"(...) Desde estas líneas mantenemos que en realidad la crisis sistémica que se
generó en 2008, y de la cual nunca hemos salido, estaría entrando en
una nueva fase de profundización de la misma.
Los datos económicos y
financieros muestran una parálisis del ciclo de inversiones productivas
privadas; la contracción del comercio mundial; la inefectividad de la
política monetaria global, incapaz de generar rentas, mientras activa
burbujas de activos de riesgo por doquier; la vulnerabilidad de los
balances bancarios; y la pérdida del poder adquisitivo de los salarios
de los trabajadores. Ese es el escenario de fondo. Pero volvamos a los
orígenes.
Las élites económicas y políticas, tras una larga secuencia de
raquíticos crecimientos económicos, diseñaron, a mediados de los 90, una
huida hacia adelante a través de una política monetaria excesivamente expansiva que conllevó procesos de endeudamiento y la activación de distintas burbujas financieras a cual más grande.
Primero la tecnológica, después la inmobiliaria, ahora la de los balances de los Bancos Centrales.
Además de sostener una expansión artificial de la demanda, que sortea
en realidad la caída de la tasa de ganancia del capital, permiten, sobre
todo, la financiación de un gigantesco proceso de acumulación y
adquisición de riquezas por todo el globo a favor de las grandes
multinacionales y capitales.
Sin embargo, la desigual distribución de la
renta, junto a los límites físicos y energéticos del planeta, abortaron
y abortarán cualquier intento de fuga hacia delante vía burbujas, que
incluso las mismas elites tecnócratas financieras valoran
peyorativamente: “las burbujas financieras, no son sino una vía para
sortear artificialmente los limites que la desequilibrada distribución
de la riqueza en el mundo”, decía Strauss-Kahn allá por 2010.
En realidad, la huida hacia adelante emprendida por la superclase presenta dos fases bien diferenciadas. En la primera, se compensó el vaciamiento de la economía,
los bajos salarios y el aumento del subempleo, a través del crédito y
la deuda, que se convirtieron en la solución para estimular la demanda y
la tasa de retorno del capital.
Mientras duró, los beneficios
empresariales se multiplicaron, a la vez que se deprimían los salarios.
Una vez que el colateral que alimentaba esa deuda estalla, entramos en
una recesión de balances privados iniciándose la actual crisis
sistémica.
En la segunda fase o huida hacia adelante, en plena
crisis sistémica, se subsidió, financió y rescató a terceros (bancos y
acreedores) mediante una expansión de la deuda soberana, a la
vez que se promocionaba la austeridad fiscal y la devaluación salarial
en aras de la competitividad, aderezado todo con una política monetaria
tremendamente injusta. Sin embargo ello no se ha traducido ni se
traducirá en nueva inversión productiva. (...)" (Juan Laborda, Vox Populi, 25/11/15)
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