicago ha sido el principal vivero inicial de la teoría
financiera moderna, que ha proporcionado inspiración intelectual directa
y justificación para la mayor parte de la innovación de los derivados
financieros (...) de los últimos 30 años" (Nunca dejes que una crisis te gane la partida, editorial Deusto).
¿Tienen algo que decir de todo esto las organizaciones profesionales
de economistas? El Colegio de Economistas de Madrid, por ejemplo,
instalado en la mediocridad y la molicie, nada de nada." (
Joaquín Estefanía
, El País, Madrid
29 MAR 2015)
No hay comentarios:
Publicar un comentario