"(...) La reacción del establecimiento europeo a la victoria de Syriza en
Grecia está dando lugar, de manera gradual, a un ideal muy bien resumido
en el título de una columna escrita por Gideon Rachman en el Financial
Times en diciembre del 2014: “El eslabón más débil de Europa son los
votantes”.
Así que en un mundo ideal, Europa debería deshacerse de su
“eslabón más débil” y dejar que los expertos asuman el poder para
imponer de manera directa la política económica. Si acaso deban
persistir las elecciones, su función sería tan sólo la de confirmar el
consenso de los expertos.
La perspectiva de un resultado electoral “equivocado” provoca el
pánico entre los miembros del establecimiento: tan pronto como esa
posibilidad se asoma en el horizonte, nos pintan una imagen apocalíptica
de caos social, pobreza y violencia.
Y como resulta usual en tales
casos, la prosopopeya ideológica hace su agosto: los mercados comienzan a
hablar como si fuesen personas, expresando su “preocupación” acerca de
lo que podría suceder si las elecciones no tienen como resultado un
gobierno con mandato suficiente para continuar con los programas de
austeridad fiscal y reforma estructural.
Recientemente, los medios alemanes caracterizaron al ministro de
finanzas griego Yanis Varoufakis como un sicótico que vive en un mundo
diferente al resto de nosotros. ¿Pero es él en verdad tan radical? Lo
que les produce pánico no es tanto el radicalismo de Varoufakis sino su
modestia pragmática y razonable.
Por ello no es sorpresa que algunos
sectores radicales de Syriza ya lo estén acusando de haber capitulado
ante la Unión Europea. Pero si se observan con cuidado las propuestas de
Varoufakis, resulta imposible pasar por alto que se trata de medidas
que cuarenta años atrás habrían hecho parte de cualquier agenda
social-demócrata. De hecho, el programa del gobierno sueco o el chileno
en los sesenta y setenta era mucho más radical.
Es un signo de la
pobreza de nuestro tiempo el que hoy en día haya que pertenecer a la
izquierda radical para abogar por medidas similares. Es un síntoma de la
época oscurantista en que vivimos, pero también una oportunidad para
que la izquierda pueda ocupar el lugar que en décadas anteriores ha
venido ocupando la izquierda pacata y timorata de centro.
¿Qué sucedería si un gobierno como el de Syriza o la inspiración de
Podemos fracasan? En ese caso sí sería cierto afirmar que las
consecuencias serán catastróficas no solo para Grecia o España, sino
para toda Europa: pues esa eventual derrota daría aún más peso a la
opinión pesimista según la cual el trabajo paciente de las reformas está
condenado a fracasar, y que el reformismo, antes que la revolución,
constituye hoy la más inalcanzable de todas las utopías. En últimas,
ello confirmaría que nos aproximamos a una era de lucha mucho más
radical y violenta." (Slavoj Zizek , Filósofo, Público, 27/04/2015)
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