"(...) los problemas que se venían gestando en China salieron
a la luz al hundirse la bolsa de Shanghái, que ha perdido casi la mitad
de su valor.
Esos problemas financieros no son más que la
manifestación de problemas reales más profundos. Las tasas de
crecimiento chinas con dos dígitos se han terminado. Las autoridades
afirman que el crecimiento sigue siendo fuerte, del 7%. Nadie lo cree.
La tasa verdadera es difícil de saber, debido a la escasa fiabilidad de
las estadísticas chinas, lo que ha exacerbado los temores.
Los analistas
sitúan el crecimiento en, como mucho, el 5% (probablemente menos),
basándose en la evolución de variables como el transporte de mercancías o
el consumo de electricidad.
China se enfrenta a una difícil transición, desde un
modelo de crecimiento basado en la exportación y las manufacturas, a
otro en el que el consumo interno y los servicios tomen el relevo. La
necesidad simultánea de otra transición, la política hacia la
democracia, influye en la situación económica (y viceversa). El país
cuenta para ello con cierto colchón de seguridad, pero no debería
confiarse.
El banco central chino posee una enorme cantidad de reservas
exteriores. Sin embargo, pese a las restricciones legales a la salida de
capitales, éstos salen de China en estampida. De ahí la dificultad de
combatir el enfriamiento económico bajando los tipos de interés (aunque
estén en niveles relativamente altos) o permitiendo la devaluación de la
moneda. Tales medidas acelerarían la fuga de capitales.
El mayor margen
de actuación lo tiene la política fiscal, e incluso éste resulta
engañoso, porque las administraciones locales acumulan importantes
deudas como resultado de un mal diseñado plan de estímulo aplicado en
2009 y, si acaba siendo necesario nacionalizar bancos o grandes empresas
para no dejarlos caer, la deuda estatal puede crecer rápidamente, como
bien sabemos por experiencia en España.
Como China se ha convertido por tamaño, aunque no en
términos cualitativos, en la primera economía mundial (produce el 17%
del PIB global, frente al 16% de Estados Unidos) lo que allí sucede nos
concierne a todos. Si China se resfría, la economía mundial tiene que
estornudar. Eso es exactamente lo que está sucediendo. (...)" (Alvaro Anchuelo, El Confidencial, 04/10/2015)
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