"Los mercados financieros terminaron la semana pasada en modo pánico por los temores de que el mundo vuelva a entrar en la siguiente fase de la crisis que comenzó hace ocho años, en agosto de 2007.
En ese entonces, los problemas comenzaron en el mundo desarrollado - en
los bancos estadounidenses y europeos - y se extendieron al resto del
mundo. Los mercados emergentes más grandes, como China e India, se
recuperaron rápidamente y actuaron como la locomotora del crecimiento
mundial, mientras las economias occidentales comenzaron a inyectar
dinero al sistema financiero.
La pujanza de China permitió a las
economías emergentes esquivar parte del tsunami financiero. Brasil,
Rusia, Sudáfrica, México, Turquía, Nigeria e Indonesia, entre otros, no
sintieron la fuerza de la crisis que golpeó a Grecia, España, Italia y
Portugal. Esta vez la historia será diferente.
La caída en los precios de las materias primas que se han hundido a
su nivel más bajo en 16 años, se une a la derrota de los mercados
financieros y a la guerra de divisas mundial que encabezan China, Japón,
Europa y Estados Unidos. La desaceleración económica de China está
exacerbando la superabundancia de todo, desde el petróleo a los metales,
pasando por todos los alimentos básicos.
El índice de materias primas
de Bloomberg para 22 productos, alcanzó la semana pasada su nivel más
bajo desde agosto de 1999. El petróleo se está cotizando a 40 dólares,
siguiendo la tendencia que advertìamos en enero de este año.
El sentimiento global es extremadamente negativo para todas las
materias primas dado que los mercados están plagados de un exceso de
oferta. (...)
El petróleo seguirá en descenso dado que los países productores
mantendrán su producción para defender su cuota de mercado. No deberá
sorprendernos que el petróleo llegue a 30 dólares el barril en las
próximas semanas. (...)
Por eso que una nueva crisis tendría consecuencias más graves que en
el pasado. Si la crisis de los años 80, que hundió a los países
latinoamericanos en su "década perdida" fue una crisis en la periferia,
esta vez esos países se encuentran mucho más conectados al núcleo por lo
que la historia será diferente.
Las crisis de los años 80, así como la mexicana de 1994, la asiática
de 1997 o la de Rusia de 1998 no fueron más que un ensayo general para
la gran crisis del sistema financiero mundial que mostró sus primeros
temblores en agosto de 2007 y estalló con toda su furia en septiembre de
2008. Si esta vez el epicentro se ubica en los mercados emergentes,
todo el modelo basado en las exportaciones se encuentra en peligro.
Las
crisis anteriores fueron resueltas gracias al boom exportador de China,
cuando crecía a tasas de dos dígitos. Ahora que es China la que está en
problemas, el comercio mundial y la maquinaria industrial que ayuda a
sostenerlo sufrirá las consecuencias de este declive.
Si hasta hace poco se pensaba que el petróleo más barato podía
estimular la recuperación de los países industrializados, esto no ha
ocurrido. Los consumidores en Europa, Japón y América del Norte no han
utilizado la bonanza de energía más barata para estimular la demanda y
el consumo. (...)
En este contexto, el golpe de la devaluación china, es una estocada que está haciendo temblar no solo a los mercados sino también a todas las economías desarrolladas." (Marco Antonio Moreno , El Blog salmón, 24/08/2025)
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