"Las cosas cada día están más claras. Da igual que hablemos de Banco de España, de la Reserva Federal o del Banco Central Europeo. Da igual que hable Rajoy, Cameron, Merkel, Hollande u Obama.
Sus decisiones, declaraciones o recomendaciones conforme pasa el tiempo
se perciben como profundamente temerarias, erráticas, inconsistentes.
En realidad no tienen ni idea de lo que pasará mañana. Están
experimentando con gaseosa. Pero en todas ellas hay un elemento común,
se defienden determinados intereses de clase, tanto económicos como
políticos. Y, lo más grave, ya no son creíbles.
Esta semana, por ejemplo, hemos conocido los datos de empleo de España y Estados Unidos. Nos venden como éxitos registros profundamente mediocres.
Las tasas de participación laboral a ambos lados se hunden a niveles
desconocidos.
El número de trabajadores que abandonan la fuerza de
trabajo debido a la falta de expectativas no para de subir, aquí y allá.
La inmensa mayoría de los empleos generados lo son a tiempo parcial. En
ambos países se genera empleo estacional y precario, predominando la
contratación de camareros sobre los trabajadores industriales.
Aquí y
allá, el porcentaje de hombres de 25 a 54 años que no trabajan se
encuentra en su punto más alto. El ingreso familiar promedio y los
salarios siguen estancados. Y así un largo etcétera. Quien trabaja, en
definitiva, ya no tiene garantizado que saldrá de la pobreza. Por eso,
un porcentaje creciente de mayores de 65 años se ven y verán obligados a
trabajar. (...)
En esto radica la falta de credibilidad. Desean mantener las cosas como están, porque, al menos para ellos y sus amigos, los tiempos son buenos.
Sin embargo, la triste verdad es que sus conceptos y autoengaños son
antiquísimos, inherentes a la misma evolución de la humanidad. La gente
está harta. Pero el establishment teme lo desconocido, necesitan controlar la agenda.
La
economía está en clara recesión para la familia media española. Por el
contrario, los mercados de acciones, bonos y bienes raíces continúan
sobrevalorados. Un accidente en cualquiera o en todos estos mercados
podría desatar el caos. (...)
Como decía el humorista estadounidense Will Rogers en
plena depresión económica: “Creían que el agua goteaba hacia abajo. Pero
lo que no sabían era que el dinero en realidad gotea hacia arriba.
Darle el dinero a la gente de renta más baja porque de todos modos la
gente más rica lo tendrá antes de que acabe la noche. Pero al menos
habrá pasado por las manos de un pobre compañero”. (Juan Laborda, Vox Populi, 04/06/16)
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