"A las nueve de la mañana del 13 de julio de 2015 el presidente del
Consejo Europeo, Donald Tusk, anunció con tanto sueño como solemnidad
que la Unión Monetaria mantiene, de momento, su integridad gracias a una
acuerdo para negociar un tercer rescate con Grecia. (...)
Casi la mitad de los actuales 19 socios de la Unión
Monetaria, según fuentes europeas, son ya partidarios de romper
definitivamente con Atenas y asumir el riesgo de la primera escisión de
la moneda única en sus 16 años de historia.
Entre los partidarios de la expulsión ya no figuran solo los sospechosos habituales, como Alemania, Holanda o Finlandia.
Una mezcla de hastío, desconfianza hacia Atenas y cálculo de réditos
políticos a nivel nacional ha sumado al grupo países tan heterogéneos
como los bálticos o España, fundadores como Bélgica o socios de los más recientes como Eslovaquia.
Algunos apoyan con entusiasmo el Grexit (acrónimo en inglés para
salida de Grecia del euro). Otros, como Portugal, la asumen resignados y
cruzan los dedos para que el efecto contagio no se los lleve por
delante. Y hay quien lo ve como un antídoto para las emergentes
alternativas políticas (como Podemos) o territoriales, que empiezan a
sacudir a la mayoría de los socios de la Unión Monetaria.
Tras 16 horas de vapuleo en la noche del domingo al lunes, al
Gobierno griego de Alexis Tsipras solo le quedaban tres aliados claros
en la planta 5 del edificio Justus Lipsius del Consejo Europeo en
Bruselas: Francia e Italia, por razones políticas internas, y Chipre,
porque tras el Grexit sería probablemente el eslabón más débil para
unos mercados que podrían apostar por la siguiente salida.En ese
escenario, Tsipras optó por una capitulación sin condiciones para evitar
una expulsión que parece cada vez más inevitable.
El domingo no se llegó al desenlace más drástico gracias, en gran parte, a la habitual indecisión de la canciller alemana, Angela Merkel, y a la tímida resistencia del presidente francés, François Hollande.
Ese eje de pasividad y escasa energía impidió que la ruptura se
consumase.
Pero los vientos del Grexit no han amainado del todo y la
mayoría de las fuentes creen que volverán a soplar con fuerza tan pronto
como se produzca un nuevo roce entre Bruselas y Atenas. La mayoría de
los analistas y de los fondos de inversión señalaban ayer que el riesgo
de un Grexit inminente se ha reducido, pero se mantiene con una
probabilidad del 50% a 12 meses vista.
El porcentaje puede aumentar drásticamente si el acuerdo de la mañana del lunes descarrila en alguna de las capitales europeas. (...)
Incluso si el plan del 13J sale adelante, la relación de Grecia con el resto de la zona euro parece condenada a agriarse.
Tsipras mantuvo un discurso muy duro tras la cumbre y
aseguró que había aceptado un acuerdo “doloroso” para “evitar el
colapso del sector financiero, que se había planificado hasta el último
detalle y que estaba en proceso de ponerse en marcha”. Las palabras de
Tsipras equivalen a acusar a sus todavía socios de la zona euro de
planear un sabotaje sin precedentes a través de las instituciones
europeas (sobre todo, el BCE) para hundir la economía griega.
El tono no
fue más suave en otras delegaciones, lo que indica que el acuerdo de
ayer más que cerrar heridas las ha dejado abiertas. Las reuniones del
sábado y del domingo a nivel de ministros de Economía revelaron la
creciente acritud entre las dos partes e incluso en el seno de la zona
euro.
El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, se erigió ya sin
ningún disimulo en el máximo representante de los acreedores de Grecia y
su actitud causó malestar incluso entre sus filas.
“Schäuble tuvo roces con varios ministros, no solo con el griego
[Euclid Tsakalotos]”, señala una fuente del Eurogrupo (ministros de
Economía de la zona euro).
Las quejas en privado sobre la actitud presuntamente intratable de
Schäuble no impidieron que el ministro alemán se saliera con la suya.
Por primera vez, la expulsión de un socio llegó a estar negro sobre
blanco en un texto europeo. La amenaza se mantuvo hasta el final entre
corchetes, el símbolo que en la papelería europea indica un texto que todavía no ha sido pactado pero que cuenta con respaldo como para figurar en un documento.
Tras esos corchetes se encontraba la poderosa mano de Schäuble, que
desde hace tres años defiende incansablemente la salida de Grecia del
euro. Esta vez Schäuble ha estado a punto de conseguirlo. Y ha sumado
aliados suficientes para garantizarse el éxito con toda probabilidad en
el próximo brote de la crisis griega.
El Grexit ha dejado de ser un tabú. La Comisión Europea, según su
presidente, Jean-Claude Juncker, ya ha planificado la posible salida de
Grecia con el benevolente objetivo, según Bruselas, de evitar una
catástrofe humanitaria en ese país." (Cinco Días, 14/07/2015)
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