"Para impedir que Podemos gane las elecciones ha sido necesario dar un
golpe de Estado financiero en Grecia. Ha sido necesario inventar
Ciudadanos. Ha sido necesario, también, movilizar un ejército de
periodistas y tertulianos para que emprendieran una campaña difamatoria
de calumnias, mentiras y bellaquerías dementes.
Ha sido necesario que el
fiscal del Estado actuara como un mafioso y que el Ministro del
Interior actuara como fiscal. Se han abierto falsos expedientes, se han
puesto denuncias falsas, se han filtrado datos fiscales infringiendo la
legalidad. En fin, no se ha reparado en medios.
En resumen, nuestros enemigos se han tomado a Podemos muy en serio.
Los poderes económicos internacionales se han tomado a Podemos muy en
serio. El mundo entero se ha tomado a Podemos muy en serio.
¿El mundo entero? ¡No! Una aldea de irreductibles galos resiste ahora
y siempre porque lo suyo es resistir. Da un poco igual a qué haya que
resistir con tal de resistir. Y así, mientras el mundo de los más
poderosos se tomaba en serio a Podemos, un puñado de izquierdistas ha
decidido que Podemos es un cadáver político.
Si Podemos no ha ganado lo
suficiente, o si ha bajado en las encuestas, no es por la miserable
campaña de difamación y de calumnias, no es porque hayan inventado C’s,
no es por la intervención del fiscal y del ministro, no es por la
amenaza de un golpe de Estado financiero. No: es porque Podemos no es
suficientemente democrático.
Este increíble diagnóstico ha llevado a algunos viejos y jóvenes
izquierdistas a intentar liderar lo que se está llamando un
desbordamiento popular de Podemos en torno al lema ‘Ahora en Común’.
Contra lo que piensan los poderes fácticos nacionales e internacionales,
Podemos no sólo no puede ganar, sino que es una rémora y un obstáculo.
Más o menos lo que en Podemos, al principio, se decía de IU, se dice
ahora de Podemos.
Es más, se diagnostica que Podemos lleva el peor de
los caminos: convertirse en una nueva IU esclerotizada, burocrática y
antidemocrática. Y para poner remedio a esta inevitable deriva, Ahora en
Común comienza, precisamente, por unirse a IU y, nada menos, que a
algunos conocidos ex-socialistas.
He leído el Manifiesto de Ahora en Común
y está perfecto. Me recuerda mucho, en efecto, al espíritu inicial de
Podemos. Eso es lo único que tiene de malo, que es un espíritu inicial.
Que para que eso funcionara, haría falta un año de incansables esfuerzos
organizativos y, además, me temo que el resultado sería, en el mejor de
los casos (y me permito dudarlo), el Podemos actual.
¿Por qué este
empeño en volverlo a repetir todo desde el principio? Lo siento, pero a
mí no se me ocurre otra explicación que la de cambiar a los
protagonistas. Hay gente con mucho afán de protagonismo, es triste, pero
es así. Hay muchos para los que Podemos tiene un inconveniente
fundamental: que no se les ocurrió a ellos. Una objeción fatal (muy
masculina, dicho sea entre paréntesis).
Estoy ahora en un pueblo de Ávila, de esos que votan masivamente al PP.
En las últimas elecciones, sin embargo, hubo casi un millar de votos
para Podemos. Y todo el mundo sabe lo que es Podemos, aunque sea para
ponerlo a parir.
¿Realmente alguien piensa que tiene sentido empezar
ahora a explicar que en las próximas elecciones hay que votar a una cosa
llamada Ahora en Común o algo parecido? ¿Realmente se enterarán en
estos pueblos de Ávila de que Pablo Iglesias ha
traicionado a los movimientos sociales y que los movimientos sociales
han desbordado a Podemos y son ya un clamor popular? ¿Se enterará
alguien siquiera de los que no tienen tiempo para pasarse el día
colgados de las redes sociales discutiendo con la Inteligencia
colectiva? ¿Y eso se va a lograr en el mes de agosto, antes de las
elecciones? ¿Y se va a lograr por procedimientos más democráticos, puros
e inmaculados que los de Podemos? (...)
¿Esto quiere decir que en Podemos se está haciendo siempre todo bien?
Por supuesto que no. Está claro que se hacen todo el rato muchas cosas
mal. Pero eso suele ocurrir cuando se hacen cosas, cuando se hace algo.
Ocurre menos cuando no paran de darse lecciones sin hacer nada de nada.
En Podemos hacen muchas cosas mal pero hay que reconocer que, por lo
menos, hicieron una cosa bien. Una cosa bien, eso ya es muchísimo. Sobre todo, Juan Carlos Monedero
y Pablo Iglesias hicieron una televisión. Inventaron un arma, en lugar
de un montón de proclamas. Un arma como las del enemigo, muy modesta,
pero que dio unos resultados que han conmovido el mapa político español e
incluso europeo.
Tras el 15M se estaba esperando a alguien que tuviera
una idea semejante. Y ellos la tuvieron y lo cambiaron todo. Y por
cierto, desde el principio, hubo muchos de esos irreductibles galos
eternamente disconformes (estalinistas y trotskistas por un lado y
negristas por otro) que no pararon de criticar y criticar que se
utilizaran desde la izquierda medios como la televisión, argumentando
que eso era hacer el juego al enemigo y perder el tiempo. Pero pelillos a
la mar.
Juan Carlos y Pablo no fueron los únicos, por supuesto. Otros y otras inventaron la PAH y ahora Ada Colau
es alcaldesa de Barcelona. Por suerte, muchos de los que ahora ponen
como ejemplo contra Podemos a Ahora Madrid, perdieron las primarias en
Ahora Madrid y gracias a que ellos perdieron, gobierna en Madrid Manuela Carmena.
No pongo en duda que la otra lista era magnífica y estaba llena de
amigos y amigas míos, pero tampoco pongo en duda que no habría sacado ni
un tercio de los votos que sacó Manuela Carmena. Así es que fue Manuela
Carmena (sin despreciar una notable colaboración del grupo PRISA) la
clave del éxito de Ahora Madrid, y no el método Ahora Madrid que ahora
tanto encumbran los que perdieron en Ahora Madrid.
Podemos hizo, sobre todo, una cosa bien. Frente a las tendencias anarcolíquidas
del 15M, supo sacar del 15 M lo que ahí hubo de defensa de las
instituciones frente al anarcocapitalismo de los mercados. Dio el paso,
en suma, hacia las instituciones. Gracias a eso tenemos algo nuevo, que
todavía no habíamos ensayado.
Se dice mucho que las instituciones son un
peligro y que hay que estar en la calle. Sí, y cuando se está en las
instituciones hay que seguir en la calle (como se ha hecho en Grecia).
Pero conviene recordar que lo de estar en la calle no tiene nada de
nuevo. Llevamos dos décadas en la calle. Ha habido años que hemos tenido
una manifestación o dos a la semana, una huelga o dos al trimestre.
Volvíamos a casa contentos porque habíamos sido muchos y cabizbajos
porque no nos habían hecho ni caso. Y así todo el rato. Lo nuevo no es
estar en la calle, eso ya lo habíamos probado y lo vamos a seguir
probando, por la cuenta que nos trae. Lo que sí que es una novedad es
tener diputados en camiseta que son nuestros amigos y amigas. Eso no lo
habíamos ensayado aún.
Tener una televisión como la que inventaron Pablo
y Juan Carlos. Eso no lo habíamos probado. Lo que no habíamos probado,
lo que sí que es una novedad, es tener a Ada Colau de alcaldesa de
Barcelona.
Las instituciones en suma, nunca las habíamos probado. ¿Qué
pasaría si empezara a haber jueces de los movimientos sociales? ¿Qué
pasaría si, además de en La Tuerka, tuviéramos la posibilidad
de intervenir en Telemadrid, en Canal Sur, en TVE? ¿Qué pasaría si
tuviéramos policías que en lugar de detener emigrantes, investigaran y
detuvieran banqueros? ¿Qué pasaría si nuestros amigos y amigas
antisistema empezaran a ser jueces, periodistas, alcaldes, concejales,
consejeros?
Todo ello ha empezado, poco a poco, a hacerse realidad. Y a mí no me
cabe duda de que el milagro se llama Podemos. Porque fue Podemos quien
convenció a los indignados de este país de dar el paso hacia las
instituciones. Para eso hacía falta tener respeto por las instituciones.
En lugar de clamar contra el sistema parlamentario, gracias a Podemos
se comprendió que lo malo de nuestros sistemas parlamentarios no es que
sean parlamentarios, sino precisamente, que no lo son, pues son más bien
dictaduras económicas disfrazadas de parlamentarismo. Hacía falta
comprender que nuestro enemigo no era el parlamentarismo, sino el
sistema económico que convierte el parlamentarismo en una estafa.
Decía Marx:
“un negro es un negro, solo bajo determinadas condiciones se convierte
en un esclavo. Una máquina de hilar es una máquina de hilar, solo bajo
determinadas condiciones se convierte en capital. En tanto que máquina,
ahorra esfuerzos a la humanidad y la libera del imperio de la necesidad.
En tanto que capital, alarga la jornada laboral e impone al hombre el
yugo de las fuerzas naturales”.
No era tan difícil de entender. Y no es
tan difícil de entender que lo mismo podría hacerse con nuestras tan
vilipendiadas instituciones: un parlamento, es un parlamento, sólo bajo
determinadas condiciones se convierte en una estafa, un ayuntamiento es
un ayuntamiento, solo bajo determinadas condiciones se convierte en una
cueva de ladrones, un tribunal es un tribunal, solo bajo determinadas
condiciones se convierte en una broma de mal gusto.
No se trata, pues,
de inventar algo mejor o más lúdico, creativo o transversal que los
parlamentos, los ayuntamientos y los tribunales, sino de cambiar sus
condiciones.
Era este un discurso fácil de comprender y la gente lo
comprendió (excepto algunos izquierdistas, por supuesto). No pedimos la
Luna, pedimos que este sistema que dice ser un Estado de Derecho sea lo
que dice ser: un Estado de Derecho. (...)" (Carlos Fernández Liria, profesor de Filosofía en la UCM, Cuarto Poder, 13/07/2015)
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