"(...) Los portugueses (y los españoles) están siendo objeto de una gigantesca
operación de silenciamiento del sufrimiento social para asegurar la
continuidad de las políticas de austeridad en el próximo ciclo
electoral. Los portugueses están siendo convencidos de que su situación
no sólo es muy diferente a la de los griegos, sino que además evoluciona
en sentido contrario.
Ello debido al desempeño del gobierno y al
espíritu de sacrificio de los portugueses. Los datos disponibles cuentan
otra historia, pero por ahora son fácilmente descartables. Si bien es
cierto que la recesión causada por la austeridad desde 2010 ha sido
incomparablemente mayor en Grecia que en Portugal, no lo es menos que
ambos países se han empobrecido y retrocedido más de una década, al
tiempo que sus deudas (pública y privada) aumentaban
extraordinariamente.
A finales de 2014 la deuda externa (líquida) de
Grecia correspondía al 132% del PIB, la de Portugal al 103%. Entre 2010 y
2015 la deuda externa (líquida) de Grecia aumentó 29 puntos
porcentuales del PIB y la portuguesa 21,6. Y hay tener en cuenta,
también, que ambos países se han visto afectados por el mismo círculo
vicioso de la vulnerabilidad: condiciones preexistentes llevaron a
intervenciones externas austeritarias que han agravado la
vulnerabilidad.
Por otro lado, la emigración de cuadros jóvenes
altamente cualificados tiene una dimensión similar en ambos países.
Desprovistos de muchos de sus mejores jóvenes y enfrentados a una deuda
impagable, ambos países están condenados al subdesarrollo durante
décadas. ¿Por qué entonces tanto ruido sobre el caso griego y tanto
silencio de las principales fuerzas políticas nacionales y de las
instituciones europeas sobre la preocupante realidad de la deuda
portuguesa?
Tras las elecciones llegarán las malas noticias. Pero incluso estas
serán estadísticas, es decir, abstractas, incapaces de romper el
silencio estructural del sufrimiento individual o familiar, aunque este
afecte a miles de individuos o familias.
Echemos un vistazo a este caso
reciente de una joven de clase media caída de manera abrupta en la
pobreza: madre de dos hijas menores, ambas a su cargo, parada sin
recibir ningún tipo de prestación por desempleo o cualquier otro ingreso
colateral. Solicita a la Seguridad Social (SS) la Renta Social de
Inserción (RSI). Solicitud denegada.
Razones: por un lado, con relación a
una de las hijas, como los abuelos constituyeron una cuenta en la Caixa
Geral de Depósitos, donde van depositando dinero que estará disponible
cuando la niña sea mayor de edad, esto se considera un rendimiento
disponible…, a pesar de que sólo estará disponible dentro de unos años.
Por otro lado, en relación con la otra hija, se considera que la pensión
por alimentación que recibe constituye un rendimiento de la madre…, a
pesar de que por ley la pensión esté consignada a los gastos específicos
de la hija.
Al igual que mucha gente corriente en su situación, esta madre no
entiende el comportamiento de la SS y cree que, además de injusto, es
ilógico. Sin embargo, por mayor que sea el desamparo en que se
encuentra, su voz se ahogará contra el muro burocrático, hostil y
persecutorio en que la SS se está convirtiendo.
Su caso siempre será un
caso individual y, por tanto, irrelevante, incluso aunque miles de casos
similares afecten a miles de ciudadanos. El Estado burocrático,
impersonal, no se deja impresionar por dramas personales, individuales.
En tiempos de imposición de la austeridad a los ciudadanos más
vulnerables, cualquier pretexto es bueno para abdicar de las
responsabilidades del Estado, por ilógico e injusto que sea.
El
silenciamiento estructural del ciudadano herido en sus derechos deriva
de la pertinencia del Estado para seguir proclamándose Estado de
bienestar cuando subrepticiamente se convierte en Estado antisocial." (Boaventura de Sousa Santos – Público.es , en Attac España, 31/08/2015)
No hay comentarios:
Publicar un comentario