23.6.15

Debemos absolver a los intereses corporativos y a la gente rica de toda responsabilidad... y pedir a la gente corriente que haga sacrificios. Más o menos...

"Algo que hemos aprendido durante los años transcurridos desde el estallido de la crisis financiera es que las ideas seriamente malas —y con esto me refiero a esas ideas que apelan a los prejuicios de la Gente Muy Seria— tienen un poder de permanencia sorprendente. (...)

¿Qué hace que algo pueda calificarse de idea seriamente mala? En general, para parecer seria, debe recurrir a causas de gran envergadura para explicar los grandes acontecimientos; las cuestiones técnicas, como los problemas que genera el hecho de compartir una moneda sin tener un presupuesto común, no dan la talla.

 También debe absolver a los intereses corporativos y a la gente rica de toda responsabilidad sobre lo que haya salido mal, y pedir que la gente corriente tome decisiones difíciles y haga sacrificios.

De modo que la verdadera historia del desastre económico, que es que lo provocó un sector financiero poco regulado que se había descontrolado y que lo perpetuaron unas políticas de austeridad desatinadas, no sirve. 

La historia debe contener más bien elementos como la escasez de trabajadores cualificados —no es que falten puestos de trabajo; tenemos una mano de obra poco adecuada para esta época de mundialización y alta tecnología, etcétera —, aunque no haya absolutamente ninguna prueba de que dicha escasez esté obstaculizando la recuperación.

Y el ejemplo perfecto de una idea seriamente mala es la determinación, contra toda evidencia, de defender que el gasto público que ayuda a los menos afortunados es una causa fundamental de nuestros problemas económicos. 

En Estados Unidos, me alegra decirlo, esta idea parece estar contra las cuerdas, al menos por ahora. En Gran Bretaña, sin embargo, sigue imponiéndose. En concreto, un factor importante del reciente triunfo electoral de los conservadores ha sido el modo en que los medios de comunicación británicos les han dicho a los votantes, una y otra vez, que el gasto público excesivo del Gobierno laborista fue el causante de la crisis financiera.

Apenas hay que esforzarse para demostrar que esa afirmación es absurda por diversos motivos. Por un lado, la crisis financiera afectó a todo el mundo; ¿acaso provocó el supuesto despilfarro de Gordon Brown el estallido de las burbujas inmobiliarias de Florida y España? 

Por otra parte, todas estas acusaciones de irresponsabilidad constituyen un falseamiento de los hechos porque, en vísperas de la crisis, nadie opinaba que Gran Bretaña estuviese derrochando el dinero: la deuda era baja, desde un punto de vista histórico, y el déficit, bastante pequeño. 

 Para terminar, la supuestamente desastrosa situación fiscal de Gran Bretaña jamás ha preocupado a los mercados, que han seguido dispuestos a comprar bonos británicos, aun cuando su rendimiento es bajo, en términos históricos.

Sin embargo, esa es la historia, que se suele presentar no como una opinión sino como un hecho. Y lo peor de todo es que los dirigentes británicos parecen creerse su propia propaganda. (...)"             ( , El País 13 JUN 2015)

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