15.4.16

La “lepenización de las mentalidades”... por el eterno fascismo europeo

"(...) -En uno de sus recientes artículos usted ha hablado de la “lepenización de las mentalidades”. ¿Cómo analiza este proceso y su impacto en la sociedad? ¿Quiénes son los principales beneficiarios de una tendencia a la banalización de este extremo del tablero político? 

-La Lepenización de los espíritus es el proceso de difusión a un tablero político muy amplio de palabras, lógicas de razonamiento, temas, etc., que antes eran propias de la extrema derecha. 

Los temas de la identidad nacional, que sería amenazada por nuestros conciudadanos musulmanes, la de la invasión por los refugiados, la de una incompatibilidad entre el Islam y la “República”, la de la seguridad, etc., antes eran propias de la extrema derecha y ahora se han vuelto temas casi consensuales.

Uno de los umbrales críticos esenciales de la “lepenización de las mentalidades” se encuentra en la frase de Laurent Fabius en 1984, diciendo que “Le Pen plantea buenas preguntas pero da malas respuestas”.

 Un razonamiento como ése oculta que la aceptación de una pregunta o de una manera de hacer una pregunta conlleva inevitablemente y lógicamente el tipo de respuesta.

La consecuencia previsible que ya habiamos constatado en 1984 es la puesta en marcha de un proceso de derechización de la sociedad, del cual hoy vemos los resultados en las urnas. 

Una segunda consecuencia es la legitimización de la tesis de la existencia de un “enemigo del interior”, que lo constituirían nuestros conciudadanos musulmanes y/o de origen inmigrante, reales o supuestos. La “lepenización de las mentalidades” separa nuestra sociedad entre un “Nosotros” amenazado y un “Ellos” amenazantes, es decir nos hace entrar en el núcleo del pensamiento político de la extrema derecha.

Este proceso tiene una base material. Se trata de desviar las furias sociales que pueden suscitar las políticas liberales actuales produciendo “debates-pantalla”, proponiendo falsos blancos, enmascarando las verdaderas cuestiones. 

Esta desviación responde a necesidades de corto plazo (Hacer aprobar una nueva medida, evitar un movimiento social contra la guerra o contra una nueva medida de austeridad, etc) pero tiene efectos de largo plazo sobre la sociedad, consolidando esta falsa frontera entre un “Nosotros” y un “Ellos”. De esta manera se dividie a quienes deberían estar unidos y se une a quienes deberían estar divididos. 

-En su libro “Las discriminaciones racistas: un arma de discriminación masiva” usted se muestra crítico frente al concepto de “diversidad”, desmenuzando los aspectos superficiales de ese modelo multiculturalista que celebra el aislamiento. Parecería que una parte de estas críticas hayan sido asumidas por el gobierno francés, cuando fue pronunciada la palabra apartheid. ¿Ve usted una evolución en el tratamiento político de los barrios populares? 
La diversidad sirve de distracción, mientras que oculta la verdadera cuestión que es la igualdad. Representa la apertura de un sistema desigualitario para algunos (algunas mujeres, algunas personas salidas de la inmigración, algunos inmigrantes) para de ese modo seguir reproduciéndolo mejor para todos los demás. La imagen adecuada al concepto de diversidad es la de la foto de familia.

 Tomamos una foto poniendo en evidencia la presencia de negros, árabes, mujeres, hombres, etc., sin precisar el número y el lugar de estas diferentes categorías. Una imagen así es bastante diferente de la que corresponde a la noción de igualdad, que corresponderia a la de un organigrama que permita localizar el lugar de cada categoría social en el conjunto social.

Otra ventaja del discurso de promoción de la diversidad es de culpar de su fracaso a la mayoría, dando a entenderle que es de su propia responsabilidad, ya que ciertas minorías tienen éxito. Eso está lejos de ser nuevo. En el pasado se destacaba a los obreros que se volvían jefes de empresa para defender el capitalismo, o algunos indígenas “evolucionados” para defender la colonización.

El hecho de haber pronunciado la expresión “apartheid social” no ha cambiado en nada la situación. No fue seguido de ningún efecto concreto ni de ninguna política atacando las causas de la desigualdad. Para ello hubiese sido necesario llevar a cabo una política ofensiva de lucha contra las discriminaciones racistas, que son masivas y sistémicas. 

-De hecho, históricamente la sociedad francesa está compuesta de una mezcla de culturas. ¿Cuáles son entonces las etapas a superar en el reconocimiento y la participación real de las poblaciones - con sus identidades múltiples - en el seno de una misma sociedad? ¿Cuáles son los principales obstáculos? 
-Conviene en primer lugar romper con todos los enfoques esencialistas de la cultura y de la nación. Las naciones y su cultura no son realidades inmóviles, cuya identidad seguiria igual a lo largo de la historia. 

Lo cierto es que pueden evolucionar en función de los cambios de contexto y en función de la composición de sus poblaciones. Hay que dejar de confundir la unidad política de una nación y la unicidad cultural. La igualdad de derechos y de deberes no tiene nada que ver con la homogeneidad cultural.

Una segunda etapa es combatir las discriminaciones sistémicas masivas que asignan categorías de ciudadanos a puestos sociales marcados por la desigualdad. Son estas discriminaciones las que fragilizan nuestras sociedades y no su composición plural. Por ultimo, estos elementos no son disociables de las políticas extranjeras de los estados europeos.

 No podemos diabolizar otras culturas o religiones para justificar guerras, y al mismo tiempo evitar que esa diabolización no afecte aquí a quienes se presenta como originarios de esas culturas o esas religiones. (...)"             (Entrevista al sociólogo Saïd Bouamama,Alex Anfruns , Investig’Action, en Rebelión, 18/03/16)

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