"(...) La verdad, en fin, es que tanto Atenas como los socios han fallado
estrepitosamente en una negociación interminable que ha terminado como
el rosario de la aurora, y los griegos han dicho hoy no con rotundidad a
una determinada forma de pensar en Europa, que se enfrenta a una de sus
crisis más graves.
Es más grave que la crisis de las sillas vacías en
1965, que paralizó el proyecto durante años. Es más grave que la patada
que supusieron los referéndums de Holanda y Francia a la Constitución
Europea, porque esta vez hay un posicionamiento agresivo de una de las
partes, o de las dos.
Y es más grave porque por primera vez Grecia pone
en cuestión el leitmotiv europeo (“Una unión cada vez más estrecha”), y
porque se elevan las probabilidades de una salida que dejaría muy, muy
tocada la construcción europea.
En 2008, El Gobierno conservador estadounidense decidió que ya era
hora de dar una lección a los banqueros y dejó caer Lehman Brothers.
Nadie, absolutamente nadie, previó el efecto contagio derivado de esa
decisión en todo el mundo.
La crisis de Grecia es más una crisis
política que una crisis económica y financiera, pero en el fondo traza
extraños paralelos con Lehman: también esta vez una parte de lo ocurrido
es una especie de lección, de moralina.
Los griegos nos mintieron, los
griegos han quebrado el consenso europeo, los griegos se atreven a
cuestionar las recetas que vienen de Alemania; esto no se puede
permitir, vienen a decir los líderes, si no queremos que el ejemplo
cunda en España con Podemos, en Portugal con los socialistas, en Irlanda
con el Sinn Fein, en Italia con el movimiento 5 Estrellas.
El daño ya está hecho: pase lo que pase, Grecia se enfrenta a una
crisis aún más grave que la de estos últimos cinco años, que han dejado
un 26% de paro, una pérdida de riqueza del 25% del PIB y una deuda a
todas luces impagable. Europa tendrá que pagar entre 20.000 y 30.000
millones más, según las primeras estimaciones, de lo que pretendía hace
10 días si quiere evitar los escenarios más arriesgados.
La Unión no
parece consciente de que a la larga va a sufrir en sus propias carnes
esa crisis: quizá sea verdad y el efecto contagio sea, esta vez,
manejable. Pero vendrá una nueva recesión —y en algún momento vendrá:
eso es seguro— y cogerá a contrapié a los países más vulnerables, los
que tienen deudas más abultadas, los que a duras penas empezaban a salir
ahora del colapso que supuso la Gran Recesión.
Y cuando llegue esa
crisis, los mercados internacionales habrán tomado nota de que la
irreversibilidad del euro ya no es incuestionable, de que la moneda
única ya no es más aquella vía de un solo sentido.
En el caso Lehman, al menos Washington tuvo la cintura de dejar sus
principios y las moralinas a un lado y, una vez empezó el kungfú, hizo
todo lo necesario para domar a la bestia y evitar una Gran Depresión.
Con Europa a las puertas de su propio Lehman, es de esperar que la mujer
más poderosa del continente, Angela Merkel, reaccione como es debido.
Hasta hoy, Merkel —a pesar de un buen puñado de formidables errores de
cálculo— ha sido más o menos eficaz defendiendo sus reglas, resolviendo
momentos sumamente difíciles, manteniendo unido el club a pesar de todo.
Desde hoy, con las reglas y los consensos heridos de muerte, hay que
pedirle a Merkel que reaccione para que en Europa quepan todos,
incluidos los rivales.
La crisis griega es la reválida de la canciller.
En los próximos disparos del BCE se verá qué ha decidido: se verá si
Berlín es capaz de hacer lo que sea necesario y parezca suficiente. A la
banca griega le quedan dos días, tres a lo sumo antes de quedarse seca y
dar comienzo a un peligroso dominó que podría acabar con la salida de
Grecia del euro.
Eso tiene el potencial, según el historiador económico
Barry Eichengreen, de un Lehman al cuadrado. Las izquierdas europeas han
vagado como verdaderos fantasmas durante toda la crisis: es su turno,
empezando por François Hollande y Matteo Renzi, de arreglar el
desaguisado.
El ala conservadora, liderada por Merkel, tiene que evitar
que el euro descarrile. “Las distinciones sociales solo pueden fundarse
en la utilidad común”, dice la Declaración de los Derechos del Hombre y
del Ciudadano: es hora de que Alemania y Merkel demuestren qué tipo de
líderes son, si es que lo son." (Claudi Pérez
5 JUL 2015)
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