"Tras el anuncio del primer ministro griego de convocar un referéndum el 5
de julio para que sea el pueblo el que decida si aplicar o no las
medidas de austeridad que les impone la Troika, el BCE ha cambiado de
estrategia y ha cerrado el grifo que permitía a los bancos griegos
operar. (...)
El gobierno griego le ha pedido al BCE que mantenga abierto el grifo
de dinero a los bancos al menos hasta el día del referéndum, para que
los ciudadanos puedan votar libremente en democracia y no chantajeados
por el miedo, pero la respuesta ha sido negativa.
No hace falta ser muy
perspicaz para entender de que esta nueva maniobra del BCE pretende
presionar (aún más) a la ciudadanía griega, de forma que finalmente se
acepte el acuerdo en el que se recogen las medidas de austeridad. Se
puede considerar un chantaje en toda regla, y de los más salvajes.
Con respecto a la posible salida de Grecia del euro el asunto
responde a otros elementos y a otras fechas. Mañana martes 30 de junio
acaba el plazo para que el gobierno griego devuelva 1.600 millones de
euros al FMI, pero como no ha aceptado el acuerdo con la Troika, no
dispone de suficiente dinero para realizar el desembolso.
Si no se llega
a un acuerdo antes del martes (las instituciones europeas están
actualmente reunidas y afirman que ése es su deseo), el gobierno griego
no pagará al FMI. Pero el impago al FMI no está considerado como evento
de default a nivel técnico, al ser un acreedor individual y su deuda no
transable, de forma que no se activarían las cláusulas de los CDS
(productos financieros en los que se “apostó” a que Grecia entraría en
default), que es lo que seguramente desencadenaría una crisis importante
a nivel europeo (y quizás a mayor nivel).
Por lo tanto, los ojos están puestos en el día del referéndum: el día
5 de julio. Si el pueblo griego dice “sí” y acepta el acuerdo de la
Troika, el problema económico volvería a su cauce habitual: más
austeridad para Grecia pero dentro del euro. En todo caso el problema
sería de carácter político, pues cabe suponer que el gobierno de Syriza
no se sostendría y probablemente Tsipras dimitiría.
En cambio, si el
pueblo griego dice “no” y rechaza el acuerdo, la pelota quedaría en el
tejado de la Troika: podría hacer concesiones y reconducir el asunto o,
en cambio, podría directamente romper relaciones con el gobierno griego,
de forma que el impago se declararía como muy tarde el 20 de julio (se
cumple el plazo para devolver dinero al BCE) y muy probablemente la
salida de Grecia de la Eurozona." (Eduardo Garzónredaccion@lamarea.com , La Marea, 29/06/2015)
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