"La
larga crisis brasileña, que algunos dicen que ha empezado con las
manifestaciones callejeras de junio de 2013, otros que recién concluidas
las elecciones de 2016, gana contornos definidos, conforme desemboca en
un golpe blanco. No se puede decir que todo ha sido meticulosa y
fríamente calculado, pero es cierto que han terminado siendo piedras de
la arquitectura de una estrategia golpista con el objetivo, a como sea,
con quien sea, de sacar al PT del gobierno. (...)
Hubo quienes se han dejado llevar por los medios brasileños y creyeron que el tema central de la crisis era un tema de corrupción del PT. Cuando la crisis se ha profundizado y los medios internacionales mandaron sus corresponsales, todos, unánimemente, se dieron cuenta de que los corruptos están del otro lado, son exactamente los golpistas.
Que no nay ninguna prueba concreta en contra de Dilma o de Lula, mientras los dirigentes del golpe y más de 200 parlamentarios que lo han votado son reos de procesos de corrupción en el Supremo Tribunal Federal.
Total, la larga y profunda crisis brasileña es la estrategia de la derecha para recuperar el gobierno y desde ahí atacar los avances de los últimos casi 13 años en Brasil. Atacar la destinación constitucional de recursos a la educación y la salud, atacar los derechos de los trabajadores, atacar los patrimonios públicos, imponer un durísimo ajuste fiscal, desatar la represión en contra de los movimientos populares, establecer una política internacional de subordinación a los intereses de Estados Unidos; ese es el objetivo del golpe blanco que se fue gestando a lo largo de los últimos años en Brasil. (...)
La izquierda en su conjunto y todos los movimientos sociales lo han comprendido muy bien, se han unido en defensa de la democracia, en contra del golpe, a sabiendas de que lo que viene, como en Argentina, es una venganza en contra del pueblo y de sus derechos. (...)
El juego no ha terminado; al contrario, se ha profundizado, los enfrentamientos de clase han quedado mucho más visibles, Brasil ya no será el mismo despueés de esta crisis. La derecha ya no se disfrazará de civilizada, de democrática, de reformista, para aparecer como es: neoliberal, corrupta, golpista. (El gobierno de Temer, por primera vez, desde la dictadura, tendrá sólo hombres, blancos, desde luego, adultos, reaccionarios y corruptos.)
Mientras, la izquierda está comprometida con volver al gobierno para desatar los nudos que han bloqueado sus gobiernos y han llevado al golpe, principalmente la democratización de los medios, el quiebre de la hegemonía del capital especulativo, la reforma del sistema electoral, entre tantas otras reformas. Esa disputa es la que caracteriza al nuevo periodo político abierto hoy en Brasil. " (Emil Sader, La Jornada, en Jaque al neoliberalismo, 13/05/16)
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