"A usted, lector, le habrán informado de que el sistema bancario juega un
papel importantísimo en la economía, fundamental para su supervivencia.
Y le dirán frecuentemente que es como el sistema circulatorio en el
cuerpo humano. Sin él, el cuerpo no vive, y muere.
Y de esta lectura se
concluye que hay que cuidarlo y darle todo tipo de ayudas para que
permanezca sano, asegurando así que el cuerpo se mantiene vivo, pues sin
él todos estaríamos muertos.
Tenemos que cuidarlo bien. Y le aseguro
que lo hemos tratado súper bien. Le hemos dado más de 108.000 millones
de euros públicos (de sus impuestos y los míos) para que no colapsara
(según el Tribunal de Cuentas, esta fue la cifra de dinero público
comprometida por España en ayudas a la banca privada entre 2009 y 2012).
Y el Banco Central Europeo, el BCE, una institución pública, le ha
prestado millones y millones de euros, a unos intereses ridículamente
bajos, para asegurarse que la banca no cae enferma y se nos muera,
porque ello sería fatal para todos nosotros. (...)
Sepa usted que todo el argumentario a favor de la banca que le he
resumido en los párrafos anteriores son mentiras tan grandes como
catedrales, reproducidas por los mayores medios de información y
persuasión (controlados, la mayoría, por la banca).
(...) en el año 1980, los beneficios de la
banca representaban el 15% de todos los beneficios de las grandes
corporaciones en EEUU. En el año 2006 representaban nada menos que el
40% (“From Boring Banking to Roaring Banking”, Dollars & Sense,
julio/agosto 2015).
Es un crecimiento auténticamente impresionante. No
tengo cifras para España, pero es probable que el crecimiento haya sido
incluso mayor como resultado del excesivo tamaño del sector bancario
español, proporcionalmente mayor que el de EEUU.
Otra característica del sector bancario
ha sido su concentración. Los diez bancos más importantes de EEUU tenían
el 20% de todos los depósitos antes de 1980. En 2007, este porcentaje
había subido a un 50%. Una situación semejante ha ocurrido en la mayoría
de países a los lados del Atlántico Norte.
El excesivo crecimiento del
sector bancario y su concentración han sido las características más
notables de lo que se llama el sector financiero, del cual el bancario
es el elemento central.
La pregunta que debemos hacernos es por
qué esto ha ocurrido y si ello es bueno o malo para la salud de la
economía y de la sociedad. (...)
El problema comenzó cuando los salarios
comenzaron a descender como resultado de las políticas neoliberales
iniciadas por el Sr. Reagan y la Sra. Thatcher, en la década de los
ochenta.
Esta bajada de los salarios forzó a que las familias no solo
consumieran menos, sino que, a fin de mantener su nivel de vida,
tuvieran que pedir prestado dinero a la banca. Y continuaron pidiendo
más y más dinero a medida que los salarios iban bajando y el número de
puestos de trabajo bien remunerados también iba bajando y bajando.
Ahí
está la razón del enorme endeudamiento y el origen del descenso de la
demanda, con el consiguiente enlentecimiento del crecimiento económico.
Este endeudamiento conllevó el crecimiento tan notable del sector
financiero, y el paulatino descenso de la demanda.
Pero este descenso de la demanda también
creó un problema al sistema financiero, pues el descenso de la
actividad económica redujo la rentabilidad de las inversiones bancarias,
de manera que la banca, en lugar de invertir en actividades
productivas, es decir, en la producción de bienes y servicios que la
ciudadanía consumía, comenzó a invertir en actividades especulativas, en
las que obtenía mayor rentabilidad.
La relación entre banca e inversión
productiva se redujo considerablemente. En EEUU, por ejemplo,
históricamente alrededor del 20% de la inversión que hacían las empresas
procedía predominantemente de la banca. Este porcentaje descendió a
partir de los años ochenta, reduciéndose más de la mitad.
Y ello fue
consecuencia de que la banca, como ya he comentado, en su búsqueda de
mayor rentabilidad, invirtió en actividades especulativas (la última la
inmobiliaria), que proporcionaban enormes beneficios, lo que contribuyó
al gran crecimiento del sector bancario. Estas inversiones, sin embargo,
ponían al ahorrador en peligro, pues las actividades especulativas
conllevan siempre un riesgo: el estallido de las burbujas resultado de
la actividad especulativa.
En la Eurozona se añadió otro factor que
contribuyó al crecimiento del sector bancario: la creación del euro, y
la bajada de intereses en los países periféricos, que pudieron acceder
al crédito de una manera muy marcada.
Ello ayudó en la aparición de
grandes burbujas que causaron la sensación de un gran crecimiento
económico en los años noventa y durante la primera década del s. XXI,
basado en una especulación inmobiliaria en la que la banca, tanto
extranjera (alemana y francesa) como nacional, estaba metida hasta el
tuétano. La absorción de tanto dinero por parte de la banca, con fines
especulativos, fue la causa de la enorme recesión que siguió a la
explosión de la burbuja inmobiliaria.
El punto clave para responder a esta pregunta es entender la complicidad
entre la banca y el poder político. Lejos de ser el sistema bancario la
sangre que permite la supervivencia del cuerpo económico, dicho sistema
es el cáncer que consume ese cuerpo. Absorbe una enorme cantidad de
recursos y pone los ahorros en peligro, a fin de aumentar beneficios
(los de los accionistas y los de los banqueros).
Y ello es facilitado
por la complicidad existente entre la banca, por un lado, y las
instituciones políticas por el otro, las cuales han favorecido la
desregulación de la banca, permitiendo estas prácticas especulativas.
Y
lo que es incluso peor es que cuando la banca está en peligro de
colapsar, debido a sus actividades especulativas, el Estado (que quiere
decir usted y yo) paga las pérdidas y le da dinero para que se salve y
sobreviva, tal como he mencionado anteriormente. Y todo ello sin
resolver el problema del déficit de acceso al crédito. (...)
En una conferencia que di al círculo de empresarios de las Islas
Baleares (pequeños y medianos empresarios), les expliqué las causas
reales de la enorme dificultad para conseguir crédito, y me alegró que,
además de recibir un aplauso muy marcado de la audiencia, hablaran de
formar una asociación de “empresarios indignados”. (...)"
(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 4 de agosto de 2015, en www.vnavarro.org, 04/08/2015)
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