5.5.16

Debemos aprovechar la crisis que se avecina para reformar el sistema financiero occidental insolvente, y reestructurar la deuda de familias y empresas

"(...) Se nos abre a la ciudadanía, (...), una nueva ventana de oportunidad. El objetivo debe de ser claro y contundente, barrer el capitalismo neoconservador dominante, en fase agónica, profundamente depredador, tanto en términos sociales como económicos y medioambientales

 Debemos aprovechar la crisis que se avecina para aplicar todo un conjunto de medidas que además de no dejar a nadie en la cuneta, sea compatible con el respeto al medio ambiente. El lema debería ser “creciendo juntos”.

Obviamente ello requiere acabar con el Totalitarismo Invertido en el que estamos inmersos. Hoy más que nunca es necesaria la "movilización cívica" que acabe con los fuegos de artificio y la profunda apatía actual. Hemos de echar a la calle democráticamente a todos aquellos que se empeñan en reconstituir el sistema existente con el objetivo de favorecer de manera permanente a la clase dominante, los más ricos, los intereses corporativos. 

Es vital, en este sentido, poner fin al ritmo intenso ritmo de trabajo y horarios prolongados, que combinados con la inseguridad laboral son la fórmula para la desmovilización política, para privatizar la ciudadanía.

Pero en primer lugar empecemos por corregir los desmanes del sector que nos ha llevado hasta aquí, el sistema financiero; y acabemos de una vez por todas con el oscurantismo que mueve a los distintos lobbies a fijar con los políticos de turno, al margen de la ciudadanía, tratados de libre comercio distópicos

Hay que poner fin a los procesos de financiarización, privatización de servicios públicos, y abaratamiento masivo del factor trabajo.

La nueva arquitectura financiera debe pasar ineludiblemente por reducir el tamaño de los bancos y restaurar la ley Glass-Steagall, que separa la banca comercial y la de inversión, añadiendo a ello una más efectiva supervisión de las instituciones financieras bajo la tutela pública. 

Es necesario, además, una reestructuración del sistema financiero occidental insolvente a costa de gerencia, accionistas y acreedores, que además conlleve una reestructuración de la deuda familias y empresas. Se debe prohibir a las instituciones financieras especular en derivados de ciertas materias primas, energía y productos básicos agrícolas. 

Finalmente es necesaria la creación de un nuevo sistema monetario internacional basado en una cesta de monedas de las principales economías del mundo.

Nuevos principios para el comercio.

La expansión monetaria, la devaluación interna, y el crecimiento de la deuda soberana ilegítima permitieron a las élites recuperar la caída de la tasa de ganancia del capital y, sobre todo, seguir financiación un gigantesco proceso de acumulación y adquisición de riquezas por todo el globo, en favor de las grandes multinacionales y de la “superclase”. 

Hasta ahora. La desigual distribución de la renta, la sobrevaloración de los distintos activos financieros e inmobiliarios, junto a los límites físicos y energéticos del planeta, han abortado el nuevo intento de fuga hacia delante. Por eso ya tienen preparado nuevas formas de mantener las tasas de ganancias.

 Y es aquí donde entra en juego el Tratado de Comercio Transatlántico. Entre otras cosas presupone, a través de la información aportada en documentos secretos que han salido a la luz, y que hemos ido conociendo los últimos meses, nuevas privatizaciones y liberalizaciones de servicios públicos -educación, sanidad, agua, energía, transporte…- para que los mismos que nos han arruinado continúen a lo suyo. Por eso debemos decir no

 Para hacer frente a la creciente desconfianza de los ciudadanos en relación con los acuerdos comerciales, hay que garantizar la transparencia de negociaciones y la participación de las sociedades civiles interesadas en este campo. (...)"                     (Juan Laborda, Vox Populi, 16/04/16)

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