"La pobre “recuperación” de la economía que hemos visto en 2015 es en
realidad un espejismo. Está basada en un truco de magia: la “aparición”
de dinero que se han sacado de la chistera los Bancos Centrales.
También
las entidades financieras privadas de todo el mundo han convertido las
enormes deudas que mantienen las posibilidades de gasto de familias,
empresas e instituciones, en dinero multiplicado hasta el paroxismo
mediante la prestidigitación especulativa. Este es pues un dinero
ficticio en una economía de magia.
Pero es una magia envenenada, pues aboca en breve a estallidos financieros sin precedentes. (...)
las corporaciones no-financieras norteamericanas enfrentaron en 2015
una deuda de 7.7 billones de dólares. Durante los primeros once meses
del año 2015 unas cien compañías globales entraron en bancarrota de las
cuales 62 fueron norteamericanas.
Pero ahora que el problema de
la solvencia es peor que en 2008, la FED ha subido la tasa de interés en
diciembre y tiene planeado ir alzándola más para mantener contraída la
liquidez.
Un aumento en la tasa de interés, por bajo que sea, afectará
la capacidad de pago de la pirámide invertida de crédito existente (y de
los derivados), pues la economía real, ya en recesión, no genera
plusvalía suficiente como para poder soportar pagar tasas de interés en
aumento. La deuda existente se tornará impagable y empezará un nuevo
reguero de impagos y quiebras, que se extenderá desde las empresas hasta
las familias pasando por las instituciones.
En cambio, si la Reserva
Federal no aumenta la tasa de interés o incluso la baja, perderá aún más
credibilidad y la fuga de dólares de EE.UU. se agravará, haciendo menos
creíble la economía mundial (dejando al descubierto el conjunto de
trucos en los que se ha venido basando desde al menos los años 80 del
siglo pasado).
La Reserva Federal se encuentra, por tanto, en la
situación imposible de no poder subir ni bajar las tasas de interés en
2016. En esas circunstancias la economía queda bloqueada.
Los
principales Bancos Centrales del mundo se están deshaciendo de sus
dólares en deuda estadounidense. Ya hay 27 mercados bursátiles en el
mundo que han perdido más del 10% desde su máximo alcanzado ese mismo
año.
Cuando el dólar ya no da confianza la tendencia es a
refugiarse en el oro y la plata. Por tanto, a que el precio de estos
metales suba por las nubes. Sin embargo, en 2015 su precio más bien
bajó.
Las Grandes Corporaciones financieras han podido reducirlo
mediante contratos de entrega de oro a futuro (oro en papel), muy por
encima del oro físico existente. Tarde o temprano la promesa de entrega
de oro físico no se va poder cumplir y esto probablemente va a hacerse
realidad en 2016, año de vencimiento de esa entrega.
Cuando
clientes como China, India o Rusia reclamen sus toneladas de oro físico,
no sólo se podrá disparar el precio del oro y de los metales preciosos,
sino implicar al mismo tiempo una caída libre del precio del dólar.
En
cambio una salida bélica o incluso el simple clima bélico contra
acreedores como ésos puede evitar tener que pagarles. Una economía
paralizada camino de entrar en quiebra sistémica, hace que los agentes
de poder en juego se tornen muy peligrosos. La salida bélica adquiere
cada vez posibilidades más reales.
Si aumenta la desesperación, ¿podemos
esperar en 2016 una operación de bandera falsa sin parangón con las que
hemos visto hasta ahora (Nueva York, Londres, Madrid, París...)?
Por otro lado, el hecho de que primero Japón y ahora la UE estén
inventándose dinero sin respaldo alguno en la economía real (eso que
ellos llaman elegantemente “flexibilización cuantitativa”), tiene como
consecuencia que sus respectivas monedas se deprecien en favor del
dólar.
Ese dinero no va destinado a salvar empresas o familias europeas,
sino a adquirir bonos del tesoro estadounidense para mantener
artificialmente el precio del dólar y su papel como moneda de reserva de
valor, unidad contable e intercambio internacional.
Al
apreciarse el dólar, el petróleo y los principales recursos energéticos y
minerales se deprecian. El precio de las principales commodities se
situaba al final del año 2015 en su nivel más bajo de los últimos 16
años. El zinc, el hierro y el níquel, por ejemplo, perdieron más de un
tercio de su valor en el último año.
Con esta política de subir y
bajar la moneda internacional de cambio, las Grandes Corporaciones
financieras tienen el poder de subir o bajar las mercancías físicas en
general, golpeando a discreción a los países exportadores de las mismas,
que para colmo han de pagar los cómodos créditos del pasado en dólares
más caros de hoy.
El principal objetivo en estos momentos es debilitar
la economía rusa, pero de paso también a otros BRICS y a ciertos países
cercanos a ellos, como Irán, Ecuador o Venezuela.(...)" (Wim Dierckxsens y Andrés Piqueras , Rebelión, 30/12/15)
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