"(...) El agua barata
abunda, pero el caballo se niega a beber. Ante la falta de señales
inflacionarias y un crecimiento aún tibio y frágil, muchos pronostican
desde un ritmo crónicamente lento hasta una nueva recesión global.
Pero las autoridades tiene una opción más: adoptar una política fiscal
“más pura”, financiando directamente el gasto público con emisiones
adicionales de dinero, el llamado “salvamento desde el helicóptero”. Los
fondos se saltarían los sectores financieros y corporativos para ir
directamente a los caballos más sedientos: los consumidores de ingresos
medios y bajos.
El dinero podría llegar a ellos sin intermediarios, y
también mediante inversiones en infraestructuras que mejoren la
productividad y creen empleos. Al dar poder de compra a quienes más lo
necesitan, la financiación monetaria directa del gasto público también
ayudaría a mejorar la capacidad de inclusión de las economías en las
que la desigualdad aumenta rápidamente.
En la actualidad,
economistas tanto de izquierda como de centro proponen esta política. En
cierto sentido, incluso algunos “conservadores” (aquellos que apoyan
más gastos de infraestructura, pero también desean reducir impuestos y
se oponen a un mayor endeudamiento) la apoyan de facto.
Últimamente han surgido propuestas más radicales que reflejan una
sensación de urgencia y desilusión generalizada con la actual política
monetaria. Más allá de manifestar su apoyo a un aumento de los salarios
mínimos, algunos llaman a adoptar “políticas de ingreso inverso”.
O lo que es lo mismo, que los gobiernos impongan aumentos salariales
generalizados a todos los empleadores privados, medida que estimularía
los precios y eliminaría las expectativas deflacionarias. El hecho de
que haya economistas cuyos puntos de vista nada tienen que ver con la
izquierda que estén incluso planteándose un intervencionismo de este
tipo muestra lo extremo de las circunstancias.
En cierta forma soy partidario de todas estas propuestas. Obviamente,
los detalles de su puesta en marcha tendrían que variar dependiendo de
las circunstancias de cada país.
(...) hay otra dimensión del desafío que
hasta ahora no se ha recalcado lo suficiente, a pesar de las
advertencias de Carney, Roach y otros. Cuando se vuelven
cuasi-permanentes, las tasas de interés reales cero o negativas socavan
la asignación eficiente del capital y crean condiciones que
facilitan burbujas, colapsos y crisis.
También contribuyen a una mayor
concentración del ingreso en los niveles más altos, afectando a los
pequeños ahorradores y creando oportunidades para que los grandes
actores financieros se beneficien del acceso a ahorros a coste real
negativo. Por poco ortodoxo que pueda sonar, es probable que a la
economía mundial le convenga tener tasas de interés ligeramente mayores. (...)
Es evidente que la ortodoxia económica y las medidas independientes no han funcionado. Es momento de que las autoridades reconozcan que una cooperación innovadora e internacional en torno a las políticas no es un lujo: a veces (como hoy en día) es una necesidad. (...)" (Kemal Dervis , eldiario.es, 05/03/2016)
No hay comentarios:
Publicar un comentario