"El equipo de Barcelona en Comú ha propuesto crear una moneda local
para Barcelona. Se trata de una valiente y potente medida que dotaría al
ayuntamiento de mayor maniobra para realizar políticas públicas al
mismo tiempo que se estaría asegurando que la riqueza generada gracias a
la circulación de la nueva moneda se quedase en la localidad y no
escapase a otras zonas geográficas.
La creación de una moneda local no es algo novedoso: se ha llevado a
cabo en multitud de regiones y de momentos históricos, con
características muy diferentes entre un caso y otro.
Muchas de estas
experiencias no tuvieron los resultados esperados (en algunos casos se
cosecharon estrepitosos fracasos) y fueron abandonadas, pero otras
muchas tuvieron un notable éxito y siguen vigentes en la actualidad. A
pesar de que existen muchas modalidades de moneda local, hay dos
características esenciales que siempre han de cumplirse:
1) Aparición de una nueva moneda que circula de forma paralela a la ya existente.
2) La validez de la moneda se restringe a una localidad o región en concreto.
Más allá de eso, las posibilidades son muy numerosas: la moneda puede
ser creada por la administración pública o por una organización
privada, puede servir para pagar impuestos o no, puede tener el mismo
valor que la otra moneda que circule o ser diferente, puede existir en
forma física (monedas y billetes) o ser exclusivamente electrónica, la
nueva moneda se puede cambiar por la antigua o no, etc.
No obstante, tanto la evidencia empírica como la teoría económica nos
han enseñado muchas cosas al respecto. La primera de ellas es que para
el correcto funcionamiento de la nueva moneda es absolutamente necesario
que la misma goce de plena confianza por parte de sus usuarios.
Esto
quiere decir que todo vecino y vecina tiene que confiar en que podrá
utilizar la nueva moneda en todo momento y en la mayor parte de los
casos. Y la mejor forma de lograrlo es haciendo que la administración
pública correspondiente reconozca su validez y que al mismo tiempo la
acepte como pago de impuestos.
Existe una vertiente de la teoría
económica que sostiene acertadamente que la confianza de las monedas
actuales reside en el poder de los Estados y especialmente en el
ejercido a través de los tributos: puesto que todo ciudadano y ciudadana
tiene que pagar sus impuestos en la moneda que le imponga el Estado, se
crea así la necesidad de tener y utilizar esta moneda y por lo tanto de
que la gente confíe en que será aceptada como medio de pago.
Por ejemplo, imaginemos en primer lugar que el gobierno hipotético de
Barcelona en Comú crea una nueva moneda llamada “común” y pasa a
aceptarla como pago por los impuestos locales (IBI, Impuesto de tracción
mecánica, Impuesto de Actividades Económicas) y otro tipo de tasas
locales.
En segundo lugar, que comienza a pagar una parte del salario de
los empleados públicos y a efectuar otra serie de gastos en “comunes”
en vez de en euros. Puesto que todos los agentes económicos tienen que
pagar impuestos, todos tendrían interés en disponer de “comunes”, ya que
así podrían saldar sus compromisos tributarios.
De esta forma, los
empleados públicos podrían comprar bienes y servicios utilizando euros
pero también utilizando “comunes”. Por ejemplo, cualquiera de ellos
podría ir a un bar y pagar con “comunes” ya que el dueño del bar tiene
que pagar impuestos y puede hacerlo con ese nuevo instrumento. Pero es
que el propietario del bar también podría pagar a los camareros con la
nueva moneda, ya que ellos también tienen que saldar deudas con
Hacienda.
Es importantísimo que la cantidad de “comunes” creados no sea
excesiva y se ajuste más o menos al volumen de compromisos tributarios,
puesto que de no ser así se corre el riesgo de que la nueva moneda
pierda valor (la gente tendría más comunes de los que necesita).
El tipo
de cambio ideal es el unitario: 1 euro se puede cambiar por 1 “común”, y
viceversa.
Si se crearan demasiados “comunes” y la gente no los
valorara tanto, podrían comenzar a intercambiárselos con una
equivalencia diferente (por ejemplo, 1 euro por 1,2 “comunes”), lo cual
sería muy negativo para la confianza en la nueva moneda.
La segunda enseñanza estriba en la fórmula jurídica del nuevo
instrumento. Ha de evitarse a toda costa el nombre y naturaleza de moneda.
Se conocen casos en los que intentos de crear una nueva moneda
complementaria se dieron al traste debido a incompatibilidades con la
legislación de la Zona Monetaria (que concede competencia exclusiva de
creación de moneda al Banco Central Europeo), como el de la moneda X2 en
Totana (Murcia) en 2012.
Por eso es mejor que el nuevo instrumento
tenga la naturaleza jurídica de crédito fiscal en vez de moneda. Un
crédito fiscal es un instrumento ya existente que concede el sector
público a una empresa o individuo para que pueda pagar sus impuestos con
él. Lo único que se trataría de hacer es modificar la legislación para
que fuesen transferibles, y de esta forma pasarían a funcionar como una
moneda local.
La legislación de la eurozona no prohíbe explícitamente
esta fórmula de financiación. Los diferentes tratados comunitarios
permiten a las administraciones públicas diseñar su propia política
fiscal. Siempre que no se cree una nueva moneda que amenace el monopolio
del Banco Central Europeo no habrá ningún impedimento legal,
especialmente si las experiencias tienen lugar en territorios de
reducida dimensión.
Un caso llamativo y reciente de crédito fiscal fue el del Estado
griego, que recurrió en 2010 a la creación de créditos fiscales por
valor de 5.500 millones de euros para pagar a la industria farmacéutica
frente a su amenaza de no distribuir los fármacos a los griegos si no
recibían un pago inmediato.
La tercera enseñanza es que es preferible que la nueva moneda sea
exclusivamente electrónica, puesto que es mucho más barato que imprimir
billetes y crear monedas (que cuando se hace en pequeñas cantidades
resulta especialmente costoso). Hoy día hay países como Dinamarca en el
que buena parte de los pagos se realizan no sólo a través de tarjetas de
crédito, sino directamente a través del teléfono móvil gracias a una
aplicación informática. (...)
En años más recientes estos instrumentos han sido utilizados en
multitud de ocasiones por gobiernos locales de los Estados Unidos como
San Diego, Oakland, San José y Detroit, y con excelentes resultados a la
hora de incrementar la inversión pública en un periodo de insuficiencia
financiera.
Sin embargo, también hay experiencias de monedas locales que no se
admiten como pago de impuestos que han sido exitosas, y en este caso se
suelen denominar “monedas sociales”. Las monedas sociales más
importantes son las de Priem am Chiemsee (Alemania) desde 2003, Bristol
(Reino Unido) desde 2012, y Toulouse (Francia) desde 2011. En el último
caso, el ayuntamiento paga parte de los subsidios de desempleo en moneda
social.
La utilización de monedas locales tiene importantes beneficios que
van más allá del aumento del margen fiscal. La virtud más característica
es que todo ese nuevo dinero creado sólo es válido para el territorio
en cuestión. Por ejemplo, no se pueden utilizar monedas locales de
Barcelona para comprar productos de Madrid, puesto que el madrileño no
paga sus impuestos en Barcelona y no tiene interés en obtener monedas
locales de la ciudad catalana.
En consecuencia, las ventas se producirán
localmente, impulsando la actividad económica de la localidad o región
correspondiente. Se evita así que ese nuevo dinero creado acabe
abandonando el territorio, como ocurre frecuentemente con el dinero
oficial. La renta y riqueza derivada del uso de las monedas locales se
queda en casa.
Por otro lado, esta fórmula de financiación permite que
el impulso en inversión pública no incremente las compras a otras
regiones, evitando así que el saldo comercial empeore. Por último, la
propia naturaleza de las monedas locales hace inviable que puedan ser
utilizadas para las finanzas especulativas, ya que este tipo de
actividades se producen a nivel global. De esta forma se prioriza la
economía real frente a la economía financiera." (Artículo publicado en eldiario.es
, Posted by Eduardo Garzón
, Saque de Esquina, 15 June, 2015)
Una variante de esta moneda local sería una europeseta/electrónica. Así lo explican Juan José R. Calaza, Juan José Santamaría y Juan Güell, que muestran con
gran claridad sus ventajas.
En ellos se encuentra una definición exacta de la misma: “(…) unidad de cuenta, complementaria, cerrada, esto es, utilizable solo dentro del territorio español, que carecerá por tanto de convertibilidad exterior y sin circulación material, en billetes o monedas, que quedaría exclusivamente reservada al euro.
La europeseta, simultaneada con el euro si bien con menor porcentaje en la masa monetaria, será además de curso legal (con capacidad liberatoria) asignando a 1 europeseta el contravalor de 1 euro (en notación compacta 1:1). (…)”
Sus artículos:
·
Las europesetas electrónicas, complementarias al
euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815
·
Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html
· Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html
· Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html
Juan Torres
también insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus
artículos:
- Marear la perdiz. Enlace: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/02/08/andalucia/1360327224_588117.html
- Hay alternativas, incluso dentro del euro. Enlace: http://juantorreslopez.com/publicaciones/hay-alternativas-incluso-dentro-del-euro/
Pero se puede ir más allá; por ejemplo:
Si Grecia, España, o
Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar
instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar
créditos a familias y empresas.
La emisión de una moneda digital
ligada a la energía generada por placas solares, por parte del Banco de España, o de la
Junta de Andalucía, o de una Asociación de Cooperativas de Consumo y
Producción, o de las Cámaras de Comercio, nos permitiría crear empleo,
sin endeudarse en euros, y alcanzar la
soberanía financiera.
La de dar crédito a familias y empresas, escapando así del ‘credit crunch’ que ahoga el sur de Europa.
La de dar crédito a familias y empresas, escapando así del ‘credit crunch’ que ahoga el sur de Europa.
Una moneda es una cuestión de confianza. Según quién la emita, circulará o no. El problema para su aceptación es la solvencia. Si las instituciones que la respaldan no la tienen, no será aceptada. Es nuestro caso. Funcionará únicamente si un valor incuestionable la respalda. Y oro no tenemos.
Cuando Google lance su esperada moneda digital, no tendrá ningún problema. Será aceptada por su capacidad tecnológica. Si crease un banco, la gente depositará su dinero en él.
Cuando Amazon lance la suya, también será aceptada. O la NASA. Si Repsol, o las eléctricas, o
las industrias del gas, las emitiesen, tendrían asegurado el éxito.
El conocimiento o la energía, pueden respaldar cualquier moneda.
Nada que ver con una moneda
emitida por un país desarbolado por la crisis económica. Si la emitiese España,
nadie la usaría.
Pero si el Banco de España, una autonomía o una
ciudad pusiese en valor la energía solar que nos baña, sería aceptada… por su
capacidad para producir energía.
Si la Junta Andalucía emitiese una moneda digital normal no tendría efectos apreciables. Se trataría de otra de tantas monedas sociales, con un radio de acción local o simbólico.
Pero, si esa misma moneda estuviese respaldada por la generación de electricidad a partir de las placas solares instaladas en Extremadura o Andalucía, esa moneda electrónica sería aceptada en toda España.
Al fin y al cabo, al dólar lo que realmente lo respalda es el petróleo.
El respaldo de la energía solar nos permitiría darle credibilidad. Si necesitamos confianza, el combustible del futuro la tiene.
Es el argumento que posibilitará su aceptación en el mercado interior español. Un respaldo real.
Nos evitaría el dilema de salir o permanecer en el euro. Permanecer es prolongar la austeridad, es paro, es deuda impagable, es el camino al subdesarrollo. Salir del euro es el ‘corralito’.
Pues ni lo uno ni lo otro.
Una moneda digital respaldada por
la energía solar con circulación restringida al mercado español (la europeseta digital solar, por ponerle un nombre), que
complemente al euro, no que lo sustituya, solucionaría la financiación de
empresas y familias.
No servirá para importar mercancías, ni para gastar en el extranjero. Para eso seguiremos usando el euro. Se utilizaría únicamente para la compra y venta de artículos nacionales.
Será el instrumento que nos saque de la crisis. Porque esta moneda electrónica digital sustentada por la energía solar nos permitiría incrementar la demanda que necesitan las empresas para crear empleo.
Si un banco público, o cooperativo, creado por la Junta de Extremadura o de Andalucía, generase crédito con las europesetas digitales (solares), financiarían sus economías, captarían más impuestos y necesitarían menos euros para hacer frente a la deuda y al gasto.
Cuando la moneda digital solar nos permita pagar a los funcionaros y a los proveedores, sin necesidad de aumentar la deuda en euros, la posición negociadora de la 'troika' se debelitará. Recuperaremos soberanía.
El coste de una moneda electrónica es cero. El otorgamiento de créditos, pues, cercano a cero. (...)" (leer artículo entero en: Comentarios de bombero, 28/06/2014)
No servirá para importar mercancías, ni para gastar en el extranjero. Para eso seguiremos usando el euro. Se utilizaría únicamente para la compra y venta de artículos nacionales.
Será el instrumento que nos saque de la crisis. Porque esta moneda electrónica digital sustentada por la energía solar nos permitiría incrementar la demanda que necesitan las empresas para crear empleo.
Si un banco público, o cooperativo, creado por la Junta de Extremadura o de Andalucía, generase crédito con las europesetas digitales (solares), financiarían sus economías, captarían más impuestos y necesitarían menos euros para hacer frente a la deuda y al gasto.
Cuando la moneda digital solar nos permita pagar a los funcionaros y a los proveedores, sin necesidad de aumentar la deuda en euros, la posición negociadora de la 'troika' se debelitará. Recuperaremos soberanía.
El coste de una moneda electrónica es cero. El otorgamiento de créditos, pues, cercano a cero. (...)" (leer artículo entero en: Comentarios de bombero, 28/06/2014)
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