13.11.15

Varoufakis: Con la legislación europea actual, se puede disponer de una palanca de inversiones... sería un «New Deal» para Europa, exactamente igual que en 1933

"(...) Ha afirmado usted recientemente que no era necesario renegociar los tratados europeos para democratizar Europa. Dice usted que sería una pérdida de tiempo. (...)

Es sencillo. Modificar un tratado es una absoluta pesadilla. Pasa por 28 parlamentos, referéndums…¡para eso nos harían falta treinta años! Ahora bien, fuego hay. Además, la tragedia es la siguiente. La eurocrisis ha hecho aumentar el odio entre los pueblos… Ahora es el todos contra todos. 

No es un buen contexto para deliberar juntos un nuevo tratado. Por lo tanto, seamos pragmáticos. Hay que estabilizar la economía de Europa. La zone euro es una catástrofe y crea situaciones insostenibles, sobre todo para Francia. 

La gran pregunta es, pues, la siguiente: ¿qué se puede hacer en el seno de las instituciones existentes? ¿Qué se puede hacer con el Banco Central Europeo (BCE), el Banco Europeo de Inversiones, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MES)?

 Pues bien, sin querer aburrirle con los detalles, pienso que se pueden hacer ya grandes cosas con lo que hay. Desde hace años trabajo con mis colegas, y tenemos en esto la aprobación de Michel Rocard, en lo que hemos llamado una «modesta proposición». Es posible, por ejemplo, utilizar los bancos centrales para reducir la deuda total de la eurozona en un 35% en el curso de los años por venir. 

Al mismo tiempo, se puede disponer de una palanca de inversiones, una nueva situación para Europa, con el Banco Europeo de Inversiones. Imagínese si este último, en lugar de adquirir obligaciones alemanas, emitiera obligaciones para invertir en Francia, en Alemania del Este, en Grecia, en Italia, en España, en la economía verde, por ejemplo. 

Habría entonces una infusión directa de buenas inversiones. Eso sería un «New Deal» para Europa, exactamente igual que en 1933. Y todo eso es rigurosamente legal.

Pero esta voluntad política, ¿dónde está? No se ve en absoluto en lo que respecta a las instituciones europeas…
 

Tiene usted razón. No es un problema técnico sino político. Un ejemplo más, sin embargo: cada año, usted lo sabe, hay centenares de miles de millones de euros que se acumulan en los bancos centrales en una cuenta denominada «Target2». Todo eso acaba en los bolsillos de países ya excedentarios como Alemania o los Países Bajos.

 En lugar de eso, imagínese si se creara un fondo antipobreza para Europa. Imagínese que una persona pobre de Alemania del Este, de Marsella o de Irlanda pudiera recibir un   cheque del BCE de 100 euros para comprar alimentos. ¡Imagínese el efecto unificador que tendría esto sobre Europa! Pues bien, eso se puede hacer dentro de esos tratados.

¿Cómo puede usted describir, por un lado, esta Europa idílica y, por el otro, asegurarnos, como ha hecho usted desde este verano, que el objetivo bélico, la meta misma de la Troika, más allá del caso griego, es venir a París para que los mercados financieros dicten directamente su ley a nuestro gobierno? ¿Cómo puede mantener estos dos discursos conjuntamente?
 

Describo la realidad que tenemos hoy en día y la que podríamos tener, eso es todo. Pero atención, la Troika ya no existe verdaderamente en tanto que tal. Teniendo en cuenta la sorprendente debilidad de la Comisión, increíblemente humillada, y el hecho de que el  FMI no quiere mezclarse en eso, no queda a fin de cuentas más que el Dr. Schäuble [ministro alemán de Economía]. Estoy totalmente en desacuerdo con él, pero por lo menos tiene visión; los demás no la tienen. 

El ha comprendido que no es duradera la zona euro tal como está. Su plan es, por tanto, una zona euro restringida, más disciplinada, y su gran problema en este asunto es Francia. No se trata de venir a instalarse así por las buenas a París, se trata de actuar de manera que el presidente del Eurogroupo se convierta en un policía fiscal que tenga constantemente el derecho de regular el presupuesto nacional de Francia. 

Ese es el plan. Y si quiere usted comprender la dureza con la que se ha tratado a nuestro gobierno, es eso lo que tiene que entender.

Este deseo de intimidar a Francia, sobre el que intentó usted alertar muy pronto,  ¿qué es lo que le permite sostener concretamente tal cosa? ¿Qué es lo que le hace pensar que ese el plan de Schäuble: conjeturas, discusiones?
 

¿Quiere usted los datos?

Desde luego que sí…

Escuche, va a tener usted que creer en mi palabra. En uno o dos  años, tendré hecho un libro y revelaré mis fuentes, pero no es el momento de ello. Mire a su alrededor, ¿no es lo que ve usted? Hace tres semanas estaba sentado junto a Emmanuel Macron en el Forum Ambrosetti, en el lago de Como. Y el mismo habló allí en público de estas cosas.  

Macron dijo que detrás del relato alemán de la competencia se está creando una divergencia insuperable. Dijo que la insistencia alemana en el tema de la disciplina fiscal estaba desembocando en algo calvinista. ¡No soy yo el que lo ha dicho, es él!

Se muestra usted siempre muy cuidadoso de no señalar específicamente el papel de Alemania en la crisis europea actual. Se le reprocha mucho a Jean-Luc Mélenchon que lo haya hecho…

En efecto. Creer que hay un «tipo» psicólogico alemán es el principio del racismo. No estoy del todo de acuerdo con Mélenchon en este punto y así se lo dije en la Fiesta de  L’Humanité. Hay que parar esto. Sobre todo, es un pensamiento débil, porque la zona euro no la construyó un gobierno alemán sino una coalición de élites francesas, alemanas, griegas y todas son igualmente responsables de su desastrosa  arquitectura. 

De hecho, las élites francesas son incluso culpables por partida doble. Históricamente, hubo ciertamente una tentativa francesa de rodear, de ahogar a Alemania con una divisa común y Alemania se defendió que si era así, iban a controlar su [de ustedes] presupuesto.

 ¿Por qué querían una moneda única las élites francesas? Necesitaban el Deutsche Mark para mantener los salarios en su sitio, nada más. ¡Tienen por encima al mercado y tuvieron la audacia de imaginarse que iban a llegar a controlar el Bundesbank! Pero los alemanes les esperaban a la vuelta de la esquina y les humillaron y siguen humillándolos desde hace veinte años.

Sin llegar a achacar a los alemanes de hoy una «voluntad de poder», un verdadero deseo de hegemonía, algunos economistas franceses de la izquierda consideran, sin embargo, que la relación de los alemanes con su moneda es una relación todavía traumática  a causa de la inflación de los años 30, y que tienen una relación con la ortodoxia monetaria y, por tanto, con el euro, un poco enfermiza, digamos que obsesiva. Este análisis histórico no atañe a la xenofobia…

Sí, pero es falso. ¿Conoce usted a Jean-Claude Trichet, el peor banquero central que haya pisado alguna vez la Tierra? Pues bien, él dice exactamente lo mismo que los alemanes, como si fuera la sabiduría suprema. Ahora bien, es francés.

Hay servidores que se apasionan por la causa del amo…

¡Pero Trichet es más que un lacayo, mucho más! Encarna el estado de espíritu de todo el establishment francés de los años 80 y 90. La malsana relación de los alemanes con la moneda, eso existe, es verdad. Pero la mayor parte de la gente tiene una relación malsana con el dinero en general, que tiene algo de corruptor para la inteligencia humana. Por otro lado, se ha exagerado mucho la historia de la hiperinflación alemana de los años 30.

 La austeridad es lo que llevó a los nazis al poder, no la hiperinflación. Esta última había sido derrotada por la república de Weimar antes de que el canciller Brüning impusiera una austeridad masiva y que explotara el paro, favoreciendo la ascensión de Hitler. Lo que hacen hoy los alemanes no entra en una lógica de hegemonía, se lo aseguro. El gobierno alemán es simplemente autoritario. No es lo mismo.

Retomo una de sus formulaciones recientes, pues resulta muy distintiva: «Una vez que se acepta una unión monetaria, no se puede volver atrás deshaciendo el mismo camino a la inversa. Ese camino ya no existe, ha desaparecido». ¿Qué es lo que resulta a sus ojos tan inconcebible en la idea de una salida del euro? ¿Cómo un soberanista como usted, dado que se describe así, puede aceptar una irreversibilidad de esta naturaleza?

Le voy a responder de un modo muy directo. Si se hubiera querido salir del euro con Tsipras, habría hecho falta volver a crear el dracma para poder devaluar. Y eso habría sido un suicidio puro y simple. 

Exactamente lo mismo que anunciar una devaluación con un año de adelanto, pues volver a crear una nueva moneda es algo que necesita un año. Imagínese a Jacques Delors, cuando era ministro de Economía, anunciando: «Mis queridos conciudadanos, veréis, en un año se va a a devaluar el franco entre un 30% y un 40%.» 

Todo el mundo se habría llevado su dinero y Francia habría estado jodida. Las devaluaciones sólo funcionan cuando se imponen en menos de 24 horas. Por eso hablo de irreversibilidad.

Dicho esto, si yo hubiera sido Tsipras y me hubieran dicho: «O firmas o te echo del euro», yo habría respondido: «Vale, venga, échame». Sé exactamente lo que eso habría costado, pero lo habría hecho igualmente y por dos razones. 

En primer lugar, ¡porque no lo habrían hecho! En realidad, ¡no deseaban que Grecia saliera del euro! 

En segundo lugar, porque aunque lo hubieran hecho, habrían sido ellos los malditos, no nosotros.  La paradoja es que para detener la fragmentación del euro, tendríamos que haber empezado por dejar de temerla. (...)"              (Entrevista a Yanis Varoufakis , Declaraciones recogidas por Aude Lancelin para el semanario parisino L´Obs (antiguo Nouvel Observateur) , Sin Permiso, 28/10/2015)

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