"Tsipras
debe ahora poner en práctica una consolidación fiscal y un programa de
reformas que estaba destinado a fracasar. Las pequeñas empresas sin
liquidez, sin acceso a los mercados de capital, tienen ahora que pagar
anticipadamente los impuestos del año que viene sobre la base de una
proyección de sus beneficios para 2016.
Los hogares tendrán que
apoquinar escandalosos impuestos sobre la propiedad de los apartamentos
sin ocupar y de las tiendas, que ni siquiera pueden vender. El aumento
de la tasa del IVA hará que se dispare la evasión del IVA. Semana sí,
semana no, la Troika irá exigiendo medidas políticas más recesivas muy
antisociales: recortes de pensiones, prestaciones infantiles más
reducidas, más ejecuciones de hipotecas.
El plan del primer ministro para capear este temporal se fundamenta en
tres compromisos. En primer lugar, el acuerdo con la Troika es un asunto
por cerrar, lo que deja lugar para nuevas negociaciones de importantes
detalles; en segundo lugar, el alivio de la deuda llegará pronto; y
tercero, se afrontará la cuestión de los oligarcas griegos.
Los votantes
apoyaron a Tsipras porque parecía el candidato que con más probabilidad
podía realizar estas promesas. El problema es que su capacidad de
llevarlas a cabo se ve gravemente circunscrita por el acuerdo que ya
tiene firmado.
Su capacidad de negociación es desdeñable, dada la condición clara del
acuerdo de que el gobierno griego debe “acordar con la Troika todas las
acciones pertinentes para el logro de los objetivos del memorándum de
entendimiento” (nótese la ausencia de todo compromiso de acuerdo por
parte de la Troika con el gobierno griego).
Llegará el alivio de la deuda, pero no será terapéutico. El alivio de la
deuda resulta importante, en el sentido de que permita menos austeridad
(es decir, menos objetivos de superávit primario) para impulsar la
demanda y agitar los instintos animales de los inversores. Pero ya hay
acuerdo un sobre la severa austeridad (absurdos superávits primarios del
3,5% del PIB de 2018 en adelantes) que disuade a inversores sensatos.
La tercera promesa resulta clave para el éxito de Tsipras. Habiendo
aceptado un nuevo préstamo de los de ampliar y fingir que limita la
capacidad del gobierno de reducir la austeridad y cuidar de los más
débiles, la razón de ser que sobrevive en una administración de
izquierdas consiste en enfrentarse a los nocivos intereses creados. Sin
embargo, la Troika es la mejor amiga de los oligarcas, y viceversa.(...)
¿Tendrá
más éxito Tsipras a la hora de fingir un compromiso con otro fracasado
programa de la Troika? Las perspectivas no son luminosas, pero no
deberíamos descartarlo. Su suerte depende de que su nuevo gobierno siga
vinculado a las víctimas de su acuerdo con la Troika, aplique reformas
de verdad para dar cierta confianza a las empresas de buena voluntad
para que inviertan y utilice el recrudecimiento de la crisis para exigir
concesiones reales a Bruselas. Sería una hazaña.
Pero, al cabo la
victoria, por dulce que sea, no es la cuestión. La cuestión estriba en
marcar la diferencia.
El
contraste entre el recibimiento que se le brindó a millares de personas
en semanas recientes y los campos que construyó el gobierno de Samarás
explica por qué los progresistas decepcionados se inclinaron por volver a
Syriza en los colegios electorales.
En raros momentos de inexplicable optimismo, me gusta imaginar que la
gentileza hacia los desconocidos en apuros puede ser presagio de una
renovada campaña del gobierno griego contra la distópica visión de
Europa a ojos de la troika." (Yanis Varoufakis, Sin Permiso, en Jaque al neoliberalismo, 22/09/2015)
No hay comentarios:
Publicar un comentario