"(...) Reducido crecimiento y tasas negativas de inflación siguen siendo las
piezas básicas de cualquier diagnóstico, el más reciente del FMI. Para
este año, considerado el de la recuperación del área monetaria, el
crecimiento del PIB no superará el 1,5% y será del 1,6% en 2016, una
décima menos de lo previsto en julio. En las más largas proyecciones de
esa institución, hasta 2020, la eurozona nunca superará esa última tasa y
las de desempleo se mantendrán en niveles históricamente elevados.
El crecimiento potencial seguirá siendo excepcionalmente bajo como
consecuencia de los daños generados por la crisis, fundamentalmente la
erosión de todas las formas de capital, pero también de una evolución
demográfica adversa y una pobre evolución de la productividad total de
los factores (PTF) que tampoco es precisamente un fenómeno nuevo.
(...) diversas investigaciones recientes, como la de Antonio Fatas y Lawrence
Summers (The Permanent Effects of Fiscal Consolidations), concluyendo
que los efectos de las consolidaciones fiscales disponen de impactos
adversos a largo plazo sobre el PIB, extendiendo el horizonte mucho más
de lo que lo hacía el análisis tradicional de los multiplicadores
fiscales.
Apoyan, en definitiva, las hipótesis de “consolidaciones
fiscales autodestructivas” que ya avanzaron el propio Summers y Bradford
de Long en un documento de la Brooking Institution en 2012 (Fiscal
Policy in a Depressed Economy) o las conclusiones del profesor de la
London School of Economics Paul de Grauwe, que califica esta de “crisis
autoinfligida”.
Los intentos por reducir la relación entre deuda pública
y PIB mediante políticas de austeridad a ultranza se han traducido en
elevaciones de ese ratio, tanto más explícitas cuanto más depresiva era
la situación de partida. Pero, además, han contribuido al debilitamiento
adicional de la demanda y a la correspondiente ampliación del outut
gap, alimentando las presiones deflacionistas en el conjunto del área. (...)
Esa es la principal razón, no tanto la sobreoferta de crudo, que
mantiene los precios del petróleo históricamente bajos, condicionando
unas expectativas de inflación a medio plazo que no favorecen el
alejamiento de los temores deflacionistas en la eurozona.
Las declaraciones del presidente del BCE tras la última reunión de su
consejo de gobierno son consecuentes con ese panorama. Se muestra
dispuesto a revisar el próximo 3 de diciembre (dos semanas antes de la
importante reunión de la Reserva Federal) la cantidad, composición y
duración de su programa de quantitative easing, más allá de septiembre
del próximo año. Y a reducir aún más los tipos de interés.
Desde el pasado marzo el BCE viene comprando 60.000 millones de euros al
mes en títulos de deuda pública fundamentalmente. Su compromiso era
mantenerlos hasta septiembre de 2016, pero aunque han facilitado la
recuperación, esta sigue siendo frágil, sin que la inflación inicie el
necesario repunte.
La tasa de variación de los precios sigue en
territorio negativo, igual que antes del inicio del programa de
estímulos, con las expectativas lejos de ese 2% que mantiene el banco
central como referencia de la estabilidad de precios. (...)
La escasa sensibilidad que muestra la inversión privada a la abundancia
de liquidez renueva la virtualidad de esos escenarios de “estancamiento
secular” comentados desde hace meses en estas páginas. Es la eurozona,
en mayor medida que la economía estadounidense que tomaron como
referencia los proponentes de esta hipótesis, de la mano del
exsecretario del tesoro Larry Summers, la que ahora centra la atención. (...)
No quedan más alternativas que adoptar políticas fiscales estimuladoras
con el fin de aumentar el crecimiento potencial. No hace falta violar
los principios de estabilidad presupuestaria asumidos en la UE.
Basta
con que se acelere la aplicación de iniciativas como el Plan Juncker,
tendentes a incrementar la inversión en el conjunto de la UE en destinos
posibilitadores de crecimientos de la productividad y del necesario
fortalecimiento de la cohesión interna en la región. (...)" (
Emilio Ontiveros , El País,
1 NOV 2015)
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