"(...) ¿En qué se parece lo que hoy sucede en las economías occidentales y lo acontecido en Japón hace unos cinco lustros? (...)
El banco central en Japón respondió con una drástica reducción en la
tasa de interés líder desde 1994. La Reserva Federal y el Banco Central
Europeo (BCE) hicieron lo mismo en 2008 y 2009. Pero la recuperación en
Japón fue mediocre y en Estados Unidos sigue siendo frágil.
En Europa, a
pesar de que la tasa de interés del BCE es de 0.15 por ciento, la tasa
de desempleo en la eurozona se mantiene demasiado alta (España mantiene
una tasa de desempleo de 25 por ciento, equiparable a la que imperó en
Estados Unidos durante la gran depresión).
¿Por qué se produce
este paralelismo entre la recesión en Japón en los años noventa y la
gran recesión derivada de la crisis global de 2007-2008? Desde luego hay
muchos factores interviniendo en la evolución de cada una de estas
economías, pero Japón, Estados Unidos y varios países europeos tienen
algo en común: la oferta monetaria se ha mantenido estable desde que la
tasa de interés se redujo a niveles cercanos a cero y desde que el banco
central aplicó una política de inyección de grandes cantidades de
liquidez.
Es decir, al igual que en Japón, la política de tasa de
interés cero y la flexibilidad monetaria en Estados Unidos y en Europa
no se tradujeron en aumentos del crédito privado, ni en incrementos de
la oferta monetaria (medida de M1 a M4).
Es decir, el aumento de
liquidez que el banco central inyectó al sistema financiero no ha podido
entrar en el sistema económico. La razón es que no hay agentes que
estén interesados en tomar esos recursos prestados para ponerlos a
trabajar en la economía real.
Como dice Richard Koo, uno de los
analistas más lúcidos de la crisis global, para los economistas que se
han formado en los libros de textos convencionales esto es algo
inesperado. La oferta monetaria y el crédito privado deberían estar
acoplados con la creación de dinero de alto poder.
Al igual que
en Japón en la década de los años noventa, ni el Banco Central Europeo
ni la Reserva Federal han conseguido lo que el Banco Central de Japón
tampoco pudo lograr: incrementar el crédito en medio de una recesión
deflacionaria.
Cuando todos los agentes en una economía, consumidores y
productores, se dedican a pagar deudas a pesar de que la tasa de interés
es cero, la deflación es completa y el estancamiento no se hace
esperar.
La contracción en la demanda agregada conduce de manera
irremediable a una recesión. Y cuando eso sucede en las principales
esferas económicas del planeta, el estancamiento promete durar muchos
años."
(Alejandro Nadal, La Jornada, en Jaque al neoliberalismo, 15/09/2015)
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