"Se equivoca Syriza, se equivoca Tsipras, se equivocan Yanis Varoufakis y
Euclid Tsakalotos. Los detalles iniciales del preacuerdo con la Troika
son una humillación, una imposición, no solucionan el problema de fondo,
una deuda impagable y demuestran que el euro tal como está diseñado, no
funciona, es inútil, no vale para nada.
Se reduce a una mera relación
acreedor-deudor, donde el sur de Europa está condenado a la miseria. (...)
Personalmente pienso que en este contexto, el euro no aguantará
cuando estalle la actual burbuja financiera. Cuando aumente la aversión
al riesgo, cuando se incrementen las primas de riesgo globales ya no
será posible rescatar a acreedores privados, básicamente una banca
frágil, vulnerable, insolvente; ya no será posible hacer frente a unos
volúmenes de deuda pública impagables, insostenibles.
Veremos quiebras
de deuda soberana, veremos cosas inimaginables como consecuencia de una
clase política miope, cobarde, mediocre.
Grecia, no solo debería haber peleado porque se le permitiera
reestructurar la deuda dentro del Euro sin condiciones. Además, tendría
que haber conseguido desgravaciones fiscales a la exportación, y/o
imponer protecciones comerciales.
Si no consigue nada de esto, como así
parece, por mucho que permanezca en el Euro, su situación en el medio
plazo será insostenible. Si los acreedores quieren seguir dictando la
resolución del problema griego, el nuevo gobierno heleno debería haber
roto la baraja e implementado el plan B, el "gréxodus".
El plan B
Grecia tenía un plan B, el de Costas Lapavitsas. El profesor de
economía en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la
Universidad de Londres sostiene que la única manera de que Grecia puede
vencer a la austeridad es liberarse del euro."El paso más importante es
darse cuenta de que la estrategia de la esperanza de lograr un cambio
radical en el marco institucional de la moneda común ha llegado a su
fin”.
Lapavistas defiende sin tapujos la salida del euro, que supondría
una devaluación que haría necesarias la suspensión de pagos, la
reestructuración de la deuda, controles de capital, y la nacionalización
de la banca.
Sería fundamental a su vez, afirma Lapavitsas, introducir la política
industrial con la implementación de un programa nacional de inversión
pública y privada. Si se quiere que la productividad tome una
trayectoria ascendente, las economías periféricas, entre ellas la
nuestra, deben alejarse del consumo, del endeudamiento individual y las
burbujas especulativas. Un cambio estructural requiere mecanismos
públicos que puedan movilizar los recursos disponibles para la
inversión.
Exige también una transformación de la educación asignando
recursos adicionales y extendiendo su alcance a los más desfavorecidos.
La mejora de la educación debe aumentar la cualificación de la mano de
obra. Además, Grecia deberá abordar su papel en una economía
globalizada. La autarquía es imposible.
El drama griego, español, portugués, italiano…
Detrás del drama griego, del drama español, del drama irlandés, del
drama portugués, detrás del dolor infligido por la Troika, simplemente
existe la actitud de una clase social depredadora, la superclase, que
impone unas políticas económicas ineficaces, que dispone además de unos
medios de comunicación a su servicio, muy bien alimentados.
La
superclase presiona para imponer duros recortes a los pensionistas, para
desmantelar los sistemas de protección social, para subir los impuestos
regresivos del IVA. Por contra, braman estos inquisidores de la
austeridad, aumentar los impuestos corporativos y los impuestos sobre la
renta a los más ricos es negativo para el crecimiento económico.
Mienten, y vuelven a mentir.
Grecia no cumplirá con las obligaciones impuestas. Puede privatizar unos
activos, e incluso puede pretender recortar las pensiones. Pero no hay
ninguna posibilidad de que puede lograr el superávit primario porque su
economía no va a ser capaz de crecer con la suficiente rapidez, igual
que España, gracias a la psicopatía de la clase dominante. (...)
En vez de buscar una mayor integración económica, fiscal y política,
individuos tan mediocres como Juncker, Merkel, Hollande, Rajoy… van a
conseguir sacar lo peor de nosotros, van a hacer surgir un fuerte
nacionalismo anti-UE en la periferia.
Será el único medio que las
naciones más débiles tendrán para combatir eficazmente a las naciones
más fuertes. Y cuando este sentimiento se generalice en toda la
periferia, la Unión Europea ya no será capaz de continuar en su forma
actual." (Juan Laborda, Vox Populi, 24/06/2015)
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