"Martin Wolf, el periodista económico keynesiano en un artículo en la edición británica del Financial Times, ha llamado la atención sobre un documento
elaborado por dos economistas de la Reserva Federal de Estados Unidos,
Joseph Gruber y Steven Kamin, que muestra la brecha cada vez mayor entre
el ahorro de las empresas (o sus beneficios) y la inversión empresarial
en la mayoría de las principales economías. (...)
A Martin Wolf y otros keynesianos les ha gustado esta idea porque sugiere que el problema de la economía mundial es un exceso de ahorro, que provoca una "falta de demanda". Este es argumento del último libro de Wolf .
En
su libro, Wolf concluye que la causa de la Gran Recesión "fue un exceso
de ahorro (o más bien de escasez de inversión); desequilibrios
mundiales; aumento de la desigualdad y crecimiento débil del consumo que
le acompaña; bajas tasas de interés real en activos seguros; búsqueda
de rentabilidad; y el diseño de activos financieros teóricamente
seguros, pero de relativo alto rendimiento".
Y sin embargo, no fue
la caída del consumo o el aumento del ahorro lo que provocó la Gran
Recesión, sino la caída de la inversión (como incluso Wolf reconoce en
parte en la cita). La inversión es de lejos la parte más importante de
la dinámica de una economía capitalista. Como dice Wolf:
"Las empresas
generan una enorme parte de la inversión. En las seis grandes economías
de ingresos más altos (Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino
Unido e Italia), las empresas aportaron entre la mitad y poco más de dos
tercios de la inversión bruta en el año 2013 (el porcentaje más bajo en
Italia y el más alto en Japón)".
Así que ¿es un "exceso de ahorro" lo que provocó la brecha entre ahorro e inversión de las empresas? (...)
Podemos ver que se ha producido una caída en la inversión en relación
con el PIB en las principales economías, con la excepción de Japón,
donde ha sido plana en general.
Así que la conclusión es clara: no
ha habido un exceso de ahorro (o beneficios) en general de las
empresas, sino escasez de inversión. No ha habido demasiados beneficios,
sino muy poca inversión. El sector capitalista ha reducido su inversión
en relación con el PIB desde finales de 1990 y en particular después de
la final de la Gran Recesión
. Y cuando se lee de cerca el documento de
la Fed citado por Wolf, esa es también la conclusión. Gruber y Kamin
demuestran que las tasas de inversión de las empresas "han caído por debajo de los niveles que hubieran predicho los modelos estimados en los años anteriores".
Joseph
Gruber y Steven Kamin concluyen su papel con un rompecabezas: "¿qué
está causando esta escasez de oportunidades de inversión, y cuáles son
sus implicaciones para la inversión y el crecimiento futuro?" Wolf cita
varias explicaciones de la débil inversión empresarial: el envejecimiento de las sociedades,
que ha frenado el potencial crecimiento; la globalización, que ha
alentado la reubicación de las inversiones de los países de altos
ingresos; la innovación tecnológica, que reduce la necesidad de capital;
o unos directivos, que no son recompensado por invertir sino por
mantener el precio de las acciones.
Muchas de estas causas han
sido identificadas antes y las he analizado en otras notas. Pero es
interesante que, después de citar el papel de la Reserva Federal, Wolf
no mencione las conclusiones de los autores de la Fed sobre la causa de
la debilidad de la inversión en los últimos 15 años.
Cito: "Interpretamos
estos resultados como una sugerencia de que la inversión en las
principales economías avanzadas de hecho se ha debilitado en relación
con lo que las tendencias determinantes sugieren, pero este proceso se
inició mucho antes de la propia GCF (Gran Crisis Financiera).
Por
último, nos encontramos con que la contrapartida de la disminución de
los recursos destinados a la inversión han sido aumentos de los pagos a
los inversores en forma de dividendos y recompras de acciones (a menudo
en mayor medida de lo previsto por los modelos estimados a partir de
períodos anteriores), y, en menor medida, una mayor acumulación neta de
activos financieros.
La importancia de los pagos a los inversionistas
sugiere que el aumento de la aversión al riesgo y de la demanda,
motivada por la precaución, de reservas financieras no han sido la razón
principal de que las empresas hayan reducido la inversión. Por el
contrario, nuestros resultados son consistentes con aquellos puntos de
vista que, por toda una serie de razones, defienden que se ha producido
una disminución de lo que las empresas consideran oportunidades de
inversión rentables disponibles".
Así que la causa de la
debilidad de la inversión en activos productivos y el giro hacia la
recompra de acciones, el pago de dividendos y el atesoramiento de dinero
en efectivo se debió principalmente a la percepción de una falta de
rentabilidad de las inversiones en activos productivos. Esto confirma
las conclusiones de otros estudios que he citado en notas anteriores que cuestionan el argumento falaz de que las empresas están 'inundadas de dinero en efectivo".
Creo
que ya tenemos una respuesta a la pregunta de por qué escasean las
'oportunidades de inversión rentables'. La rentabilidad global en las
principales economías capitalistas alcanzó su punto máximo a finales de
1990 y no ha recuperado ese nivel desde entonces. He abordado este tema
en un artículo reciente sobre la tasa de ganancia mundial (“Revisiting a World Rate of Profit”, junio 2015).
Este gráfico, basado en la obra de Esteban Maito que cito en ese papel,
muestra como la rentabilidad global alcanzó su punto máximo en la
década de 1990 y no se ha recuperado despúes.
Como resultado, las empresas han utilizado sus "ahorros" no para
invertir en activos productivos como fábricas, equipos o nuevas
tecnologías que hubieran podido impulsar el crecimiento de la
productividad (que se ha reducido al mínimo), sino para pagar más
dividendos a los accionistas, subir los salarios de los altos ejecutivos
y recomprar acciones para aumentar su valor en bolsa.
Y las
multinacionales han hecho gran parte de esto endeudándose con créditos
con tasas cercanas a cero, al mismo tiempo que desviaban dinero en
efectivo a los paraísos fiscales para evitar pagar impuestos.
En
mi opinión, todo ello confirma la ley de la tendencia decreciente de la
tasa de ganancias de Marx como explicación de la debilidad de la
inversión en las principales economías capitalistas desde 1998.
La ley
de Marx sugiere que cualquier caída de la tasa de ganancia debe ir
acompañada de un aumento de la composición orgánica del capital (la
relación entre el valor de los bienes de capital y los salarios de la
fuerza de trabajo) más rápido que cualquier crecimiento de la tasa de
plusvalía (el beneficio extraído de la fuerza de trabajo).
En mi
reciente papel antes citado, se demuestra como en el actual período de
"depresión" desde el año 2000, la composición orgánica del capital
creció un 41%, muy por encima de la subida de la tasa de plusvalía del
7%. Así que la tasa de beneficio ha caído un 20%. Las 'oportunidades de
inversión rentables' se han reducido.
Ben Bernanke y sus discípulos nos han dicho, y Martin Wolf se ha hecho eco, que los problema actuales de 'estancamiento secular'
son causado por un "exceso de ahorro mundial" en los países con
superávit e incluso en los países del G-7. En otras palabras, que hay
demasiado plusvalia (valor) para 'absorber'.
Pero esto es una falacia.
No hay un "exceso de ahorro", sino una "falta de inversión". Al caer la
rentabilidad, la inversión disminuyó y el crecimiento tuvo que ser
impulsado por una expansión del capital ficticio (crédito o deuda) para
mantener el consumo, que a su vez alimento la especulación financiera e
inmobiliaria improductiva.
La razón de la Gran Recesión y la posterior
débil recuperación no ha sido una falta de consumo (el consumo como
porcentaje del PIB en los EE.UU. se ha mantenido cerca del 70%), sino un
colapso de la inversión." (Michael Roberts
, Sin Permiso, 21/11/2015)


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