"La Comisión Europea (CE) —el brazo burocrático de la UE— ha irrumpido en
la campaña del 20-D. Lo ha hecho buscando marcar los objetivos y la
estrategia de la política económica del futuro Gobierno.
Su oportunidad
es discutible. Pero, en todo caso, tendrá daños colaterales. Uno de
ellos será intensificar el sentimiento antieuropeísta de los sectores
más afectados por la crisis y la austeridad. (...)
En las democracias representativas esa legitimidad reside en los
parlamentarios elegidos directamente por los ciudadanos. La Comisión
Europea no tiene esa legitimidad. De ahí que muchos ciudadanos afectadas
por sus decisiones puedan ver la interferencia de la CE como un
conflicto entre la UE y el Estado. O dicho de otra forma, entre más
tecnocracia y menos democracia. (...)
Veamos ahora los argumentos para que el nuevo Gobierno reduzca más y
más rápido el déficit público. Esa prioridad está basada en la idea de
que la austeridad practicada hasta ahora no ha sido suficiente. Esta
idea no tiene buenos fundamentos económicos. Por dos motivos. Primero,
porque ni el déficit nominal ni el déficit estructural o ajustado al
ciclo económico son buenos indicadores para medir la austeridad.
Esos
dos indicadores no sólo dependen de lo que hagan los gobiernos, sino
también de la situación de la economía. Segundo, porque como demuestra
el estudio de varios economistas del FMI (J. Escobar, L. Jaramillo, C.
Mulas y G. Terrier, 2014) en el que analizan las políticas de austeridad
llevadas a cabo en los países ricos desde 1945, la austeridad
implementada en España es muy superior a la pauta histórica de
consolidación fiscal.
Se pondrá discutir si el esfuerzo reformista ha
sido suficiente, pero de lo que no hay duda es que la austeridad ha sido
excesiva y ha perjudicado al crecimiento y a la cohesión social.
Hay
otra cuestión intrigante. ¿Por qué la Comisión ha decidido eximir a
Francia de cumplir del objetivo del déficit después de los atentados de
París? ¿Por qué la seguridad nacional es un bien público superior a la
cohesión nacional? No hay una respuesta fácil. (...)" (
Antón Costas , El País,
13 DIC 2015)
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