"Como saben ustedes desde este blog prevemos una reactivación y profunda
intensificación de la Gran Recesión, en lo que bautizamos como “La Segunda Fase de la Gran Recesión”. El ciclo secular de huida hacia adelante iniciado hace 30 años está a punto de terminar,
y con ello las políticas económicas neoconservadoras apoyadas en la
ortodoxia neoclásica.
Deuda, burbujas, caída de la productividad y
empobrecimiento de la inmensa mayoría de la población –factor trabajo-
son los rasgos que definen dicho ciclo secular. Pero en el trasfondo, la
ausencia presente de inversión productiva y el absoluto desprecio a la
industria como sector clave para mantener el bienestar de un país. (...)
De esta Segunda Fase de la Gran Recesión solo se saldrá con tres reformas concretas.
Primero, mediante el inicio de un proceso de reducción del tamaño del
sector bancario a costa de acreedores y gerencias. Es vital cortar las
alas a quien esparció la deuda improductiva por incentivos inadecuados.
Segundo, a través de una reestructuración del volumen de deuda total.
Tercero, vía inicio y fomento de una intensa fase de inversión productiva,
pero no por recortes salariales o menores costes financieros –las
políticas de oferta han fracasado-. La reestructuración de la deuda, la
demanda efectiva, la generación de flujos de caja, y los beneficios
retenidos deben guiar la reactivación del ciclo de inversión.
Es
necesario desempolvar los modelos de inversión de Kaldor, Kaldor y Pasinetti, reinterpretarlos y actualizarlos como han hecho los economistas postkeyenesianos Bernardo, Stockhammer y Martínez en A Post-Keynesian Theory for Tobin’s q in a Stock-Flow Consistent Framework. (...)
Los daños causados por el foco unívoco y exclusivo del gobierno corporativo hacia la maximización del valor de la acción son amplísimos y afectan a toda la sociedad. En primer lugar la disminución y las bajas tasas de inversión de las empresas. En segundo lugar la desigualdad creciente; y, finalmente, y relacionado con el punto anterior, una participación del factor trabajo sobre el PIB cada día más baja.
Si hay un ejemplo donde la ausencia de inversión productiva, más allá del sector de la automoción, y el estallido de la actual burbuja financiera será brutal,
ése es España. El crecimiento de nuestro país se basa en consumo
privado, consumo público, intentos de reactivar el ciclo inmobiliario y
no en nuevo modelo productivo.
En ausencia de rentas salariales, el
crecimiento se está financiando con más deuda, sin mejora alguna del
aparato productivo y de nuestra fuerza trabajo.
La vulnerabilidad de
unos pasivos tan elevados frente al exterior se pone de manifiesto al
ver que cada año España tiene que captar entre 250.000 y 300.000
millones en el exterior para refinanciar la deuda. Cuando aumente la
prima de riesgo, por el estallido de la actual burbuja financiera,
estaremos en un gravísimo aprieto.
España debería haber iniciado una fase de incremento y modernización
del aparato productivo. Las rentabilidades de las distintas industrias
patrias lo permiten. La inversión en un período genera el rendimiento
sobre la inversión contratada en períodos previos. Es decir, una
inversión con éxito en el período actual depende del comportamiento de
las inversiones futuras.
Esta dinámica genera un proceso de
auto-reforzamiento: un incremento en los gastos de inversión expande los
beneficios sobre los rendimientos previos, activando un mayor apetito
por el riesgo, y más inversión.
Por ello, ante la ausencia de inversión
privada, es fundamental introducir la política industrial
mediante la implementación de un programa nacional de inversión pública
en sectores futuros estratégicos y de impulso a la innovación que
ejerza un efecto “crowding in” o de arrastre a la inversión privada.
Y cualquier reforma fiscal encaminada a recaudar más impuestos, además de redistribuir, ante todo, debería canalizar estos recursos hacia la inversión productiva –olvídense por favor de la inmobiliaria–." (Juan Laborda, Vox Populi, 04/11/15)
No hay comentarios:
Publicar un comentario