"Que la economía mundial está varada en una fase de estancamiento es un
diagnóstico que el Fondo Monetario Internacional (FMI) señala al menos
desde finales de 2014.
El crecimiento es débil, la corrección del
desempleo se hace a cámara lenta —todo ello a pesar del hundimiento del
precio del crudo— y las economías emergentes están metidas de lleno en
una recesión que el Fondo, benévolamente, intenta suavizar fiando la
recuperación al futuro. (...)
Si los informes del FMI deben leerse entre líneas, el mensaje del
último (reunión de primavera en Washington) es de franca alarma. Las
economías zonales —el euro es un buen ejemplo— no reaccionan a pesar de
la sobreexposición a estímulos monetarios y los países con capacidad de
decisión (Alemania en el euro) se niegan a aceptar que es necesario
poner en marcha políticas que incentiven la inversión (el FMI ya ha
anunciado la conveniencia de multiplicar la inversión en
infraestructuras). Con la política monetaria no basta.
La política económica global está en un momento crítico; con la
expansión monetaria cerca de sus límites, cualquier crisis parcial,
aunque pasajera, puede provocar otra convulsión financiera y empujar
hacia atrás los escasos avances en la reactivación de la economía desde
2014.
Y España es un espejo de la desaceleración global. Crece a tasas más
que respetables (3,2% en 2015, 2,6% anunciado por el FMI para 2016),
pero decrecientes, sin creación de empleo estable en cantidades
suficientes y sin grandes mejoras de productividad. Para España y para
la economía global las políticas que urgen son las mismas: más inversión
y más incentivos a la demanda." (El País, 13/04/16)
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