20.10.15

China se enfrenta a una difícil transición, desde un modelo de crecimiento basado en la exportación y las manufacturas, a otro en el que el consumo interno y los servicios tomen el relevo... pero se resfrió, y estornudamos

"(...) los problemas que se venían gestando en China salieron a la luz al hundirse la bolsa de Shanghái, que ha perdido casi la mitad de su valor. 

Esos problemas financieros no son más que la manifestación de problemas reales más profundos. Las tasas de crecimiento chinas con dos dígitos se han terminado. Las autoridades afirman que el crecimiento sigue siendo fuerte, del 7%. Nadie lo cree. La tasa verdadera es difícil de saber, debido a la escasa fiabilidad de las estadísticas chinas, lo que ha exacerbado los temores. 

Los analistas sitúan el crecimiento en, como mucho, el 5% (probablemente menos), basándose en la evolución de variables como el transporte de mercancías o el consumo de electricidad.

China se enfrenta a una difícil transición, desde un modelo de crecimiento basado en la exportación y las manufacturas, a otro en el que el consumo interno y los servicios tomen el relevo. La necesidad simultánea de otra transición, la política hacia la democracia, influye en la situación económica (y viceversa). El país cuenta para ello con cierto colchón de seguridad, pero no debería confiarse. 

El banco central chino posee una enorme cantidad de reservas exteriores. Sin embargo, pese a las restricciones legales a la salida de capitales, éstos salen de China en estampida. De ahí la dificultad de combatir el enfriamiento económico bajando los tipos de interés (aunque estén en niveles relativamente altos) o permitiendo la devaluación de la moneda. Tales medidas acelerarían la fuga de capitales. 

El mayor margen de actuación lo tiene la política fiscal, e incluso éste resulta engañoso, porque las administraciones locales acumulan importantes deudas como resultado de un mal diseñado plan de estímulo aplicado en 2009 y, si acaba siendo necesario nacionalizar bancos o grandes empresas para no dejarlos caer, la deuda estatal puede crecer rápidamente, como bien sabemos por experiencia en España.

Como China se ha convertido por tamaño, aunque no en términos cualitativos, en la primera economía mundial (produce el 17% del PIB global, frente al 16% de Estados Unidos) lo que allí sucede nos concierne a todos. Si China se resfría, la economía mundial tiene que estornudar. Eso es exactamente lo que está sucediendo. (...)"                (Alvaro Anchuelo, El Confidencial, 04/10/2015)

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