"El comienzo de año no está siendo precisamente optimista desde el punto
de vista económico ni geopolítico. No sólo por la evolución de las
bolsas de valores mundiales, que también, sino por la reducción de las
expectativas de crecimiento a nivel global para los próximos meses.
A la
vista de tal reducción, alguien podría pensar que lo mejor de la
incierta y pequeña recuperación de los últimos meses ha pasado por
delante de nuestras narices y no nos hemos enterado de ello.
El Banco Mundial acaba de decir que el año en curso será un poco mejor
que 2015, pero que las posibilidades de crecimiento son menores que hace
seis meses. Dentro de unos días será el Fondo Monetario Internacional
(FMI) quien haga públicas sus previsiones, pero su directora gerente,
Christine Lagarde (que tiene que renovar su cargo durante este
ejercicio) ya ha avanzado que espera que 2016 sea “decepcionante”.
Esta
es una coyuntura muy especial: al revés que en otros momentos difíciles
de la historia, en los que siempre había una excepción geográfica (EE
UU, Europa, Japón,...) al pesimismo generalizado, ahora no se
manifiestan dosis de optimismo en ningún lugar ni en casi ningún sector
de la población (agentes económicos y sociales, gobiernos, medios de
comunicación, centros de pensamiento, etcétera). (...)
Los historiadores económicos han destacado que las coyunturas cambian
cuando se tienen buenas instituciones (en estos momentos el factor de
incertidumbre geopolítico es muy grande) o cuando un invento transforma
la realidad.
Veremos lo que da de sí esta cuarta revolución industrial.
Mientras tanto, la sensación generalizada es la misma que expresa el
título de un excelente libro de reciente aparición (Christos Ikonomu,
Valparaíso ediciones), sobre la crisis de Grecia: Algo va a pasar, ya lo
verás." (
Joaquín Estefanía
10 ENE 2016)
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