"(...) un informe sobre los efectos de la denominada Cuarta Revolución
Industrial.
Tras la automatización de la industria en el siglo XVIII
(considerada Industria 1.0), la división del trabajo y la producción en
cadena de principios del siglo XX (Industria 2.0), y la revolución
tecnológica de finales del siglo XX (Industria 3.0), ahora estamos
hablando de la digitalización de los sistemas de producción que
impactará enormemente en las empresas y en la manera en la que la
economía afecta a las personas, la sociedad y los países.
El documento de Davos analiza las transformaciones que la economía
mundial y el mercado de trabajo padecerán en el próximo lustro. Entre
sus advertencias se afirma que, a causa de la automatización, se
perderán el mundo unos siete millones de empleos “de oficina”.
El
estudio predice el desarrollo en las áreas de inteligencia artificial,
robótica, nanotecnología e impresión 3D. Esta transformación provocará
que algunos empleos sean superfluos e innecesarios, pero al mismo tiempo
abrirá la oportunidad a otra gran gama de empleos.
Los economistas que firman el estudio advierten que esta pérdida se
compensará con la creación de otros dos millones de nuevos empleos en
las áreas de computación, ingeniería, arquitectura y matemática. La
entidad basa su análisis en decenas de entrevistas a directores de
recursos humanos de una quincena de países que cuentan con el 65% del
mercado laboral mundial.
No obstante, la diferencia entre creación de nuevos empleos y destrucción de oficios obsoletos se salda con una destrucción neta de empleo. Caminamos, pues, hacia el modelo que se ha descrito como sociedad 20-80.
En la que bastará el trabajo del 20% de la población activa para
hacerla funcionar.
Esa minoría de trabajadores cualificados será
suficiente para asegurar el control de las máquinas y procesos
productivos. El 80% restante de la población sólo tendrá acceso a
empleos de bajísima cualificación, serviles en su mayoría, o se verá
condenada al desempleo estructural.
Es obvio que hay que definir otro modelo de reparto de la riqueza
generada gracias al imparable avance tecnológico. Sin necesidad de ser
profeta, simplemente observador de la realidad, en este blog ya hemos
comentado que las cúpulas dirigentes del mundo son perfectamente
conscientes de la colosal avería sufrida por el artefacto convencional
del empleo.
Y son conscientes también de que, tarde o temprano, tendrán
que establecerse sistemas de rentas mínimas extensibles a sectores mucho
más amplios que los contemplados por las actuales rentas de indigencia. (...)" (Cive Pérez, Attac España; 26/01/16)
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