"Cuando escribo estas líneas no se sabe qué ocurrirá finalmente con la
nueva propuesta griega al Eurogrupo pero sus consecuencias, sea lo que
sea, me parece que están bastante claras. El Gobierno griego
prácticamente ha renunciado a sus ideales y aspiraciones iniciales pero
Europa le pide más, como seguiría ocurriendo si Tsipras volviera a
renunciar y presentase una nueva propuesta. (...)
En primer lugar, quizá no sea exagerado decir que el euro ya ha muerto,
al menos tal y como lo hemos conocido hasta ahora. No fracasará cuando
salga un país sino que lo ha hecho ya, desde el momento en que no ha
sido capaz de evitar la quiebra y la destrucción de economías que lo
conforman (y mucho más cuando no se trata precisamente de las más
grandes y difíciles de controlar). (...)
Las potencias europeas no van a dejar que Grecia salga del euro, por
mucho que amenacen con ello. Alemania, porque es la principal
beneficiaria de que países como Grecia, Portugal o España formemos parte
de una unión monetaria conscientemente mal diseñada para que actúe en
su favor.
Y también porque sabe que después de un periodo de sufrimiento
(incluso quizá no mayor del que ya ha pasado) Grecia recobraría su
economía y niveles de bienestar, mostrando así a otros países que, más
allá del euro alemanizado, hay otro mundo más satisfactorio
económicamente y con menos problemas para la gente –esto último se
podría lograr a muy corto plazo, por cierto, con una moneda
complementaria al euro dedicada a realizar pagos del circuito económico
interno–.
Pero, a pesar de ello, tampoco se puede descartar que Alemania
tense al máximo la situación para reforzar su imagen de potencia
europea todopoderosa e incluso para empujar a Grecia hacia Rusia y
obligar así a que Estados Unidos potencie el flanco militar europeo en
beneficio alemán.
Por eso Francia y los demás países se opondrían a que
los alemanes acosen en exceso a Grecia, pues quieren evitar que a su
potencia económica e institucional se sume un papel aún mayor como
gendarme y potencia militar europea que ya sabemos cómo utilizó en otras
ocasiones.
Desgraciadamente para todos, el único plan y la única alternativa con
la que juega la mayoría del Eurogrupo es imponer su solución al
Gobierno griego aunque para ello tenga que hacer saltar por los aires
los resortes más básicos de la estabilidad financiera, económica y
social del país heleno.
Los grandes grupos económicos no quieren otra
cosa y los dirigentes europeos y los políticos, los economistas y los
periodistas que conforman los valores y la opinión pública en Europa, no
saben pensar de otro modo. No entienden que haya otro camino y, aunque
quisieran y les agobie la situación, su ceguera les impedirá
encontrarlo.
Syriza sabe que están dispuestos a destruir a su país y que pueden
hacerlo, así que lo más seguro es que termine aceptando lo que le
imponga el Eurogrupo. El cual, además, tratará de hacerlo con la mayor
humillación posible y con el máximo desgaste político de Syriza, pues
las políticas de austeridad no se aplican solamente para conseguir
distribuir la renta y la riqueza a favor de los más ricos sino también
para someter y disciplinar a la población. (...)
Sabemos que Grecia pierde porque las medidas económicas que se le
imponen forman parte de un protocolo de actuación que se ha aplicado
docenas de veces en todo el mundo desde hace años y cuyos efectos están
perfectamente estudiados. Isabel Ortiz y Matthew Cummins, por ejemplo,
han estudiado lo que ha ocurrido en 181 países después de aplicar
medidas de austeridad como las que exige el Eurogrupo a Grecia (The Age of Austerity: A Review of Public Expenditures and Adjustment Measures in 181 Countries).
Gracias a su estudio sabemos que la disminución de salarios públicos
se ha llevado a cabo en 74 países de bajo ingreso y en 23 de alto; la
reducción o eliminación de subsidios, en 78 países de bajo ingreso y 22
de alto; el incremento de impuestos al consumo, en 63 de bajo ingreso y
31 de alto; la reforma de las pensiones y de los sistemas de salud, en
47 de bajo ingreso y 39 de alto; las reformas en los sistemas de
protección social orientadas a limitar su alcance, en 55 países de bajo
ingreso y 25 de alto, y la flexibilización del mercado de trabajo, en 32
países según el FMI o en 40 según la OIT…
Y de su estudio se concluye que, en contra de lo que ahora dice el
Eurogrupo que se va a conseguir con ellas en Grecia, lo cierto es que
esas medidas nunca han promovido el empleo estable, ni el crecimiento,
ni han mejorado el nivel de vida ni la cohesión social sino que, por el
contrario, están empeorándolos y que son las que llevan a nuevas
recesiones y al aumento de la desigualdad.
Y como no es posible que en Grecia suceda ahora un milagro, después
de aplicar las medidas que impone el Eurogrupo, de privatizar sin
medida, de recortar derechos, de reducir salarios, de bajar impuestos a
las rentas y patrimonios elevados y subirlos a las bajas, y de destruir
el sector público educativo, entre otras cosas, lo que ocurrirá allí
será exactamente lo mismo que en todos los casos anteriores: una enorme
destrucción de actividad económica y empleo, una gigantesca
transferencia de renta y riqueza hacia los grupos ya de por sí más
poderosos y ricos y mucha más fragilidad de la economía ante nuevos
impactos de crisis que además serán cada vez más recurrentes.
Cuando
salga adelante después de diez, quince o veinte años lo hará con una
gran dependencia y sin recursos endógenos para generar ingreso, con un
porcentaje elevadísimo de la población al margen de la actividad y
totalmente excluida, y con una sociedad dividida y destrozada.
Europa tampoco gana con el empeño de sus dirigentes en seguir
aplicando políticas de austeridad que han sido un completo fracaso, que
destruyen millones de empleos y aumentan la deuda, que sólo proporcionan
satisfacción a los grandes grupos económicos y financieros y que no
hacen frente al auténtico barril de pólvora en el que está asentada la
Unión Europea: un sistema bancario podrido hasta los tuétanos y que
acumula un riesgo letal y una unión monetaria mal diseñada que reproduce
los desequilibrios previos y produce otros nuevos generando una tensión
estructural que hace inevitable que antes o después salte por los
aires.
Europa en su conjunto no gana nada hundiendo a Grecia y lo veremos en los próximos tiempos, más pronto que tarde. (...)
En el proceso hay, sin embargo, un ganador, Alemania, pues es quien impone las condiciones a los demás socios y ahora a Grecia.
Es una terrible paradoja que el país europeo que más deudas ha dejado
de pagar (incluido a Grecia) reclame ahora que las pague todas un país
asfixiado que sólo pide aire para poder hacerles frente; que el país que
sobrevivió a la ruina y se convirtió en potencia gracias a la
generosidad de los demás (incluida Grecia) rechace ahora cualquier
muestra de solidaridad; que el país en donde las políticas de austeridad
prendieron la mecha del mayor desastre de la historia europea y que
produjo millones de muertos (muchos de ellos griegos) se empeñe ahora en
imponerlas a pesar de que todas las evidencias demuestran su
inutilidad; que el país que se vio humillado y arruinado por la
exigencia absurda de quienes le imponían reparaciones impagables tras la
Primera Guerra Mundial, luche ahora para exigir condiciones imposibles
de cumplir a los griegos; que el país que dejó que sus bancos cometieran
una de las mayores irresponsabilidades financieras de la historia
(dedicar el inmenso excedente alemán a financiar burbujas) y que ampara
en silencio a uno de los bancos con mayor basura y riesgo financieros
acumulados (el Deutsche Bank) reclame responsabilidad a los demás.
Pero por mucha que sea la paradoja, Alemania es efectivamente quien
vence porque es quien obliga y quien manda en Europa. Aunque, eso sí, es
una vencedora sólo aparente, porque la política de imposiciones de
Merkel y de su Gobierno no beneficia a toda Alemania.
Es verdad que el
poder imperial que Alemania ejerce sobre el resto de Europa y las
políticas que impone Merkel le vienen permitiendo obtener grandes
excedentes comerciales y beneficios, pero éstos no se distribuyen
equitativamente entre su población. Lo mismo que empobrecen a otros
países, empobrecen también a sus compatriotas.
Desde hace años, la tasa
de pobreza no deja de aumentar por sus políticas y Alemania es el país
de Europa donde la riqueza se distribuye más desigualmente.
También hay otro vencedor en Europa, el fanatismo. (...)"
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