15.11.15

Impuestos más potentes y justos para crecer en bienestar

"Impuestos insuficientes…

(...) España es uno de los países de toda la zona euro que menos recauda con relación a su riqueza (32,5%). Concretamente el quinto por la cola, (solo por detrás de Rumanía, Lituania, Letonia y Eslovaquia).

 Y no recauda un poco menos, no; estamos hablando de 7,9 puntos porcentuales de PIB menos que la media del área (40,4%). Para ponerlo en perspectiva, 8 puntos de PIB suponen, en el caso español, 87.000 millones de euros. 

Con esa cantidad podríamos pagar en 2016 todas las pensiones contributivas de jubilación (83.500 millones). O las prestaciones por desempleo (19.800 millones), las pensiones de viudedad (21.000), las prestaciones por incapacidad temporal (5.400), el gasto en infraestructuras del Estado (6.000 millones) y, de propina, todos los intereses que genera la deuda pública (33.500 millones). 

Aunque lo cierto es que, si queremos que España se parezca a los países más avanzados y con más peso en la eurozona, deberíamos obtener incluso más ingresos. La diferencia con Alemania es de 6,6 puntos de PIB, con Italia de 11,5 puntos, y con Francia 12,5 puntos.

En coherencia con los datos de ingresos, España también es de los países de la zona euro que menos gasta (también el quinto que menos), un 43,6% del PIB, 5,5 puntos porcentuales menos que la media de la eurozona (49,1%). Y su nivel de gasto social, el que sustenta las políticas básicas del estado de bienestar, es también inferior en términos relativos en 4,5 puntos de PIB.

A la vista de los datos, es evidente que nuestro país no posee un problema de gasto público excesivo en el contexto europeo, ni un estado de bienestar sobredimensionado, a cuya financiación no se pueda hacer frente; nuestro problema es de recaudación, de insuficiencia de la misma, al menos si lo que se pretende es equipararnos a los estándares de gasto y prestaciones que fijan los países considerados más avanzados de la UE.

… y un reparto injusto de la carga tributaria

Además, el sistema tributario español tiene un problema importante de justicia, que se plasma en el grado de cumplimiento de lo que se llama equidad horizontal (que rentas iguales paguen lo mismo) y equidad vertical o progresividad (que se pague proporcionalmente más cuando la renta crece, posibilitando un cierto grado de redistribución de la renta).  (...)

Los ciudadanos perciben claramente estos desequilibrios. Según el CIS[2], en España el 88,9% de la población considera que los impuestos no se cobran con justicia, lo que resulta una circunstancia letal para un sistema que requiere de legitimación social para garantizar su funcionamiento eficiente. 

Otras opiniones refuerzan esta negativa percepción: el 95% creen que existe mucho o bastante fraude; el 38% considera que los impuestos son algo que el Estado nos obliga a pagar sin saber muy bien a cambio de qué; el 69% cree que pagamos muchos impuestos (lo que, como se ha explicado, no es cierto, al menos en términos colectivos y comparados en el contexto europeo); y el 67% cree que la sociedad se beneficia poco o nada de lo que pagamos en impuestos y cotizaciones.

Todo ello dibuja un escenario de desaprobación social de la política tributaria actual que debe preocupar mucho. (...)

Conviene subrayar, por otro lado, que el sistema fiscal español es equiparable en su estructura y figuras a la mayoría de los de su entorno. Por tanto, las causas de los desequilibrios mencionados hay que buscarlas en la concreción legal de esas figuras y en su utilización discrecional, con criterios políticos sesgados.

Tenemos unos impuestos llenos de exenciones, deducciones y desgravaciones, de agujeros que facilitan tanto la elusión fiscal (la reducción lícita de la factura tributaria aprovechando los resquicios legales de su normativa) como el fraude (la vulneración de la legislación, punible por tanto), mermando su recaudación potencial y quebrando la equidad más elemental. Además, esta maraña de particularidades normativas cubre de opacidad los resultados obtenidos, dificultando que los contribuyentes visualicen cuánto se paga efectivamente, cómo se hace y para qué sirve. (...)

En definitiva, los últimos retoques fiscales aprobados por el gobierno del PP consolidan niveles de gasto e ingresos muy por debajo de los que poseen los países con mayor grado de desarrollo y bienestar de la zona euro, y además agravan la situación de falta de equidad y justicia del sistema tributario.  (...)

Algunas líneas de actuación que pueden sustentar esa reforma tributaria que requiere España son:
  • En materia de fraude, instrumentar una política de lucha mucho más intensa y efectiva, lo que requiere más medios para la Agencia Tributaria, una redefinición de objetivos (centrándose en los grandes defraudadores), mayor dureza en las sanciones y una continua labor ejemplarizante y divulgativa, hasta hacer efectivo el principio de tolerancia cero con el fraude fiscal; y cerrar paralelamente las puertas a la elusión fiscal, simplificando los tributos y limpiándolos de casos particulares y de deducciones.
  • En el IRPF, elevar la aportación de las fuentes de renta distintas del trabajo, incorporando los rendimientos del capital a la tarifa general y eliminando la tributación objetiva empresarial, y mantener una estructura de tramos y tipos que garantice resultados verdaderamente progresivos.
  • En el Impuesto sobre Sociedades, limitar drásticamente las deducciones y garantizar un tipo efectivo mínimo, además de eliminar instrumentos que solo sirven para eludir el pago de impuestos, como las SICAV o las ETVE[7].
  • En el IVA, revisar la estructura de los bienes sujetos a cada tipo, primando la sujeción de los productos de primera necesidad al tipo superreducido.
  • Implementar una tributación sobre la riqueza relevante, que complemente la de la renta de las personas físicas.
  • Desarrollar la imposición sobre transacciones financieras y la imposición verde."         
(Alberto del Pozo Sen, Economistas frente a la crisis, 04/11/05, este artículo se publicó originalmente en el N. 74 de la revista Economía Exterior)

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