"(...) No podemos aquí repasar con detenimiento las actuaciones del Gobierno
Rajoy que han afectado a las condiciones de vida y de trabajo de los
españoles. Ahora bien, muchos especialistas coinciden en destacar que el
nuestro es el país europeo donde estos últimos cuatro años se ha
producido el mayor incremento de la desigualdad económica.
Con la excusa
de la crisis, el Gobierno Rajoy ha impulsado un conjunto de medidas que
han empobrecido a las clases medias, llevado a la marginalidad a una
parte de las populares –Cáritas asiste al triple de gente que hace
cuatro años– al mismo tiempo que ha sido incapaz de abrir ningún camino
para las nuevas generaciones: hoy España tiene el récord europeo de paro
juvenil, el de desahuciados y el de ciudadanos estafados por productos
financieros contaminados.
La relación de políticas públicas polémicas e impuestas sin ningún
consenso político es bien larga: una reforma laboral que ha precarizado
contratos y favorecido despidos sin incentivar la creación de puestos de
trabajo; la fiscalización política de los ayuntamientos; la liquidación
de las ayudas a las energías renovables; la recuperación de los planes
hidrológicos; la casi desaparición de la política de asistencia a la
dependencia; el estrangulamiento económico y tendencia a la
privatización del sistema sanitario; la reforma de la enseñanza con la
oposición de la mayoría de docentes y de partidos, etcétera. (...)
Lo que me ha decidido a escribir este balance es el nivel al que ha
llegado la corrupción dentro del PP y la actitud pasiva del mismo Rajoy.
Hoy centenares de militantes de este partido están implicados en casos
de corrupción –Bárcenas, Gürtel, Matas, Fabra, Caja Madrid, Nóos, Rato,
Púnica, Acuamed, Los Alcázares, Palma Arena, diputaciones y
ayuntamientos del País Valenciano, Comunidad de Madrid, etcétera–, hecho
que da a entender que ha habido un auténtico saqueo de las
administraciones públicas tolerado por el Gobierno.
La persecución de la
corrupción ha sido posible merced a la actitud realmente independiente
de muchos jueces que se han resistido, y se resisten, a las presiones
del Ejecutivo. La reciente reforma exprés del TC es una nueva muestra de
la voluntad intervencionista de Rajoy y su gobierno sobre el poder
judicial. El descrédito de los políticos y de los partidos, y la baja
calidad del sistema democrático se han acentuado notablemente durante
los últimos años.
Rajoy ha actuado de esta forma tan prepotente porque consideró que
había que aprovechar que tenía la mayoría absoluta en las Cortes para
proceder a una rectificación de las políticas hechas en España desde
1977 e imponer una interpretación restrictiva de la Constitución de
1978. (...)
Su gobierno no ha pactado prácticamente ninguna ley, ni ha buscado
apoyo parlamentario para sus proyectos y, encima, ha tratado a los
grupos de la oposición con desdén.
De hecho, ha intentado llevar a cabo
la segunda transición, tan predicada por Aznar, la que tenía que
enmendar los “excesos autonomistas e izquierdistas” de la primera.
La herencia que deja Rajoy es bien pesada: un partido, el PP,
desacreditado y que habrá que refundar; un sistema político, el
bipartidista, herido de muerte; una Constitución, la de 1978, agotada;
la calidad democrática bajo mínimos; y unos ciudadanos más desiguales,
más frustrados y más insatisfechos.
Si la española fuera una democracia
responsable ya haría tiempo que Mariano Rajoy habría dimitido por su
implicación en el caso Bárcenas y por no condenar ni detener la
corrupción que infecta a su partido.
Realmente, la involución que han
significado sus cuatro años de mandato es superior a la del último
gobierno de Aznar. No tengo ninguna duda de que el Gobierno Rajoy pasará
a la historia de los retrocesos políticos, y mira que ha habido en la
historia española." (La Vanguardia | Borja de Riquer, en Revista de prensa, 25/02/16)
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